Hotel Burj al Arab y el horizonte de la ciudad de Dubái al fondo
Tiempo de ‘chapa y pintura’ para los iconos del lujo hotelero de Dubái
El Burj Al Arab cierra durante 18 meses y el Armani Hotel Dubai, dentro del Burj Khalifa, también se renueva. Los grandes símbolos del emirato pasan por el taller en una de las escenas hoteleras más competitivas del mundo
Los hoteles de los dos edificios más reconocibles de Dubái han colgado, casi al mismo tiempo, el cartel de cierre temporal. El Burj Al Arab, la vela blanca con la que el emirato quiso provocar su propio efecto Guggenheim y acabó consiguiendo la postal de lujo más reconocible de Oriente Medio, afronta por primera vez un cierre completo. Durante 18 meses, el hotel entrará en la mayor renovación de sus 25 años de vida.
Durante 18 meses, el icónico hotel Burj Al Arab entrará en la mayor renovación de sus 25 años de vida
Por su parte, el Armani Hotel Dubai, instalado dentro del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo y el otro gran símbolo vertical de la ciudad emiratí, también ha cerrado para acometer su primera renovación integral, con previsión de reapertura a finales de 2026 o, más probablemente, a comienzos de 2027. No son dos cierres menores. Son los hoteles de los dos edificios que explican mejor que ningún folleto turístico cómo Dubái logró construirse una imagen global en tiempo récord: primero con una silueta frente al mar inspirada en sus antiguas embarcaciones, después con una torre capaz de tocar el cielo y resumir la ambición de la ciudad y su poderío.
Lujo más contemporáneo
Hotel Burj al Arab, autodenominado como el primer 'siete estrellas' del mundo
En el caso del emblemático Burj Al Arab, el paso por boxes tendrá al frente al aclamado arquitecto de interiores francés Tristan Auer, responsable de trabajos como la renovación del Hôtel de Crillon de París. El reto no será borrar el carácter del hotel, sino actualizarlo: llevarlo hacia un lujo más contemporáneo, depurado y artesanal sin renunciar del todo al oro, el mármol, los cristales y la teatralidad que forman parte de su identidad. La intervención incluirá también la integración de domótica de última generación en las suites y mejoras de eficiencia energética en su célebre fachada textil, otro de los elementos más reconocibles del edificio.
Decisiones de largo recorrido
Habitación del Armani Hotel Dubai.
La coincidencia de las renovaciones no responde a una sola causa. Los cierres del Burj Al Arab y del Armani Hotel Dubai responden a decisiones de largo recorrido, difíciles de improvisar en hoteles de ese tamaño y con ese nivel de ocupación. Pero también llegan en un momento tan oportuno como delicado para la región, en el que las tensiones con Irán han afectado al turismo, al tráfico aéreo y a la confianza de algunos viajeros en Oriente Medio.
Las tensiones con Irán han afectado al turismo, al tráfico aéreo y marítimo y a la confianza de algunos viajeros en Oriente Medio
Aunque la conectividad empieza a normalizarse, las previsiones para la zona son más prudentes que para otras regiones. Gloria Guevara, presidenta del WTTC, señaló la pasada semana en Madrid que Oriente Medio será una de las excepciones en el crecimiento mundial del turismo condicionadas por el actual contexto geopolítico. A ello se suma la decisión de varias grandes navieras de retirar sus programas del Golfo Pérsico para el invierno 2026-2027 y recolocar barcos en destinos como Canarias, Madeira o el Caribe.
Coyuntura especial
Hotel Atlantis en la isla Palm Jumeirah
En ese escenario, acometer ahora grandes reformas tiene una lógica que recuerda a lo ocurrido durante el Covid en diferentes puntos del mundo: muchos hoteles aprovecharon la caída de la demanda para hacer obras difíciles de realizar en plena ocupación. No significa que las reformas nazcan de la coyuntura, pero sí que la coyuntura puede hacer menos costoso cerrar durante meses algunos de los activos más visibles del destino.
El Burj Al Arab fue presentado durante años como el primer hotel de «siete estrellas» del mundo, aunque esa categoría no existe oficialmente
Pero la lectura de fondo tiene más que ver con un cambio de ciclo. En Dubái, los grandes hoteles icónicos no pueden permitirse dejar de serlo. El Burj Al Arab fue presentado durante años como el primer hotel de «siete estrellas» del mundo, aunque esa categoría no existe oficialmente. La exageración funcionó porque resumía muy bien la ambición de una época. Pero han pasado 25 años. Lo que en 1999 parecía futurista envejece muy deprisa en una ciudad que ha convertido la novedad en uno de sus grandes ganchos. Cuando el Burj Al Arab abrió sobre su isla artificial en Jumeirah Beach, no existía en el emirato una escena de ultralujo comparable a la actual. Hoy, en cambio, la competencia no llega solo desde Maldivas, Singapur o las grandes capitales europeas, sino desde la propia ciudad.
Más que hoteles espectaculares
Hotel Jumeirah Marsa Al Arab
En los últimos años, Dubái ha vivido una segunda ola hotelera espectacular. The Lana, de Dorchester Collection, ha llevado a la marca británica junto al Dubai Canal. Atlantis The Royal ha elevado todavía más la ambición escenográfica de Palm Jumeirah. One&Only One Za’abeel ha convertido la arquitectura vertical en una experiencia de resort urbano. Mandarin Oriental ha reforzado su presencia en la ciudad con un segundo hotel. Y, sobre todo, Jumeirah Marsa Al Arab, el nuevo hotel del propio grupo Jumeirah junto al Burj Al Arab, se ha convertido en una de las aperturas más relevantes del destino. La nueva estrella de Jumeirah permite además retener dentro del grupo a parte de la clientela habitual del Burj Al Arab durante el cierre temporal de la icónica vela.
Espectacular piscina del One&Only One Za'abeel
A esa lista se sumará en el futuro Aman Dubai, también en la costa de Jumeirah, con un código de lujo que en principio parecía casi opuesto al exceso dubaití: silencio, jardines, playa, privacidad y una idea mucho más depurada de la exclusividad. Su llegada confirma que Dubái ya no compite solo por impresionar, sino también por atraer a un viajero que busca discreción, bienestar y una sofisticación menos evidente.
La escena hotelera de Dubái es una de las más dinámicas del mundo y allí los hoteles cumplen una función social que va mucho más allá del alojamiento
Con independencia de la actual coyuntura geopolítica, la escena hotelera de Dubái es una de las más dinámicas del mundo por varias razones: por la velocidad de sus aperturas, por la concentración de marcas internacionales, por la competencia entre playa, ciudad, desierto y rascacielos, y porque allí los hoteles cumplen una función social que va mucho más allá del alojamiento. En una ciudad con una altísima población expatriada y temperaturas extremas durante buena parte del año, los hoteles funcionan como restaurantes, clubes sociales, terrazas, espacios de ocio y lugares de encuentro. En Dubái se va al hotel a dormir, pero también a cerrar negocios, pasar el día en una piscina, cenar con amigos o participar en uno de esos brunches de fin de semana que se han convertido en un ritual, tanto para locales como para turistas o residentes internacionales.
Gastronomía española de altura
Restaurante Jara by Martín Berasategui en el hotel The Lana
Esa función explica también la importancia de la gastronomía. Muchos de los mejores restaurantes de Dubái están dentro de hoteles, y la llegada de la Guía Michelin aceleró la carrera por atraer chefs internacionales. El Bulgari Resort Dubai es un buen ejemplo, con Il Ristorante, de Niko Romito, reconocido con dos estrellas Michelin, y Hōseki, su pequeño japonés de omakase, con una estrella. En esa carrera, los chefs españoles han encontrado un escaparate fértil: Martín Berasategui está en The Lana con Jara; Dabiz Muñoz llevó StreetXO a One&Only One Za’abeel, y Dani García ha situado en The Palm Jumeirah conceptos como Leña y Smoked Room.
Martín Berasategui está en The Lana con Jara; Dabiz Muñoz llevó StreetXO a One&Only One Za’abeel, y Dani García ha situado en The Palm Jumeirah conceptos como Leña y Smoked Room
Un último elemento a tener en cuenta en este nuevo panorama hotelero es el juego regulado. No en Dubái, al menos por el momento, sino en el emirato vecino de Ras Al Khaimah, donde Wynn Al Marjan Island, previsto para 2027, será el primer gran resort del país con licencia de juego comercial. La novedad ha alimentado especulaciones sobre si Dubái acabará siguiendo ese camino, pero por ahora no hay ninguna confirmación oficial que vincule las reformas del Burj Khalifa o del Armani Hotel Dubai con un futuro casino. Quién sabe si algún día la ciudad que quiso tener el hotel más reconocible, la torre más alta y el ‘skyline’ más fotografiado acabará incorporando también máquinas tragaperras al estilo de los icónicos Caesars Palace de Las Vegas o Marina Bay Sands en Singapur.