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Fernando Paz, durante la entrevistaJosema Visiers

Fernando Paz, historiador:

«La expropiación de la patria potestad está en el núcleo del pensamiento progresista»

El historiador Fernando Paz denuncia el intento del globalismo por construir un nuevo modelo de sociedad, desde el «progresismo ideológico y el capitalismo trasnacional», y que tiene en su punto de mira «la destrucción de la familia y de la paternidad»

Fernando Paz, historiador, escritor, profesor y divulgador es una de las voces más críticas contra los intentos de imponer un nuevo orden mundial que subvierta los principios sobre los que se ha construido la civilización occidental. Una maniobra, afirma, cada vez más indisimulada y que tiene en la destrucción de la familia, la expropiación de la patria potestad y la lucha contra la paternidad tres de sus ejes centrales, sobre los que gravitan numerosas de las políticas transnacionales. Unas medidas, afirma en esta entrevista publicada por la ACdP en su revista gratuita La Antorcha, que hoy están ampliamente subvencionadas e implantadas.

–¿Estamos en un momento de la historia en el que hay un intento global para impedir que las personas formen una familia y tengamos hijos? ¿O es una percepción esquizofrénica?

–No, no, en absoluto es esquizofrénico. Es la constatación de un hecho objetivo que está sucediendo en todo Occidente. Porque a la hora de tratar estos asuntos debemos precisar que muchas de las cosas que creemos universales, están sucediendo sólo en nuestro rincón del mundo, aunque es evidentemente importante y amplio. Tampoco es un fenómeno sólo de España, aunque sí es cierto que España es la vanguardia de este movimiento que, en definitiva, tiene su asiento en la revolución antropológica que estamos viviendo.

–¿Y qué es lo que se busca con todo este movimiento, con esta revolución antropológica?

–Esencialmente, destruir la base sobre la que se ha construido la civilización occidental. Ese es el objetivo, eso es lo que se busca.

–¿Por qué?

–Porque el paradigma ideológico en el que estamos es la posmodernidad. Hoy estamos en el globalismo, en el nuevo orden mundial, y eso asienta sus cimientos en una ideología determinada, que viene a denominarse progresista pero que, en esencia, es la heredera de la filosofía de la sospecha de finales del siglo XIX y comienzos del XX, que podemos concretar en Marx, Freud y Nietzsche.

Esa filosofía viene a decirnos que toda la civilización occidental es una especie de constructo fallido y artificial, que no tiene bases verdaderamente biológicas y naturales, y que, como tal constructo, se puede moldear a voluntad. Más aún, que debemos moldearlo a voluntad, porque las bases de la civilización occidental son la causa de que esta sea un inmenso error. ¿Y cuál es el núcleo duro, el núcleo central, el núcleo básico de la civilización occidental?

Quienes defienden la revolución antropológica consideran la familia como el núcleo de una civilización equivocada

–Usted dirá…

La familia. Nos lo explica Engels en su célebre obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado: la familia, tal y como la conocemos, no es más que una adaptación, dentro de una fase determinada de la historia, de las relaciones humanas. Y para que cambiemos esas relaciones, tenemos que cambiar la familia, con toda la carga antropológica que tiene: monogamia, el papel del varón, la visión del hombre en supremacía sobre la mujer... Quienes defienden hoy esa revolución antropológica e histórica consideran la familia como el núcleo de una civilización equivocada.

–¿Y por qué en España estamos en la punta de lanza de este movimiento?

–Porque en España se ha producido un inmenso vacío ideológico y social, que ha sido ocupado por las ideologías destiladas de estas ideas progresistas. Han ocupado el espacio central en la sociedad, porque incluso ha habido una rendición preventiva de quien estaba llamado a ocupar ese espacio, o por lo menos a contender en la pelea por el dominio del espacio social. Y, lógicamente, ante la deserción, que no ante la derrota (lo cual es en realidad mucho peor) de quien estaba llamado a dar esa batalla, el terreno de juego ha sido ocupado, prácticamente sin dificultad, por aquellos que sostienen este tipo de ideas.

–Ese cambio de paradigma antropológico, puramente materialista, ¿es lo que ha provocado que se hayan encontrado como aliados el ala izquierda, marxista, nihilista, y el ala derecha, liberal, capitalista?

–Exactamente. De hecho, en lo que estamos es en la imposición de un paradigma materialista, del que forman la cara y la cruz el progresismo ideológico, y la imposición de un nuevo orden mundial basado en el capitalismo transnacional. Por eso se complementan a las mil maravillas. De hecho, no es casualidad que una gran parte de los neoliberales más característicos de finales del siglo XX y comienzos del XXI procedan del marxismo. Y que las fuerzas liberales sean las que más han abanderado posicionamientos políticos como, por ejemplo, los vientres de alquiler. Porque cuando todo es mercancía, literalmente todo es mercancía, también el cuerpo humano.

Es mucho más dañino, y eficaz para los fines del globalismo, el acceso que existe hoy a la pornografía, o la adicción a las redes sociales, que leerte 'El capital'

–Así que el mal estaba a los dos lados del muro…

–Al final son formulaciones no tan diferentes de la concepción materialista del mundo, del hombre y de la existencia. Y la izquierda las ha asumido porque ha entendido que el mejor camino para la imposición del materialismo radical no son las propuestas de tipo colectivista, sino las apelaciones al hiper individualismo, al egoísmo de cada cual. Es mucho más dañino y eficaz para sus fines el acceso que existe hoy a la pornografía, o la adicción a las redes sociales, que leerte El capital o tener que coordinar acciones colectivistas.

–Aplicado a la incisión contra la familia y contra la paternidad, ¿con qué estrategias se está desarrollando a nivel global?

–La imposición del nuevo orden mundial y de su relleno ideológico, el globalismo, con todas las políticas de género, etcétera, persigue una finalidad determinada. Pero sus características en ocasiones son muy heterogéneas. Es decir, que hay muchos globalismos: ecológico, transhumanista, de género, económico… Sin embargo, todos presentan un mismo vínculo, que es el neomaltusianismo.

–¿Podría explicarlo mejor?

–El neomaltusianismo es una doctrina absolutamente falsa, errónea desde todos los puntos de vista (y quienes la sostienen, por supuesto, son plenamente conscientes de ello), pero que funcionalmente cumple para poder alcanzar su propósito último, que es la destrucción de la civilización occidental, cuyo núcleo es la familia. Como sostiene que sobran seres humanos y que somos una amenaza para el planeta, la destrucción de la familia es algo básico en sus planes; y dentro de la familia, es especialmente pernicioso el papel del varón.

–Eso de la masculinidad tóxica...

–Claro, por eso oímos todos los días hablar de masculinidades tóxicas y cosas semejantes, que no son más que la autoafirmación de una guerra contra el varón. Guerra que, además, exige una reformulación de la historia, que se nos presenta como el fruto de la conspiración del varón contra la mujer para mantenerla sometida; el famoso heteropatriarcado.

Para quienes sostienen que sobran seres humanos y que somos una amenaza para el planeta, la destrucción de la familia y del varón es algo básico en sus planes

–Pero: ¿Cómo se concreta esto en la familia?

–Fundamentalmente y, en primer lugar, con la promoción de todas las ideas y actitudes que conducen a la esterilidad. Es algo que vemos en muchas políticas: en políticas de salud reproductiva, o sea aborto, en políticas de transexualidad, en políticas que tienen que ver con el matrimonio entre homosexuales, con la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo… Por otra parte, se busca una erosión permanente del padre, a través de la adopción de políticas absolutamente lesivas contra el varón, como la desigualdad jurídica o el ocultamiento de datos como el número de muertes de mujeres a manos de mujeres, o de hombres a manos de mujeres.

–¿Y algo más?

–Además, hay políticas deliberadas de destrucción de la familia, a través de denominar familia a cualquier tipo de unión, para rebajar su valor y su identidad, y con un despliegue de la ideología de género que en España es absolutamente radical, y presenta unos aspectos jurídicos tan exagerados como no existen prácticamente en ningún lugar del mundo. Somos realmente la vanguardia del progresismo mundial y por eso se palpa de forma tan gráfica la erosión del papel del varón.

–¿Hay un intento deliberado por expropiar a los padres el ejercicio de la patria potestad?

Es una evidencia. Una propiedad se disfruta, mientras que los hijos, al contrario, son un deber de los padres. Por eso nadie había dicho que los hijos fuesen propiedad de los padres. Sin embargo, cuando ellos dicen que los hijos «no son propiedad de los padres» es para construir un maniqueo, para que en realidad los hijos pasen a ser propiedad de alguien. Y si no son de los padres, lo son de los poderes públicos, a través del Estado. Así que, si lo planteamos en esos términos, se trata de una expropiación: quieren quedarse con los niños. Por eso es cada vez más complicado que los hijos reciban los mismos influjos de la familia que hace treinta, cuarenta o cincuenta años, por parte de papá y mamá.

Si somos capaces de destruir la confianza del niño en su padre, destruimos no solamente la familia, sino también la confianza en Dios

–Alguien le diría que eso discrimina a las familias sin papá o mamá…

–Y eso, en la medida en que hay papá y mamá, porque no es que se reconozca que existen realidades como las familias monoparentales, sino que se están promoviendo esas fórmulas de paternidad «alternativas» y una mentalidad divorcista que son un obstáculo para el crecimiento normal de un niño. La expropiación de la patria potestad está en el núcleo del pensamiento progresista, y particularmente con la figura del padre varón, que saben que, antropológicamente representa para los niños la figura de Dios, confiable y amoroso. Si somos capaces de destruir la confianza del niño en su padre, destruimos no solamente la familia, sino también la confianza en Dios. Porque la destrucción de la familia y el hambre, decía Lenin, desarraigará de los hombres la idea de Dios.