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La experta en educación afectivo sexual y creadora del programa Aprendamos a Amar, Nieves González RicoDesarrollo y Persona

Nieves González Rico y Marta Jara, expertas en educación sexual

«El verano ha pasado de ser el momento del primer beso, al de la primera relación sexual, y eso deja secuelas»

Para muchos adolescentes, las vacaciones ya no son sinónimo de un «primer amor de verano», sino de una iniciación en la sexualidad. Y las familias pueden marcar la diferencia a la hora de enseñar a sus hijos a amar, y a ser amados, «sin heridas emocionales»

La edad promedio de la primera relación sexual completa en España se sitúa en los 16 años, aunque otras interacciones sexuales comienzan entre los 12 y los 14, según los últimos datos del Instituto de la Juventud. Y buena parte de esos primeros contactos ocurren durante el verano, una época tradicionalmente asociada al despertar sexual en la adolescencia.

Por eso, aunque «una buena educación afectiva y sexual no debe centrarse sólo en el verano, sí es interesante estar más pendientes para enseñarles a aprender a relacionarse con el otro sexo de manera natural, sin necesidad de tener que dar ningún paso que puede dejarles heridas emocionales», explican para El Debate las expertas en educación afectivo-sexual Nieves González Rico y Marta Jara, del Programa Experto en Educación Afectiva y Sexual y Programa Aprendamos A Amar de la Universidad Francisco de Vitoria.

— El verano suele ser un momento de «despertar sexual» en la adolescencia. ¿Por qué?

— Durante el verano se suman varios factores de tipo biológico, psicológico y social que pueden favorecer ese despertar sexual en los adolescentes. Por un lado, el aumento de las horas de luz, y pasar más tiempo expuestos a ella, provoca cambios en el organismo. Por ejemplo, un cambio muy llamativo para muchos padres es que sus hijos, especialmente los varones, «pegan un estirón», sobre todo por la mayor síntesis de vitamina D y por el ejercicio físico que realizan. Además, el cambio hormonal que conlleva la adolescencia, y que se va desarrollando a lo largo del año, se ve reforzado en verano, aunque también porque nosotros mismos estamos «más despiertos»: la alimentación, el ejercicio y la luz solar influyen en sustancias que afectan al deseo sexual.

Si a esto le sumamos que los adolescentes pasan más tiempo con amigos, disfrutando de ocio, por ejemplo, en la piscina, donde los cuerpos son más visibles, y conociendo gente nueva (en el pueblo, en el lugar de veraneo…), el impacto de estas nuevas personas en sus vidas puede suscitar una atracción muy intensa, a una edad en la que, además, no tienen mayor preocupación que la de descansar del curso, vivir nuevas experiencias y divertirse en verano.

— Ya cantaba la canción que «cuando llega el calor, los chicos se enamoran». Centrándonos en ellos, ¿qué mensajes podemos transmitirles si con 12, 13 o 14 años notamos que se han enamorado de una chica en el lugar de veraneo?

— Que los adolescentes puedan sentir que se han enamorado de otra persona quiere decir que su corazón está bien hecho y busca amar y ser amado. Probablemente, sea más una emoción intensa de atracción que ellos confunden con enamoramiento. Pero puede ser una buena oportunidad para aprender a relacionarse con el otro sexo de manera natural, sin necesidad de tener que dar ningún paso que puede dejarles heridas emocionales. Es una ocasión propicia para aprender a ordenar los propios impulsos, aprender a mirar al otro, contemplar su belleza y sus dones, así como poder permitirse a ellos mismos descubrir qué es lo que hay en su corazón para saber distinguir entre atracción y enamoramiento.

El verano puede ser una oportunidad para aprender a relacionarse con el otro sexo de manera natural, sin tener que dar ningún paso que deje heridas emocionales

O sea, permitirse estar enamorados platónicamente, tanto ellos como ellas…

— Sentir que alguien me llama mucho la atención y no puedo evitar fijarme en esa persona, sentir que disfruto a su lado, no significa que esté enamorado, ni que tenga que vivir ningún gesto sexual. Pero sí significa que existe ese deseo de tener a alguien «especial» en tu vida con quien vivir algo más que una amistad. Y reconocer este deseo es bueno. Pero a estas edades no deben saltarse esa etapa de la amistad, así que, por eso, es un buen momento para disfrutar de esas nuevas amistades, conocerse entre ellos y a ellos mismos. Además, estos «amores de verano» suelen terminar cuando terminan las vacaciones, con lo que, al separarse, sufren mucho más cuando ha habido una interacción más allá de los gestos propios de los amigos.

El tiempo libre, las fiestas del pueblo, etc., a veces propician una iniciación sexual temprana (13, 14, 15 años), cada vez más banalizada. ¿Tenemos que estar los padres especialmente atentos y hablar de este tema en estas fechas?

— En realidad, el tema afectivo y sexual se debe enseñar en casa desde la infancia. Tendemos a darle mayor importancia cuando entran en la pubertad y experimentan los cambios propios. Pero, aun así, es conveniente recordarles a diario, y con más insistencia en estas fechas, cuáles son los anhelos de su corazón (ser felices, querer y ser queridos), y qué es lo que sus padres quieren para ellos, que es exactamente lo mismo: que sean felices al lado de aquellas personas que los quieren de manera incondicional por lo que ellos son.

Cada beso, cada abrazo, tiene el valor que el propio hijo tiene: infinito. Y aquello a lo que damos valor se custodia

¿Y hay algunas claves especialmente útiles de cara a las vacaciones?

— No está de más recordarles que habrá comportamientos que verán en otros jóvenes que les pueden llamar la atención, porque experimentan los mismos deseos. Pero que la forma y el modo en que tratamos de darles respuesta nos pueden alejar de esa felicidad, a pesar de que por un instante se puedan sentir atraídos, deseados o, incluso, «queridos» por la persona que tanto les gusta y aparece en estos días como novedad. Por eso es importante siempre ir paso a paso, relacionarnos en el marco de la amistad con esa otra persona, no fuera del grupo de los amigos o con gestos que no sean los propios de la amistad. Es cierto que el verano ha pasado de ser el tiempo donde se experimentaba el primer beso al de la primera relación sexual. Y las secuelas y las consecuencias de ambos gestos, obviamente, no son las mismas. Cada beso, cada abrazo, tiene el valor que el propio hijo tiene: infinito. Y aquello a lo que damos valor se custodia. Quizá una buena pregunta para dialogar juntos es ¿Qué valor tengo? ¿Qué valor tiene mi cuerpo que me hace visible? ¿Qué valor tiene la otra persona? Porque no somos algo, somos alguien. Y «me gustas» no es lo mismo que decir «te quiero».

Entonces, ¿qué cosas pueden hacer los padres en verano para ayudar más a sus hijos?

— Como decíamos, una buena educación afectiva y sexual no debe centrarse en el verano, pero sí es interesante estar más pendientes de estas tentaciones que aparecen con mayor intensidad en estas fechas. Ahí los padres pueden ofrecer planes sanos en grupos de jóvenes que viven los mismos valores, abrir las puertas de la propia casa para que se puedan reunir con los amigos, salidas con la familia con hijos de edades parecidas… En definitiva, proponer alternativas de ocio en contextos protegidos, en los que tengan su espacio e intimidad, pero con la confianza de que estas situaciones se pueden reducir. No es cuestión de minimizar su libertad, sino de darles pautas y pistas de cómo se pueden divertir y conocer gente nueva, incluso «enamorarse», en ambientes sanos, para que crezcan con mayor libertad. Para que sepan gobernar sus impulsos y deseos en favor de su felicidad.