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Gema Pérez Rojo

La «paradoja del bienestar»: ¿Por qué las personas mayores son más felices que los jóvenes?

«Lejos de ser una etapa marcada sólo por el declive, la madurez puede ir acompañada de estabilidad emocional e incluso y mayores niveles de satisfacción vital» explica para El Debate la doctora Gema Pérez Rojo, catedrática de Psicología y codirectora de la cátedra de Buen trato a personas mayores

Lejos de ser una etapa marcada por el declive, la madurez puede ir acompañada de altos niveles de satisfacción vitalGetty Images / iStock

Tradicionalmente, el envejecimiento se ha descrito casi exclusivamente en términos de pérdidas: de salud, de capacidades o de autonomía. Sin embargo, en la actualidad se ofrece una visión más equilibrada de la madurez, especialmente en lo que se refiere al bienestar emocional.

Lejos de ser una etapa marcada sólo por el declive, la madurez puede ir acompañada de una notable estabilidad emocional e incluso de mayores niveles de satisfacción vital.

El bienestar emocional no se entiende únicamente como la ausencia de problemas psicológicos. Incluye también la capacidad para experimentar emociones positivas, regular las negativas, mantener relaciones satisfactorias y encontrar sentido a la propia vida.

En este marco, numerosos estudios muestran que muchas personas mayores presentan niveles de bienestar similares o superiores a los de adultos más jóvenes. Este fenómeno, conocido como la «paradoja del bienestar», resulta especialmente interesante ya que, a pesar de los cambios físicos y vitales asociados al paso del tiempo, el bienestar emocional tiende a mantenerse estable e incluso a mejorar.

Razones de «la paradoja del bienestar»

La explicación no está en la ausencia de dificultades, sino en la forma de afrontarlas.

Uno de los factores clave es la regulación emocional. Con la experiencia vital, muchas personas desarrollan una mayor capacidad para gestionar sus emociones. Aprenden a relativizar los problemas, a anticipar mejor las consecuencias emocionales de sus decisiones y a evitar conflictos innecesarios. La edad no elimina las emociones negativas, pero suele aportar mayor serenidad para manejarlas.

Otro elemento fundamental es el sentido de la vida. Tener motivos para levantarse cada día, sentirse útil o implicado en actividades significativas se asocia de forma consistente con un mejor bienestar psicológico.

Tener motivos para levantarse cada día, sentirse útil o implicado en actividades significativas se asocia de forma consistente con un mejor bienestar psicológico.

En la madurez, este sentido no depende necesariamente de grandes proyectos, sino que puede encontrarse en la familia, en el aprendizaje continuo, en el cuidado de otros o en intereses personales cultivados con el tiempo.

Las relaciones sociales también desempeñan un papel central. En esta etapa, la calidad de los vínculos resulta más importante que la cantidad. Mantener relaciones significativas y satisfactorias actúa como un potente factor protector del bienestar emocional y contribuye a una percepción más positiva de la propia vida.

A estos factores se suman los hábitos cotidianos como la actividad física moderada, rutinas estables, descanso adecuado, estimulación cognitiva y participación social que tienen un impacto directo sobre el bienestar emocional. No se trata de prácticas complejas ni de objetivos difíciles de cumplir, sino de hábitos sencillos que refuerzan la sensación de control y competencia personal, aspectos clave de la salud mental.

Sin idealizar el envejecimiento

Hablar del bienestar emocional en la madurez no implica idealizar el envejecimiento ni negar las dificultades reales que pueden aparecer. Se distingue claramente entre el envejecimiento normal y el patológico.

El mensaje no es que la madurez esté exenta de retos, sino que no debe abordarse únicamente desde una mirada centrada en la pérdida. Por tanto, el bienestar emocional no desaparece con la edad. Al contrario, puede transformarse y consolidarse.

La madurez ofrece oportunidades para vivir con mayor equilibrio emocional, claridad en las prioridades y profundidad en las relaciones.

Una mirada más completa sobre esta etapa contribuye no solo al bienestar de las personas mayores, sino también a una comprensión más serena y realista del ciclo vital en su conjunto.

  • Gema Pérez Rojo es catedrática en Psicología de la Universidad CEU San Pablo