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La teoría de los cuatro fogones explica la imposibilidad de «llegar a todo»Getty Images/iStockphoto

Por qué no puedes con todo: la teoría de los cuatro fogones que cambia tu relación familia-trabajo

Popularizada por los escritores David Sedaris y James Clear, esta propuesta ayuda a entender por qué tantas familias viven agotadas y qué decisiones pueden devolver la paz a la mente y al hogar

¿Cuántos padres y madres de familia se sienten hoy agobiados por no llegar a todo, con la conciencia de una conciliación prácticamente imposible entre trabajo y cuidado de los hijos, y con una ristra de auto exigencias cada vez más severas en torno al llamado «autocuidado», la salud y la vida social? Pues para todos aquellos –y son legión– que se encuentran en una situación similar, la teoría de los cuatro fogones, de David Sedaris, puede arrojar una nueva perspectiva que cambie su modo de gestionar la paz de su corazón y de su hogar.

Esta fórmula se publicó por primera vez en 2009, aunque gracias a las redes sociales ha vuelto ahora a popularizarse de nuevo. Algo para lo que ha sido determinante que el autor del best-seller Hábitos atómicos, James Clear, se haya hecho eco de ella en varios artículos y entrevistas.

Sedaris, que es escritor, humorista y columnista habitual de The New Yorker, relataba en la histórica cabecera estadounidense cómo una amiga australiana, Pat, le explicaba durante un trayecto en coche una idea aprendida en un seminario de liderazgo.

Los cuatro fogones

Idea, que, en esencia, es la siguiente: la vida de cualquier persona tiene cuatro fogones: familia, amigos, trabajo y salud. El problema es que no pueden estar todos encendidos a la vez con igual intensidad. De hecho, según apuntaba, sólo es posible abastecer de gas suficiente dos de los fuegos.

Así, quien quiera triunfar de verdad en algún aspecto de la vida, tendrá que apagar como mínimo uno de los tres (o reducirlo al mínimo); y si aspiras a la excelencia, sólo podrán quedar dos.

Se trata de una imagen que pretende retratar algo que muchas familias ya intuyen: el día no da para todo... pero vivimos como si diera.

Y cuando un padre o madre intenta sostener simultáneamente jornadas largas, carrera profesional cultivada, niños atareados en su propio desarrollo natural, cenas tardías, gimnasio, vida social, repercusión en las redes sociales, y las mil gestiones de la vida ordinaria, el resultado suele ser el mismo: prisas, irritabilidad, ansiedad, estrés, insomnio y matrimonios que funcionan a golpe de logística... hasta que se quiebran.

El valor de la renuncia

James Clear añadía, de su cosecha, que la fuerza de esta teoría no está en que «descubra» el sacrificio inherente a toda vida adulta, sino en que expresa la necesidad de hacer renuncias. Porque elegir cuidar un aspecto concreto de la vida, implica aflojar otros.

Y si una familia quiere prosperar, quizás el fogón que debe bajar no es el de la casa, sino el de la disponibilidad permanente al trabajo; el del móvil que roba el descanso incluso en la cama; o el de los planes de fines de semana cada uno por separado.

De hecho, el autor de Hábitos atómicos enfatizaba en una reciente entrevista para la publicación Open Minds, de American Express, que la idea de los cuatro fogones es un antídoto contra la fantasía del «todo a la vez»: «Puedes hacer muchas cosas en tu vida, pero no todas al mismo tiempo. Tienes que elegir», remarcaba Clear.

«Puedes hacer muchas cosas en tu vida, pero no todas al mismo tiempo. Tienes que elegir», remarca James Clear

Y añade una nueva variable: «Veo nuestra vida como un patrón de estaciones. Puedes aumentar o disminuir ciertos niveles de energía durante ciertas estaciones. Quizás salgas de la universidad y tus niveles de energía en salud y trabajo estén a tope. Pero aún no has comenzado un nivel de energía familiar», explica Clear.

«Todos tenemos que tomar estas decisiones. Queremos una vida sin concesiones, pero todos nos enfrentamos a las mismas limitaciones», añadía.

Dos consejos útiles

Eso sí, además de elegir el foco, también apuntaba dos consejos. El primero, «la externalización»: «Lo hacemos constantemente. Externalizamos la tintorería, llevamos el coche al mecánico. En cierto modo, que los padres dejen a sus hijos en la guardería es como externalizar la parte familiar durante unas horas mientras van a trabajar. Y también podemos automatizar gran parte de esto mediante la tecnología».

El segundo punto es «establecer límites en nuestras vidas». «Podemos decir: 'Quiero ser muy ambicioso en mi trabajo, pero solo dentro de este límite'. Por ejemplo, un amigo mío tiene una empresa de tablas de surf y sólo abre de 9:00 a 13:00 todos los días. Trabajan muy duro durante cuatro horas y luego paran a surfear por la tarde», apunta Clear.

Sin embargo, incluso así se hace necesario elegir: «¿En qué temporada de mi vida estoy?».

Tres decisiones para la familia

Aplicada a la vida del hogar, la teoría de los cuatro fogones se traduce, según Clear, en tres decisiones muy prácticas:

Decidir la estación vital: Hay años de bebés, de oposiciones, de enfermedad, una adolescencia difícil que exige más presencia en casa… En esos años, el fogón «familia» o «salud» no se negocia; se protege.

Apagar sin enfadarse: Si el fogón que toca bajar es «amigos», se explica; si es «trabajo», se pone límite horario; y si al traducirlo a acciones concretas, hay que dedicar menos tiempo a «pantallas», se pactan normas de uso (como la mesa y los dormitorios como zonas libres).

Encender lo pequeño: En las familias sanas, apunta Clear, la intimidad rara vez se cultiva con grandes planes esporádicos, sino con rutinas diarias de cinco o diez minutos de conversación real, un paseo sin destino, cenas de charla, ratos de juego...

El ejemplo de los jefes y de los padres

El autor de Hábitos atómicos deja una última reflexión, enfocada sobre todo a aquellas personas que tienen responsabilidades profesionales.

«Cuando aplicamos la teoría de los cuatro fogones a la psicología laboral, ocurre algo interesante: los fogones que los líderes activan y desactivan, a menudo terminan impactando en lo que los empleados activan y desactivan».

Es decir, «que si tienes una cultura empresarial donde el líder está al máximo en el trabajo y su factor de salud está muy bajo, entonces acabas con una cultura donde los empleados, a menudo, se sienten culpables por no hacer lo mismo. Pero si tienes un líder muy equilibrado que se toma tiempo para las cosas, saliendo a las 4:00 p.m. para ir al partido de su hijo, o a su recital de música, o lo que sea, entonces el factor familiar de los empleados también termina aumentando», apunta.

Un ejemplo que también puede aplicarse en la relación entre padres e hijos, porque, tanto en la empresa como en la familia «imitamos los factores que activan y desactivan quienes tienen autoridad y estatus», concluye.