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«¿Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...?»Getty Images / iStock

Consultorio Familiar

«No quiero empezar un noviazgo con un chico al que no vea como mi posible marido. ¿Me estoy equivocando?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la exclusividad en el noviazgo.

Soy la única de mis amigas que no ha salido nunca con un chico, aunque tengo 27 años. Entre mis amigas, algunas tienen pareja desde hace años, otras han tenido relaciones que han roto, y todas han tenido líos con chicos que les gustaban pero a los que no querían. Pero yo no lo vivo así. He tenido «candidatos» y he podido hacer lo que quisiera con muchos chicos, pero nunca he estado «de rollo», y no quiero empezar un noviazgo con un chico al que no vea como mi posible marido. ¡Me da miedo quedarme sola, deshojando la margarita! ¿Me estoy equivocando?

Muchas gracias por tu pregunta, tan sincera y oportuna. Porque tu caso es mucho más frecuente de lo que crees.

«Más del 50% de las parejas que se casan lo hacen después de que cada uno de los cónyuges haya salido al menos con otra persona»: esto es lo que leí el otro día en un estudio de una universidad norteamericana, y desde luego no me extrañó. No es raro que, antes de casarse, uno haya salido con una o con varias personas. Y no tiene por qué ser malo necesariamente, si uno ha empezado con intención de buscar una relación estable y después se ve que aquello no debe seguir adelante.

Además, como en la mayor parte de los casos el sexo forma ya parte del noviazgo, es muy común que los primeros desengaños amorosos realmente fuertes lleguen a una edad muy temprana. Lo puedo comprobar en las persona que me escriben, o que veo, con frecuencia.

Algunas de ellas son conscientes de que han entregado todo a una persona que no va a significar nada en su vida. Y lo reconocen con desencanto, porque ya no podrán cumplir el sueño de querer y ser queridos en exclusiva. De ser «los únicos».

Ese romanticismo, al que todos aspiramos y que es tan bonito, porque está impreso en la esencia del ser humano; ese deseo de ser querido en exclusiva y de querer a otro de la misma manera es un verdadero tesoro.

Cuando no se protege, es porque se aumentan los beneficios de los sentimientos a corto plazo y se disminuyen los perjuicios que vamos a padecer a largo plazo. Y todo ello por no saber, o no querer, tomar decisiones en el campo de las emociones.

Parece que ahora no se le da importancia, pero cuando se profundiza en el interior de las personas, se ve que son sueños a los que uno tiene que renunciar. Y muchas veces, bajo el consuelo de que renuncia todo el mundo.

Cuando pregunto a la gente joven «¿A ti te gustaría casarte con una persona que haya tenido muchas relaciones, o pocas?», siempre la respuesta es «pocas». Y «¿pocas o ninguna?», y la respuesta mayoritaria es casi siempre «ninguna». Porque el amor verdadero exige exclusividad. Va impreso en la naturaleza humana. Si no fuera así, no existirían los celos.

Hace poco, una chica me decía:

– Yo, a la persona con la que me case, no le podré dar todo.

– ¿Y por qué no? –le pregunté.

– Porque ya le di demasiado al que tuve antes... y me arrepiento. Y creo que a él probablemente le pasará lo mismo –concluyó.

Cuando pregunto a la gente joven «¿Te gustaría casarte con una persona que haya tenido muchas relaciones, o pocas?», siempre la respuesta es «pocas». Y «¿pocas o ninguna?», y la respuesta mayoritaria es «ninguna».

La verdad es que la felicidad humana, la plenitud como personas, está tejida de decisiones que se pueden tomar de una manera muy superficial.

Dejarse llevar por la moda, el entorno, o solo los sentimientos, únicamente conduce a una más que probable equivocación.

Cuando esta chica se despidió me dijo:

– Hay mucha gente que no ha hecho las cosas como yo, y eso es señal de que es posible hacerlas de otra manera. No se han perdido nada. Para ser como yo, siempre están a tiempo. Pero yo, en cambio, ya no puedo ser como ellas.

Me pareció una chica muy lista. Si sigue diciéndose las cosas sin engañarse, como me las dijo a mí, es probable que encuentre un amor que le llene. Porque siempre se puede recomenzar y volver a empezar, lo cual produce, según mi experiencia, muchas satisfacciones personales y un gran aumento de la autoestima.

Para las personas como esa chica, saber rectificar –cuyo primer paso es no tener miedo a la verdad personal– arregla muchas cosas en la vida.

Y para quien está en una situación como la tuya... creo que ella misma ya te ha respondido.

  • José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com.