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¿Por qué la Inteligencia Artificial se está cargando la autoestima de nuestros hijos?

Para los adultos con largos años de experiencia profesional, la IA resuelve tareas sencillas y repetitivas. Para los niños y adolescentes que nunca antes hicieron eso, los deja sin el entrenamiento para avanzar y les hace dudar de sus propias capacidades

Una joven, usando una app de inteligencia artificial en su móvil

Una joven, usando una app de inteligencia artificial en su móvilGetty Images / iStock

Pongamos que se llama Pedro, pero da igual el nombre. Tiene 14 y le han pedido en el colegio el típico trabajo con bibliografía. Le han explicado de dónde sacarla. Fuentes fidedignas, nada del gran basurero que representa internet del que suele tirar cualquier inteligencia artificial gratuita. Se ha bajado un puñado de investigaciones que la IA le ha resumido. Ahora, a pocos minutos de que las campanadas den la medianoche y su posibilidad de aprobado se convierta en rotundo suspenso por no presentar a tiempo el trabajo, agobiado por la perspectiva de la carroza convertida en calabaza, recurre a la más famosa de las Ias para que le dé la citación en modelo APA 7 de los textos que ha utilizado. Pero cosas del destino, esa tarde el sistema operativo se ha caído en todo el mundo. Las empresas reportan miles de millones en pérdidas por las operaciones que no pueden realizar ese día. Pedro entra en pánico. Sin bibliografía, no va a aprobar el trabajo. Pero no sabe cómo hacerla.

Uno de sus hermanos mayores, ya en la universidad, le dice a Pedro que no se agobie. Que, hasta hace «dos días» que llegó la IA, todos han citado siempre y lo han hecho a mano. Se ofrece voluntario para echarle una mano. «¿Ves? Fácil, Apellidos, inicial del nombre, año…» Pero Pedro no lo ve claro. Llega al título. ¿Era cursiva? ¿Con comillas? En el volumen y el número de la revista, ya ha colapsado. Su hermano toma las riendas: «venga, que lo estás haciendo bien. Te lo voy explicando y tú lo haces». Pedro ya no está, su cabeza asume un suspenso por culpa de que la IA se ha caído.

Esta escena es real. Y admite un sinfín de variantes. Trabajos de clase con fuentes que jamás un estudiante consultaría, correos electrónicos con un lenguaje tan engolado que resulta muy poco natural en ellos, esquemas de proyectos impropios de su edad y grado de conocimiento. Detrás, la irrupción de la llamada Inteligencia Artificial Generativa que, en sólo tres años, ha cambiado la manera que tenemos de procesar la información. Por delante, tres posibles efectos no deseados, no ya sobre el conocimiento de los alumnos y su preparación para la vida profesional, sino sobre las consecuencias para su salud mental.

Escenario 1: la pereza ganó al esfuerzo

Es el camino corto del uso de la IA. Según un reciente estudio de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, el 89% de los estudiantes utilizan IA de algún modo para sus tareas académicas. Algunos lo hacen para disponer de más tiempo para elaborar sus propios contenidos. Otros, al menos, crecen en conocimiento mientras mejoran los promts y analizan las respuestas obtenidas, chequeadas en fuentes fidedignas.

Pero la inmensa mayoría se quedará atrapada en la primera opción que la IA de turno le facilite, de modo que su participación en el proceso de elaboración del conocimiento será tan pequeña que no dejará huella alguna en su cerebro.

La pereza que ganó al esfuerzo provocará, sin duda, un descenso nada desdeñable en el nivel general de conocimiento. Sólo unos pocos se subirán sobre la IA para dominarla y crecer en sabiduría y capacidad.

Sólo unos pocos se subirán sobre la IA para dominarla y crecer en sabiduría y capacidad

Escenario 2: el éxito cortoplacista y el fracaso futuro

Una reciente investigación con un elevado número de participantes internacionales comparaba los resultados académicos de un grupo de estudiantes que utilizaba la IA en su gestión diaria con otro que no accedía a ella. Los resultados fueron muy elocuentes porque mostraron que, en el corto plazo, los trabajos de los estudiantes que se apoyaban en la IA obtenían muchos mejores resultados, con metodologías y conclusiones mucho más elaboradas.

Sin embargo, la sorpresa llegó cuando se evaluó el nivel de conocimiento en el medio y largo plazo a través de diferentes modelos de exámenes en los que no intervenía el uso de la IA.

Los estudiantes que mejores notas habían obtenido en sus trabajos intermedios con IA eran los que peores resultados sacaron al enfrentarse al papel en blanco y tener que demostrar sus propios conocimientos. Sin embargo, aquellos estudiantes que habían tenido que esforzarse más durante el curso, con la consecución de peores resultados, mostraron una adquisición de conocimientos muy superior en el largo plazo. La IA en el entorno educativo es, en román paladino, pan para hoy y hambre para mañana.

Escenario 3: más listo que nadie, pero sin autoestima

Este es el escenario que la sociedad no está viendo venir, la situación que se planteaba en el arranque de este artículo y que empieza a percibirse también en ámbitos profesionales. El proceso de delegación cognitiva (es decir, el «ya lo hace la IA por mí y así yo no me tengo que esforzar») empieza a tener una consecuencia imprevista en los fervorosos usuarios: dejan de confiar en su propio criterio y ya sólo les parece correcto lo que les ofrece la IA.

Todo lo que ellos generan les parece banal e imperfecto así que recurren más y más a la tecnología apoyados en la idea de que obtienen mejores resultados. El problema es que, en el camino, abandonan su confianza en sí mismos y, con ella, toda forma de pensamiento crítico.

El problema es que, en el camino, abandonan su confianza en sí mismos y, con ella, toda forma de pensamiento crítico

La IA tiene para ellos más razón y cualquier duda del resultado obtenido les parece pretenciosa. Sin autenticación de lo que la IA responde, este escenario deja a las personas al socaire de los algoritmos que son los que han decidido, por mero cálculo probabilístico, qué es correcto y qué incorrecto.

La IA se está cargando el conocimiento, la capacidad de esfuerzo y la autoestima de los estudiantes. Usada correctamente es una herramienta potenciadora. Pero utilizada como sustitución de nuestras capacidades, sólo sirve para anular las conciencias y generará una población incapaz de distinguir lo correcto de lo incorrecto, el bien del mal.

María Solano Altaba es profesora de la Universidad CEU San Pablo y autora de «Pantallas, qué remedio» (Palabra).

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