Una pareja tras una discusión
La Familia en una Frase
John Gottman, psicólogo: «En el matrimonio, como en el aikido, a menudo hay que ceder para ganar»
El experto en pareja John Gottman recuerda que en muchos conflictos matrimoniales suele ser peor para la relación que uno de los cónyuges se empeñe en llevar siempre la razón.
El aikido es una técnica de lucha japonesa conocida como «el arte marcial de la paz», y que, en síntesis, utiliza la fuerza del adversario, no para bloquearla frontalmente, sino para redirigirla y anularla. Dicho de otro modo: no se trata de aplastar al otro como en el boxeo o en el MMA, sino de moverse de tal modo que la energía del ataque no destruya, sino que pueda ser reconducido de un modo más eficaz para no escalar el conflicto.
¿Y qué tiene que ver esta pequeña reflexión sobre las artes marciales en esta sección veraniega de La Familia en una Frase? Pues más de lo que parece, porque John Gottman, uno de los grandes investigadores contemporáneos del matrimonio, utiliza esa imagen para explicar una de las claves más difíciles de aplicar en la vida conyugal: «En el matrimonio, como en el arte marcial del aikido, a menudo hay que ceder para ganar».
Algo similar al consejo que suele repetir el colaborador de El Debate José María Contreras cuando explica que «querer llevar siempre la razón es una de las cosas que más daño hace a un matrimonio».
La cita de Gottman se incluye en varios de los materiales divulgativos que el Gottman Institute utiliza para hablar de los llamados «intentos de reparación»: pequeños gestos, frases o movimientos que permiten bajar la tensión antes de que una discusión se convierta en una guerra familiar.
Entre esos pequeños «intentos de reparación» similares a los movimientos del aikido figuran, por ejemplo, usar el humor (pero sin sarcasmos), hacer comentarios cariñosos, recordar que el problema determinado es común para ambos cónyuges y no cosa de uno solo, agradecer los sentimientos del otro o, sencillamente, dar un paso atrás y ceder en una discusión incluso aunque uno lleve razón.
Ceder no es rendirse
Hay un matiz que resulta esencial en este caso. Gottman no propone que uno de los esposos se anule, ni que calle siempre para esquivar los conflictos, ni que tolere los abusos o atropellos, ni mucho menos que evite cualquier conversación incómoda para conservar una armonía que es sólo aparente. Para Gottman, ceder no significa convertirse en «un felpudo emocional» del otro.
La idea es muy distinta: muchas discusiones matrimoniales se envenenan y se enquistan porque cada uno empieza a pelear para ganar el conflicto, en lugar de para solucionarlo.
Y el resultado de esa decisión es que no se busca comprender al otro, arreglar el problema o salvaguardar el amor, sino demostrar que uno tenía razón desde el principio.
Y es en ese punto, explica este psicólogo y divulgador, cuando incluso un asunto pequeño o trivial como un retraso, una compra imprevista, una tarea doméstica pendiente o un comentario inoportuno pueden transformarse en un juicio sumario contra el otro.
Gottman ha dedicado décadas a estudiar estos patrones. Nacido en 1942, psicólogo e investigador, fundó junto a Julie Schwartz Gottman el Gottman Institute, desde el que han desarrollado un método de terapia y educación matrimonial basado en la observación de miles de parejas.
Uno de los pilares de su trabajo consiste, precisamente, en analizar cómo las parejas discuten, se perdonan, se hieren, se reconcilian o acaban instalándose en dinámicas destructivas para ellos, para sus hijos e incluso para otros miembros de su familia.
La influencia del cónyuge
Uno de los conceptos vinculados a este patrón es el de «aceptar influencia». ¿Y esto en qué consiste? El Gottman Institute explica que las relaciones conyugales funcionan mejor cuando ambos esposos están dispuestos a «dejarse afectar por las preocupaciones, deseos y argumentos del otro». Es decir, que se ponen en el lugar del otro cónyuge en lugar de querer vencerlo.
Por eso, en uno de los artículos que tienen disponibles en la web de la entidad, el instituto afirma que la lógica de «ceder para ganar» permite que ambos esposos, y por tanto la relación, «salgan ganando cuando uno acepta la influencia del otro». Es, en cierto modo, una paradoja que muchas parejas podrían confirmar con su propia experiencia: quien se empeña siempre en imponerse puede ganar una discusión concreta, pero a la larga termina por perder la cercanía, la confianza y hasta el respeto de su pareja.
Porque, en el matrimonio, la intención de «ganar contra el otro» suele ser una victoria pírrica, contraria a la lógica del amor verdadero. Más bien al contrario: la relación que sirve de base para el hogar no se rige con las reglas de un debate televisivo o de una discusión en redes sociales, porque el amor sólo triunfa cuando no se actúa «contra» el otro sino «con» el otro. Y, con mucha frecuencia, para ganar juntos, como en el aikido, el primer movimiento consiste en renunciar a aplastar a quien tenemos enfrente.