Efectivos de la UME tratan de sofocar el incendio de Niebla (Huelva) que ha calcinado más de 33.000 hectáreas
El humo de los incendios forestales puede afectar al desarrollo de los niños, según un estudio de Harvard
Tras un verano devastador en España, un reciente estudio de la Universidad de Harvard advierte de que el humo de los incendios forestales puede afectar al embarazo, la salud respiratoria de los menores y el aprendizaje infantil
España ha pasado buena parte del verano mirando al fuego. Y aún continúa haciéndolo, con incendios como el de Niebla, en Huelva, aún por controlar después de haber calcinado ya más de 33.000 hectáreas.
Un verano de pueblos evacuados, montes carbonizados, equipos de extinción exhaustos, responsables políticos y administrativos ausentes, y columnas de humo que durante días han marcado el paisaje de varias provincias.
De hecho, según el último balance del Ministerio para la Transición Ecológica, hasta el 17 de agosto los incendios habían arrasado 254.730 hectáreas en España, con 6.685 siniestros y 42 grandes incendios forestales (los que superan las 500 hectáreas). Algo así como si hubiesen ardido más de 350.000 campos de fútbol, o toda la provincia de Álava.
Pero hay un daño menos visible que la superficie quemada o las cabezas de ganado perdidas: los efectos del humo en el ambiente.
Ese aire espeso que durante días, e incluso semanas, se cuela en las casas y obliga a cerrar ventanas, suspender actividades al aire libre en pleno verano, y que, a la postre, deja una sensación de amenaza e inseguridad incluso a muchos kilómetros del fuego.
Ahora, el Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard acaba de publicar un informe, elaborado en enero de 2025, sobre cómo afecta el humo de los incendios forestales no sólo a la salud sino también al desarrollo infantil, para el que, apunta, «presenta una gran amenaza».
Peligroso incluso a miles de kilómetros
Una de las ideas más gráficas del informe es que el humo empieza fuera del hogar, pero no se queda fuera de él. Así, el informe de Harvard explica que, incluso a miles de kilómetros, la contaminación provocada por el humo de los incendios es capaz de penetrar rápidamente en los edificios por ventanas abiertas, grietas invisibles y sistemas de ventilación sin filtros de calidad.
Y no es sólo se trata de un más o menos perceptible olor a quemado: es que también contiene partículas de carbono negro, monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno y otros componentes que se generan al arder distintos materiales, y que son altamente tóxicos para las personas, especialmente para los niños.
Además, insisten en que el humo puede viajar miles de kilómetros desde el foco del incendio y seguir siendo tóxico.
El informe recoge, con datos obtenidos de los grandes incendios forestales de Estados Unidos y Canadá, que las partículas procedentes de estas masas de fuego y humo pueden llegar a ser hasta diez veces más tóxicas que las de otras fuentes de contaminación, como las emisiones de coches, fábricas o el humo de tabaco.
Embarazo, asma y aprendizaje
El informe de Harvard subraya que la exposición durante el embarazo puede activar respuestas inflamatorias y asociarse a hipertensión gestacional, preeclampsia, bajo peso al nacer y parto prematuro.
Y cita, por ejemplo, un estudio en California que atribuyó casi 7.000 partos prematuros adicionales al humo de incendios entre 2006 y 2012.
En los niños, el informe señala más visitas a urgencias por asma durante los episodios de humo, además de más infecciones de vías respiratorias altas, neumonía y bronquitis.
Y recoge un efecto menos intuitivo: el aprendizaje. Un estudio nacional citado por la Universidad de Harvard observó que la exposición al humo de los incendios, en el año previo a un examen (especialmente cuando los incendios coincidían con días lectivos), reducía significativamente las puntuaciones de los alumnos, con un patrón perfectamente identificable: cuanto más humo, peores resultados medios obtenían los alumnos, en comparación con sus propias calificaciones promedio.