María Montessori
La familia en una frase:
María Montessori, médica y pedagoga: «Si la salvación y la ayuda han de venir, será a través de los niños»
La célebre pedagoga vivió en un mundo convulso y explicó cómo modelar la «mente absorbente» de las nuevas generaciones para construir un futuro más esperanzador
María Montessori formuló en La mente absorbente una de sus citas más conocidas y repetidas en foros educativos y familiares, hasta convertirla casi en un tópico: «El niño es el constructor del hombre».
Sin embargo, como tantas otras veces ocurre, la frase, en su contexto original, es mucho más rica y permite entender mucho mejor la visión que esta célebre pedagoga, que revolucionó no sólo la educación formal sino el modo de mirar a los niños, tenía de lo que implica la crianza para una sociedad.
Porque dice así: «Si la salvación y la ayuda han de venir, será a través de los niños. Porque el niño es el constructor del ser humano».
La afirmación condensa toda la revolución educativa propuesta por Montessori tanto a padres como educadores.
Para ella, el niño no es una materia pasiva que el adulto debe moldear desde fuera, sino que posee una dignidad y una fuerza interior propias, una mente capaz de absorber el ambiente y construir, silenciosamente y mediante el ejemplo de los adultos, no sólo habilidades como el lenguaje o el pensamiento abstracto: también el carácter y la relación con el mundo que le rodea.
Una vida familiar convulsa
María Montessori nació en Chiaravalle, Italia, en 1870. Fue una de las primeras mujeres médicas de su país y comenzó trabajando con niños con discapacidad. Después desarrolló su método en la Casa dei Bambini, abierta en Roma en 1907.
Su vida personal también estuvo marcada por la maternidad: de un romance con un médico colega suyo, Giuseppe Montesano, María se quedó embarazada de un hijo, Mario.
El escándalo social y la oposición de la madre de Montessori a una boda con el médico la llevó finalmente a entregar al niño a una familia de confianza. Ella iba a verlo con mucha frecuencia, pero sin revelarle su identidad.
A los 14 años, a penas fallecida la madre de María, Montessori se llevó a Mario a vivir con él, le desveló su maternidad y lo convirtió en su más estrecho colaborador, hasta el punto de que, a la postre, Mario sería el gran heredero de su obra.
La mente absorbente, publicada en 1949, recoge su pensamiento maduro sobre los primeros años de vida. Y en esta obra ya clásica, Montessori insiste en que la infancia temprana no es una fase menor, sino el período en que se forman los cimientos de la persona.
Una mente que absorbe
Montessori escribió que el niño posee una mente «absorbente»: no aprende como el adulto, mediante esfuerzo consciente o intelectual, sino incorporando el ambiente de manera profunda. Por eso advierte de que las impresiones emocionales y sensitivas no sólo «entran» en la mente del niño: la forman y la transforman.
En la misma obra afirma que la educación de los niños pequeños es especialmente importante entre los tres y los seis años, porque ese período es «embrionario» para la formación del carácter y de la vida en sociedad. Y subraya que el niño avanza hacia la independencia por etapas, por lo que necesita una ayuda inteligente y adecuada, y no una invasión adulta conductista y rígida.
Niños para un mundo convulso
Cuando Montessori escribe su tratado, el mundo se encontraba sumido aún en la convulsión de la recién terminada Segunda Guerra Mundial. Una guerra que ella había tenido que vivir recluida en La India, junto a Mario, pues el estallido del conflicto había sorprendido a ambos allí, mientras impartían talleres a profesores, y Mario, como ciudadano italiano, fue encarcelado.
Además, la Guerra Fría ya estaba en ciernes, la carrera espacial desplegaba sus primeros intentos, y multitud de frentes bélicos estaban abiertos en todo el mundo.
Por eso, miradas como la suya intuían la necesidad de un cambio en la formación de las nuevas generaciones, no sólo formal o técnico, sino sobre todo moral y ético, para poder construir un futuro más esperanzador.
La importancia del ambiente
Así, la clave que planteaba Montessori es que si el niño construye al hombre, la pregunta decisiva para los padres no es qué les enseñan a sus hijos.
Es, más bien, en qué ambiente crecen, qué palabras escuchan, a qué ritmo viven, qué belleza contemplan, qué respeto reciben, qué libertad disfrutan, qué límites encuentran, y qué interferencias atrapan su atención y diluyen sus talentos.
Una intuición tan actual y necesaria hoy como entonces.