El biólogo y padre de la psicología evolutiva Jean Piaget
La Familia en una frase
Jean Piaget, padre de la psicología evolutiva: «Educar es criar niños que hacen cosas nuevas, no que repiten lo de otros»
El biólogo Jean Piaget cambió la forma de entender la educación y el desarrollo de los niños, y estableció algunas de las bases que la actual neurociencia pediátrica considera pilares imprescindibles
Si hay un dicho en el ámbito académico que reza aquello de «es muy fácil hacer teología después de santo Tomás», bien podría decirse que «es muy fácil hablar de educación después de Jean Piaget».
Porque este biólogo y padre de la psicología evolutiva cambió radicalmente la forma de aproximarse a la educación y crianza de los niños, y sentó las bases que hoy resultan más útiles a quienes quieren formar a los pequeños con eficacia, cariño y pleno respeto a sus talentos naturales.
Por eso, sus consejos siguen siendo tan útiles para los padres que aspiran a vivir a fondo su paternidad, y no sólo a sobrevivir a la, en ocasiones agotadora, infancia de sus hijos.
Incansable observador de la infancia
Jean Piaget nació en Neuchâtel, Suiza, en 1896, y llegó a convertirse en una de las figuras más influyentes de la psicología del siglo XX.
Biólogo de formación, psicólogo por vocación investigadora y observador incansable de la infancia, dedicó su vida a estudiar cómo nace y se desarrolla la inteligencia en el niño.
Y su importancia para la educación actual es difícil de exagerar. Antes de Piaget, la mayoría de los modelos escolares trataban al niño como una suerte de adulto incompleto: alguien que debía recibir información, repetirla y avanzar por acumulación.
Piaget demostró, sin embargo, que el niño piensa de manera distinta al adulto porque atraviesa etapas de desarrollo físico y neuronal que condicionan su modo de comprender el mundo. Así, su teoría del desarrollo cognitivo influyó decisivamente en la psicología evolutiva, la pedagogía y las teorías constructivistas del aprendizaje.
Por eso una de sus frases más citadas sigue teniendo tanto impacto en la formación de las generaciones actuales: «El objetivo principal de la educación es crear niños y hombres capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente de repetir lo que otras generaciones han hecho».
La cita procede de To Understand Is to Invent: The Future of Education, (Comprender es inventar: el futuro de la educación), una obra clave publicada en 1973 e inexplicablemente (o no) hoy descatalogada en español.
Y, en síntesis, viene a recordar que la verdadera educación y crianza no consiste sólo en lograr hijos obedientes o buenos estudiantes capaces de repetir conceptos aprendidos de memoria, sino personas capaces de comprender el mundo que les rodea, descubrir por sí mismos, juzgar con criterio bien formado y actuar en consecuencia.
Los niños no copian: construyen (o aprenden a no hacerlo)
La psicología evolutiva de Piaget recuerda que, de forma natural, el niño no aprende como una máquina que almacena datos. De hecho, Piaget explicó el proceso fascinante desarrollo intelectual mediante los procesos de la asimilación y la acomodación.
En una de sus obras más importantes, La naissance de l’intelligence chez l’enfant (El nacimiento de la inteligencia en el niño, de 1936), describió cómo lo que llamaba «inteligencia sensoriomotriz» del niño percibe la realidad, mientras que «la adaptación intelectual» incorpora esa realidad a la propia vida del niño.
Dicho de forma sencilla: el niño no se limita a recibir el mundo, sino que lo organiza, lo prueba, lo interpreta, se equivoca, corrige y vuelve a intentarlo. Por eso aprende tocando, preguntando, jugando, comparando, imitando, descubriendo límites y comprobando consecuencias.
Algo que debería cambiar por completo la manera de educar: no basta con explicar más rápido o de forma más divertida, ni con adelantar contenidos, porque ambas cosas pueden producir repetición sin comprensión. O sea, que el niño puede llegar a decir una respuesta correcta, pero sin haber construido el camino interior que le permite entenderla.
Neurociencia en la era de la IA
La frase de Piaget resulta especialmente relevante en un contexto histórico de pantallas, inteligencia artificial y aprendizaje acelerado, en el que nunca había sido tan fácil obtener respuestas correctas, pero sin comprender ni una palabra de lo que se dice.
Con un matiz importante: Piaget no defendía una educación sin contenido, ni mucho menos una libertad sin dirección.
Al contrario, exigía a los padres y a los maestros ser capaces de observar los ritmos y talentos naturales del niño, para adaptar del modo más óptimo las destrezas y conocimientos necesarios para su desarrollo intelectual, físico y social.
Padres de niños que piensan
Porque educar, venía a decir Piaget, no es fabricar hijos idénticos a los padres, ni imponerles una vida ya resuelta, ni entrenarlos sólo para obedecer órdenes o adaptarse al sistema que se les imponga.
La familia les transmite una herencia de hábitos, criterios, fe y códigos morales y éticos, pero no para que el niño la repita de manera mecánica, sino para que pueda hacerla suya e integrarla en su vida, de forma progresivamente madura y responsable. Con capacidad de ser creativos, reconocer sus talentos y, algo especialmente necesario hoy en día, tener un juicio crítico y propio ante la realidad que les rodea.
O sea, ser, en palabras de Piaget, «capaces de hacer cosas nuevas, no de repetir sólo lo que otros hacen».