Quique, María y el pequeño «Quiquito»
Quique Mira y María Lorenzo, padres primerizos: «El mayor regalo para un hijo es que sus padres se quieran»
Quique y María llevan años compartiendo su testimonio, primero como novios y ahora como esposos y padres, y explican cómo son sus encuentros con otras muchas familias que apuestan por una vida doméstica plena y feliz.
Quique Mira y María Lorenzo son un matrimonio joven, casi recién casados (en mayo de 2025 se dieron el «Sí, quiero») y padres primerizos desde el pasado 17 de julio, que tienen clara cuál es su misión: amarse y compartir ese amor.
Con cientos de miles de seguidores en redes sociales y participantes habituales en congresos y conferencias, ambos muestran su experiencia, primero como novios y ahora como familia, «para ayudar a los demás a crecer en lo humano y lo espiritual, desde la autenticidad, el bien y la verdad».
Una de sus últimas intervenciones fue durante la 34ª Jornada Mariana de la Familia celebrada en Torreciudad, donde compartieron su testimonio en un diálogo sobre noviazgo, matrimonio y familia.
–Que «el amor se aprende» es una de las ideas que más transmitís. ¿Cómo se aprende?
–Quique: El amor se aprende viviendo a la vez que entregándote. Tanto Mery como yo no nos consideramos expertos ni teólogos. Mery y yo compartimos la experiencia que hemos vivido, las claves y las «anclas» que nos han ayudado para hoy poder dar luz a los jóvenes. Lo más importante es desear vivir en ese amor al que eres llamado.
A veces deseamos tantísimas cosas terrenales, superficiales... que hay que ir al fondo de tu corazón y ver que ahí hay una llamada al amor. El Señor un día te creó por amor y para amar. El que desea profundizar en esa llamada se abre a vivir aprendiendo para ese amor por el que ha sido creado.
–Hace poco habéis lanzado Proyecto Caná con el objetivo de enseñar justamente eso. De alguna manera sois 'profesores' de amar. ¿Quién es vuestro 'profe' para aprender?
–No nos sabemos para nada profesores. Compartimos experiencia de vida, lo que aprendimos desde que empezábamos a ser novios hace siete años. O sea, que Mery y yo seguimos aprendiendo. El maestro del amor es Jesucristo. Jesús nos ha compartido todo, todas las herramientas, todas las claves del sentido de nuestra vida y solo en Él encontramos las respuestas para poder vivir una vida con sentido, una vida con plenitud, para amar. No tenemos otra referencia que el Señor.
María y Quique, con su hijo recién dado a luz, en una foto que compartieron en redes
Luego eso se concreta y quien nos ha acompañado más personalmente dentro de este camino es nuestro director espiritual. Nos ha acompañado tanto en lo personal como en pareja y es a quien tantísimas veces hemos acudido para compartir dificultades, preguntas, alegrías. Y una vez al mes nos juntábamos con él para ir haciendo camino con esto.
–Dos problemas que destacáis en la actualidad son el miedo al compromiso y la idealización del amor. ¿Cuál es el antídoto contra ellos?
–Vivimos envueltos de este miedo. Nos sometemos tanto al mundo, al ruido del mundo y a su ritmo que en nuestro corazón ya no hay silencio. Y la falta de silencio es también la falta de escucha de lo que Dios quiere para mí. Entonces, ¿Cuándo se va el miedo? Cuando decido con mi vida escuchar la voz del Señor y no escuchar tantísimas voces que en mi día a día me aturden, me agobian, me distraen. ¿El antídoto? No hay una receta mágica. Lo que Mery y yo hemos encontrado es que en el seguimiento y la escucha del Señor uno recibe la fuerza y lo necesario para seguir este camino.
Vivimos envueltos de este miedo. Nos sometemos tanto al mundo, al ruido del mundo y a su ritmo que en nuestro corazón ya no hay silencio.
–Acabáis de ser padres. Relacionándolo con ese 'enseñar a amar'. ¿Cuál es el mayor aprendizaje que se puede transmitir a un hijo?
–El mayor aprendizaje que se puede transmitir a un hijo es que sus padres se quieran. Esto Mery y yo lo hemos hablado infinidad de veces. Ahora que nuestro hijo tiene más que dos meses, estoy convencido de que él siente, él recibe cuando Mery y yo nos pedimos perdón, cuando nos damos un abrazo, con el ambiente que hay en casa. Lo que los hijos ven de los padres es lo más educativo.
Luego vendrán las correcciones del día a día, los valores, escoger un buen colegio, etc. Hay tantísimas cosas que el matrimonio tiene que decidir para la buena formación y educación de su hijo...
–Y entre tantas cosas, ¿hay algo que sea más importante?
–Lo elemental, lo que constituye al hijo y la visión que tiene sobre la vida, el matrimonio, la familia y sobre lo más importante es que en casa haya un matrimonio que se quiere, que se admira, que se respeta. Un matrimonio que es el núcleo del hogar y de la familia, esa es la escuela de vida y de amor para los hijos.
–Participáis en muchos foros y dais vuestro testimonio de familia. ¿Qué os encontráis y que os lleváis de este tipo de encuentros, como la Jornada Mariana de la Familia?
–Mira, justo ahora mandaba un audio a un amigo que me escribió y le he dicho que volvemos llenos de esperanza. Ver tantísimas familias, miles de familias con niños, adolescentes, matrimonios felices y contentos… es algo que nos llena.
En Torreciudad, por ejemplo, lo que destacaría es eso, cómo en un sitio tan perdido, encima de una montaña, es posible que vengan tantas familias de cualquier lugar de España para celebrar juntos que la familia vale la pena, que el matrimonio vale la pena. Y que seguir a Cristo es la vida y que no hay otro camino ni otra receta para vivir en la plenitud a la que somos llamados.