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Zenón de Citio, según la ilustración del libro Historia de la Filosofía, de Thomas Stanley (1655).

La Familia en una Frase

Zenón de Citio, filósofo estoico: «El sabio se casará y tendrá hijos»

El filósofo tenido por fundador del estoicismo consideraba que la vida buena se aprende formando una familia, sin huir del compromiso matrimonial y de los hijos

Vaya por delante que Zenón de Citio, uno de los más famosos padres de la filosofía estoica, no dejó una obra que podamos abrir hoy y leer de principio a fin.

Como con tantos otros autores de la Antigüedad, sus escritos se perdieron y buena parte de lo que sabemos de él procede de autores posteriores, especialmente Diógenes Laercio –que no es, por cierto, el mismo Diógenes que el de Sinope, que se hizo famoso por su encuentro con Alejandro Magno, por su pobreza y por dar nombre al síndrome de acumular basura–.

Este Diógenes Laercio se hizo famoso por sus biografías, y cuenta que, en una obra llamada República, Zenón sostenía una afirmación que llama la atención en un filósofo acostumbrado a ser presentado como maestro del desapego: «El sabio se casará y tendrá hijos».

Vivir conforme a la naturaleza humana

Zenón había nacido en Citio, en Chipre, hacia el año 334 antes de Cristo. Su padre, Mnaseas, era comerciante y, según la tradición, el propio Zenón se dedicó al comercio antes de llegar a Atenas después de un naufragio.

Allí conoció la filosofía socrática, estudió con cínicos y académicos y terminó fundando la escuela que recibiría el nombre de estoicismo.

De su propia vida matrimonial no existen datos seguros. De hecho, sabemos mucho más de sus discípulos y doctrinas que de una hipotética esposa o hijos.

Y precisamente por eso resulta significativa esa afirmación contenida en las Vidas de Diógenes Laercio: porque no está defendiendo una experiencia personal, sino una idea sobre lo que significa vivir conforme a la verdad de la naturaleza humana.

El sabio no huye de los compromisos

El estoicismo no entendía la virtud como una suerte de aislamiento en pro de la realización personal fundada en el mero esfuerzo voluntarista. Recogiendo ideas puestas ya en circulación en aquella misma época por otros grandes filósofos coetáneos, como Aristóteles, Platón o Sócrates, el hombre forma parte de una comunidad y tiene deberes hacia otros. Y como la familia es la base de la polis, casarse y tener hijos puede ser entendido como parte de esos deberes.

La frase choca con una idea muy extendida en la contemporánea, incluso por aquellos que siguen las doctrinas del estoicismo, hoy tan de moda: que cuanto más libre, capaz, inteligente o realizado sea alguien, menos compromisos y vínculos debería asumir.

Zenón propone casi lo contrario: la sabiduría no consiste en protegerse de toda dependencia afectiva, sino en aprender a vivir la fortaleza en la propia vulnerabilidad, estableciendo con virtud relaciones que exigen la propia responsabilidad y coherencia.

Desde esa visión, en la que el matrimonio obliga a salir de uno mismo y los hijos acrecientan aún más si cabe esa exigencia, el hombre se torna sabio cuando acepta vivir sin convertirse en la última medida de todas las cosas y renunciando a buscar únicamente su interés.

Formar una familia como virtud

Ahora bien: no todo el mundo está llamado al matrimonio, y Zenón tampoco convierte el hecho de tener hijos en una condición sine qua non para vivir una vida plena.

Por eso, su afirmación debe entenderse dentro de una corriente filosófica que concebía al ser humano como esencialmente social, pero también responsable de sus propios actos y capaz de establecer relaciones afectivas que lo sacan de sí mismo.

De ahí que contenga una intuición hoy especialmente puesta en duda, pero cada vez más necesaria de recordar: abrazar el matrimonio y formar una familia no es una interrupción del crecimiento personal, sino una sublimación de ese proceso.

Si tal vez no lo vivió en carne propia, lo que es seguro es que Zenón pudo comprobar en su entorno cómo el matrimonio enseña a los esposos el noble arte de la paciencia, la fidelidad y el dominio propios. Y también cómo los hijos obligan a convertir principios abstractos en conductas concretas, con una vida familiar que de continuo pone a prueba la generosidad y la renuncia.

Zenón de Citio alumbró una filosofía enfocada a enseñar el arte del buen vivir, con dominio propio y altas aspiraciones, sin rehuir del compromiso público. Y desde esa perspectiva, el hombre sabio, sostiene, no es aquel que elige estar solo huyendo de toda relación, sino el que es capaz de construir su virtud en la entrega y la vulnerabilidad... como ocurre cuando hay alguien a quien amar y cuidar.