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Familia y EscuelaGloria Gallego*

Los móviles y la IA son excusas: una experta explica qué hay detrás del deterioro educativo de España en PISA

«Lejos de ofrecer respuestas simples, los datos del informe PISA invitan a repensar el papel de la tecnología y a situar el foco en el núcleo pedagógico del sistema educativo», alerta Gloria Gallego-Jiménez, directora del Departamento de Educación de la Universidad CEU San Pablo.

El verdadero problema del sistema educativo de España es pedagógico, no tecnológico, denuncia Gloria GallegoGetty Images / iStockphoto

Una vez más, los resultados de las pruebas PISA han generado polémica y debate en nuestro país. Y, en cierto modo, es una buena noticia: lo preocupante sería la indiferencia. Al menos, el debate abre la puerta a buscar soluciones.

Las pruebas, que evalúan el nivel académico del alumnado de 15 y 16 años en competencias como la lectura y las ciencias, reflejan un descenso significativo, difícil de ignorar y que no se había manifestado con esta intensidad en años anteriores.

Además, este informe incorpora por primera vez el análisis del uso de la Inteligencia Artificial en las aulas. A estas alturas, cualquier docente y cualquier familia es consciente de que la tecnología forma parte ya del ecosistema cotidiano tanto de estudiantes como de profesores. Existen numerosos estudios que alertan de los riesgos asociados al uso intensivo de pantallas, y los propios datos del informe apuntan en esta dirección.

Ante resultados como los de PISA, es comprensible que busquemos responsables. Antes señalábamos a los teléfonos móviles; ahora, a la Inteligencia Artificial. Esta tendencia a simplificar las causas puede tranquilizarnos momentáneamente, pero no explica la complejidad del problema.

Porque el declive educativo no es reciente: lleva gestándose, al menos, más de una década y, sin embargo, la Inteligencia Artificial no ha irrumpido en las aulas hasta finales de 2022.

El declive educativo no es reciente: lleva gestándose, al menos, más de una década y, sin embargo, la Inteligencia Artificial no ha irrumpido en las aulas hasta finales de 2022.

Por tanto, ni la IA ni las pantallas pueden considerarse la causa única de estos resultados, en todo caso, es un factor más dentro de un entramado complejo. Sin un uso adecuado y un acompañamiento pedagógico y familiar riguroso, es evidente que pueden contribuir a agravar las dificultades.

El origen del problema es, en gran medida, sistémico. Nuestro sistema educativo, cada vez más tensionado, ha incorporado la tecnología sin una reflexión suficiente sobre el cómo. No se trata de rechazarla, sino de integrarla con criterio. Es posible que exista una correlación entre el uso de la tecnología y los resultados de PISA, pero esto no implica una relación causal directa: más pantallas no significan necesariamente peor rendimiento.

Hace un par de semanas conversaba sobre los resultaos PISA con un gran pedagogo y amigo, Gregorio Luri, quien subrayaba una idea clave: el problema no son las pantallas ni la tecnología en sí mismas, sino el uso que hacemos de ellas en la escuela y en el hogar.

Este matiz resulta esencial y debería invitar a padres y docentes a una reflexión serena. La cuestión clave es el uso. La tecnología puede convertirse en una herramienta de empobrecimiento en el aula, pues, en ocasiones, se utiliza para copiar respuestas sin reflexión, y, sin embargo, puede ser una gran aliada del aprendizaje, si se emplea para generar preguntas, profundizar en los contenidos y desarrollar el pensamiento crítico de nuestros hijos y de nuestros alumnos.

Frente a ciertos discursos excesivamente «tecno-optimistas», conviene recordar que la tecnología no es la solución automática a los problemas educativos. El propio informe PISA señala un deterioro en aspectos fundamentales como la comprensión de textos largos, la atención sostenida o el juicio crítico. La lectura compleja sigue siendo insustituible: exige detenerse, releer, conectar ideas y formular preguntas. Este proceso cognitivo profundo no puede ser sustituido por ninguna herramienta tecnológica.

En definitiva, el reto al que nos enfrentamos docentes y familias no es tanto tecnológico como pedagógico. Y, en última instancia, es un desafío que interpela al conjunto de la sociedad.

*M. Gloria Gallego-Jiménez es directora del Departamento de Educación de la Universidad CEU San Pablo.