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Paloma, con dos de sus hijosInstagram

Paloma Blanc, madre de 9 hijos: «La única pega de tener muchos hijos es no poder dedicar más tiempo a cada uno»

Pionera a la hora de mostrar la vida de los grandes hogares a través de las redes sociales, la creadora de la cuenta @7paresdekatiuscas acaba de ser premiada por la Federación Española de Familias Numerosas.

Paloma Blanc fue una de las primeras creadoras de contenido que se lanzó a las redes sociales –primero con un hoy arcaico blog de wordpress, luego Facebook y más tarde Instagram– para dar testimonio público de la grandeza de la vida en familia. Una grandeza que, en su caso, es absolutamente literal.

Porque como bien saben sus cerca de 250.000 seguidores, la autora de la cuenta @7paresdekatiuscas (y de su libro homónimo) tiene nueve hijos y ya es abuela.

Esta labor divulgativa con la que Paloma lleva años mostrando la vida familiar de una manera positiva y atrayente le ha valido que la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) acabe de entregarle uno de sus premios, durante el Congreso Nacional que la entidad ha celebrado en Badajoz el pasado fin de semana.

Una cita a la que, como no podía ser de otra manera, acudió junto a su esposo Guillermo, con quien lleva 25 años casada y con quien empezó a salir cuando sólo tenía 15 años.

–Con 9 hijos, la vuestra no es una familia numerosa, sino más bien súper numerosa. ¿Cómo es el día a día en un hogar tan grande?

–Si tuviera que elegir solo una palabra diría «divertido». Muy divertido. En nuestra casa siempre hay plan. Si pasas por la cocina hay dos merendando, en otro lado hay tres jugando, dos peleándose, otros se juntan para ver series, siempre hay gente estudiando o teletrabajando y quejándose por el ruido… hay para todos los gustos y caracteres. Es caótico y un poco cansado, pero hay bastante alegría en nuestra casa.

Fue más duro cuando eran muy pequeños, pero cuando pasa el túnel de todos muy pequeñitos, se recoge mucho fruto y se llena uno de un orgullo grande.

–Muchas personas creen que los matrimonios con tantos hijos, o son unos irresponsables, o tienen muchísimo dinero. ¿Qué hay de estos tópicos en vuestro caso?

–¡Les daría un poquito la razón (ríe)! Pero solo un poquito. Irresponsables no, pero un poco locos sí, aunque es una locura de entrega y amor. Y sobre el dinero, te puedo asegurar que no lo teníamos, pero la ingeniería financiera de estas casas es digna de investigación.

Mentiría si dijera que una casa con tantas personas no gasta mucho. Sólo con el carro de la compra, tal y como está, ya da para más de un sueldo entero. Pero se agudiza el ingenio y se busca la manera. La verdad es que trabajamos muchísimo y te puedo asegurar que nadie nos ha regalado nada, todo sale de nuestro esfuerzo.

–¿Y cómo es posible llegar a todos los hijos, cada uno con sus circunstancias y problemas, sin que se te pasen por alto simplemente por no tener tiempo para cada uno?

–Me parece que, si alguna pega tiene tener varios hijos (casi la única), es esa. No poder dedicar más tiempo a cada uno en exclusiva y no poder estar más pendiente de mirarles bien por dentro. Aunque tanto Guillermo como yo procedemos de familias muy numerosas y nunca echamos de menos ese tiempo de nuestros padres. Porque la propia familia suple en gran parte.

Paloma y Guillermo, junto a sus nueve hijos, en una foto de 2022

Los momentos juntos, los espacios de conversación, las tertulias, las comidas y las cenas, las excursiones… como padres, hay que desarrollar un ojo avizor avispado, que aprenda a leer entre líneas y mirar más profundo de un solo vistazo. Y estar, hay que estar en casa lo máximo posible.

–Tu cuenta nació cuando estabas metida de lleno en niños pequeños y hoy eres madre de nueve, y acabas de estrenar las facetas de abuela y suegra...

–¡Pues no creas que no me está costando! La maternidad es salir de tu zona de confort continuamente. Cuando tienes un bebé y empiezas a hacerte con él, llegan las crisis de los dos años, los celos con el hermano, las peleas entre ellos, las preadolescencias y adolescencias, luego llegan los novios, las bodas, sus maridos y mujeres y los nietos. Siempre estás aprendiendo a encontrar tu sitio en todos esos momentos, y con las ganas de hacerlo lo mejor posible.

Mentiría si dijera que una casa con tantas personas no gasta mucho. Sólo con el carro de la compra, tal y como está, ya da para más de un sueldo entero.

Sé que los hijos no son nuestros, tienen que tomar sus caminos y hay que enseñarles a volar, y yo doy muchísimas gracias a Dios porque eso sea así. Pero estoy viviendo también mi proceso como madre de entender que se van y que ya no van a volver. A cambio llega a la familia gente maravillosa que ya son tan nuestros como los nuestros.

Y lo del nieto… no puedo explicarte. Es una bendición increíble. Tenemos mucho corazón disponible para dar la bienvenida a mucha más gente por aquí. Todos nuestros hijos quieren tener familias numerosas. ¡La cosa se pone interesante!

–En alguna ocasión has contado que hubo una época en la que estabas desbordada, gritabas mucho y no disfrutabas de tus hijos, hasta que te preguntaste: «¿Cómo quiero que me recuerden?». Ahora que algunos son adultos, ¿te has atrevido a preguntarles cómo recuerdan realmente a la madre que tuvieron de niños?

–La verdad es que no se lo he preguntado y es un buen ejercicio, aunque me da un poco de miedo (ríe). Lo que tengo claro es que el camino que llevaba no era el mejor.

Tampoco me culpo mucho: el mundo no nos lo pone fácil con los trabajos, las prisas, las exigencias y la aspiración a la perfección que nos impone la sociedad. Pero doy muchas gracias de haber entendido que tenía que cambiar cosas para conseguir ser esa madre que quiero que recuerden.

También te digo: tengo mucho muchísimo que mejorar. Pero ahora soy mucho más consciente de lo que hago y también de dónde quiero estar.

–Durante años has defendido la necesidad de crear una «cultura familiar fuerte». Después de 27 años de matrimonio, ¿qué has descubierto que realmente sí sirve para construir una familia fuerte, y qué pensabas que iba a funcionar y no merece tanto la pena?

–Pienso que nuestros hijos tienen que salir de su casa a enfrentarse a la diversidad del mundo estando contentos y orgullosos de lo que viven en casa. Seguros de que en su familia les quieren y les exigen porque buscan su bien y su felicidad. Eso exige poner límites, esos que ahora escasean tanto, argumentar bien el por qué de las normas que hay, y acoger con mucho cariño los errores. Los de todos, de los propios padres también.

Paloma y su marido Guillermo, que se casaron hace 27 añosInstagram

Es maravilloso pedir perdón a un hijo; pocas cosas les enseñarán más que eso. Y esto pasa por hablar mucho, buscar esos espacios de conversación, razonar las cosas, crear tradiciones en casa, tener señas de identidad de la familia, comer juntos, rezar juntos… hay mucho que hacer.

–Cuando todos son pequeños, los padres educan de un modo concreto, pero cuando se van haciendo mayores, también la paternidad cambia. ¿Cuál ha sido el aprendizaje más difícil de esta segunda maternidad?

–Diría que lo más difícil es que te cuenten: generar la confianza suficiente como para que, cuando les pasa algo, tienen dudas o inquietudes, te las pregunten a ti y no a la IA o a sus amigos.

Si hay una cultura en casa de contar desde pequeños, es mucho más fácil que cuenten cuando llegan los momentos más sensibles. Esto es un trabajo del día a día y es cuestión de personalizarlo a cada hijo.

Los hay más habladores, los hay que te cuentan lo suyo y lo del vecino, y los hay monosilábicos, a los que hay que aprender a mirar a los ojos y saber si pasa algo. Y aun así, aunque estés pendiente, siempre va a haber parcelas que no te cuentan, y por eso les tienes que haber preparado antes de que llegue ese momento. A veces damos por hecho que ya lo hemos hablado todo o que se da por supuesto, y no es así.

–Llevas muchos años exponiendo parte de tu vida familiar en Internet, pero has reconocido incluso momentos en los que las propias redes te afectaron personalmente...

–Yo abrí mi cuenta de Instagram hace 12 años, cuando no había familias numerosas todavía en esa red social. Eso hizo que tuviera buena acogida al principio y que despertara curiosidad. Abrí la cuenta pensando en aportar el punto de vista de una madre imperfecta que no llega a todo, y ayudar en la medida de lo posible a otras madres en la misma situación de desbordamiento.

Se me fue la olla con Instagram. De repente empecé a mirarme a mí misma, a los likes, los seguidores, empecé a enseñar a los niños… Me pudo la red a mí y no yo a ella. Confundí el objetivo.

Pero en este mundo hay que saber encontrar el equilibrio, y a eso se aprende a base de caerse, como en la vida. Se me fue la olla. De repente empecé a mirarme a mí misma, a los likes, los seguidores, las publicaciones constantes, empecé a enseñar a los niños, que era una cosa que tenía muy claro que no quería hacer… Me pudo la red a mí y no yo a ella. Confundí el objetivo.

Gracias a Dios (una vez más), un día lo vi claro y empecé a tomar las riendas. Cerré la cuenta durante unos meses hasta que entendí cómo tenía que hacerlo, sin perder el norte. A día de hoy, disfruto de mi cuenta y cuento lo que creo que debo contar. Mis hijos prácticamente no se asoman por ella y soy muy cauta en lo que cuento, incluso a veces es mucho menos de lo que me gustaría. Pero esta es la cuenta de una madre de nueve hijos, no es una cuenta familiar.

–Después de tantos años hablando con otros padres, ¿crees que hoy las parejas tienen menos hijos porque no pueden, porque hemos construido una sociedad en la que tener muchos hijos se presenta como una pérdida de libertad...?

–Creo que hay un poco de todo. La cultura de la sociedad actual invita a las personas a priorizarse y a tener una serie de comodidades a priori incompatibles con una familia, y mucho menos una familia numerosa. No está de moda el sacrificio, no está de moda el compromiso, y eso está pudiendo con los jóvenes y la planificación de su futuro.

Por otro lado, el precio de la vivienda, el carro de la compra, los sueldos bajos, la inestabilidad económica y la precariedad generan una incertidumbre y una realidad que no se lo pone fácil. En estos momentos sí que son héroes los jóvenes que optan por este tipo de familias. Ojalá les pudiéramos ayudar más como sociedad.

–Para construir una familia fuerte es necesario cuidar el matrimonio. Pero con 9 hijos, esto no parece especialmente sencillo. ¿Cómo lo hacéis vosotros?

–Yo empecé a salir con Guillermo cuando tenía 15 años. Además de quererle con toda mi alma, como crecí con él, eso le convirtió en mi mejor amigo y consejero. Somos muy distintos y totalmente complementarios, con lo cual nos necesitamos mucho. Nuestros hijos nunca nos han restado tiempo para nosotros, porque es algo que siempre hemos necesitado y buscado.

Claramente hay que cuidar a la otra persona por encima de cualquier otra cosa, y eso será la mejor escuela que van a tener nuestros hijos, muy por encima de lo que les podamos explicar, enseñar, argumentar… Ellos imitarán en sus casas lo que han visto en las suyas. Y, además, los hijos se irán y esa relación de nuestro matrimonio será lo que perdure si se ha cuidado bien.