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Una niña espera junto a su madre en las «colas del hambre» de la Fundación MadrinaMadrina

Madres lactantes que no pueden cenar o que añaden «coladas de avena» por falta de leche: la desnutrición amenaza a miles de bebés en España

La Fundación Madrina reclama un Bono Infantil de Emergencia tras documentar casos de madres lactantes que sólo pueden cenar agua a final de mes, o que tienen que dar «agua de panela» en el biberón cuando se les acaba la leche de fórmula

Madres lactantes que no pueden cenar a final de mes, que tienen que licuar el biberón para que les cunda más la leche de fórmula o que incluso sustituyen las tomas de sus hijos por «agua de panela» o «licuaditas de avena» por falta de recursos. Es la denuncia que ha documentado la Fundación Madrina, que reclama un Bono Infantil de Emergencia para combatir la «amenaza de la desnutrición oculta» que afecta a miles de bebés en España.

Tal y como recuerda la entidad, el 33,8% de los menores de 18 años de nuestro país vive en riesgo de pobreza o exclusión social –unos 2,65 millones de niños–, lo que supone la tasa más alta de la Unión Europea según Eurostat.

Además, la ONG estima que un millón de niños se levanta cada día con hambre o malnutrición crónica en España. Su estudio de pobreza multidimensional, basado en el índice Alkire-Foster, concluye que el 50% de los menores atendidos sufre este tipo de pobreza, con una intensidad de privación del 65,4%.

Biberones estirados y madres que ayunan

A partir de su trabajo diario con miles de madres en situación de vulnerabilidad, Madrina ha documentado cómo la falta de recursos está empujando a las familias a manipular la alimentación de los bebés lactantes para que los suministros puedan durar todo el mes: «coladitas» de avena para dar cuerpo al biberón, agua de panela cuando se acaba la leche de fórmula o tomas diluidas con más agua de la debida.

Unas prácticas que, como explican, «dan una falsa sensación de saciedad, pero reducen el aporte de energía, proteínas y micronutrientes justo en la etapa en la que se forman el desarrollo psicomotor y las defensas».

Además, Madrina destaca cómo detrás de estas acciones «hay un sacrificio materno: muchas madres confiesan cenar solo un vaso de agua o saltarse comidas tres o cuatro veces por semana para que sus hijos puedan comer».

Para combatir este tipo de situaciones, el Banco del Bebé de la Fundación (único de España especializado en alimentación e higiene infantil para menores de tres años), reparte cada día leche de fórmula, cereales, papillas, potitos y pañales, y asume su coste sin subvenciones para esta actividad.

600 euros por una habitación compartida

«La raíz no es la falta de voluntad, sino un mercado de alquiler que actúa como agujero negro del presupuesto familiar», denuncia la entidad. Y pone como ejemplo el caso de la Comunidad de Madrid, donde una habitación o un piso absorbe entre el 80% y el 90% de los ingresos del hogar. «Tras pagar alquileres de en torno a 600 euros por una sola estancia compartida, a muchas madres les quedan entre 5 y 10 euros al mes para alimentación, ropa e higiene de sus hijos», alertan.

«Un niño no puede desarrollarse ni sobrevivir con dignidad cuando su biberón se rebaja con agua o cuando duerme en una habitación sin ventilación ni luz para estudiar. La desnutrición no es solo un problema de otros continentes: está ocurriendo en nuestros barrios», lamenta Conrado Giménez, presidente y fundador de Fundación Madrina.

Tres medidas urgentes

Para combatir esta situación, la Fundación Madrina reclama al Gobierno y a las administraciones públicas tres medidas con carácter urgente.

La primera, un Bono Infantil de Emergencia, gestionado junto al Tercer Sector, «que entregue prestaciones y bienes básicos en días y no en los hasta nueve meses de demora burocrática actuales».

La segunda, «revertir el recorte en ayuda alimentaria, que ha pasado de 1.600 a 90 millones de euros anuales (un 94 % menos), para garantizar leche de fórmula y alimentos frescos desde la lactancia».

Por último, propone «avales públicos de alquiler, e incentivos al realojo rural para familias con menores, de modo que los propietarios tengan cobertura ante impagos y las familias puedan asentarse en pueblos con vivienda, trabajo y escuela».

Como concluyen desde la entidad, «la supervivencia infantil, también en España, empieza por garantizar que cada niño pueda comer cada día y tener un hogar digno».