La otra cara del accidente de Urda: de nuevo, la familia
Sabemos que serán las familias las que atiendan y recuperen a los heridos del accidente, las que amparen y tranquilicen a los trabajadores afectados por el miedo y la incompetencia, las que levanten de nuevo el ánimo de tantas personas afectadas y el pulso de una España ansiosa de pasar esta página triste de nuestra historia.
Que un multitudinario grupo de wasap de oración en torno a una familia se vuelva un lazo real y verdadero de comunión. Que un colegio entero de Madrid se vuelque en misas y oraciones por un antiguo alumno. Que un grupo de amigos del colegio viva intensamente hermanado en la preocupación y en la esperanza por la recuperación del hijo de un matrimonio del grupo, durante días, es un signo luminoso y contundente de esperanza en medio de los días tristes que la semana pasada nos trajo con el accidente de Toledo y el espectáculo de degradación de un Gobierno que nunca mereció gobernar a España, un país que clama justicia y decencia.
De nuevo es el amor, el más inmediato y real de los afectos de unos padres hacia su hijo en peligro el que produce esa corriente potente de esperanza, a través de la oración, del mensaje sostenido, de apoyo y de la preocupación compartida con una familia ante la prueba.
De nuevo es la familia el vínculo que no caduca nunca, que ante el peligro siempre responde, que deja atrás cualquier diferencia ante la necesidad de comunión y afecto en los momentos de sufrimiento e incertidumbre.
El ejemplo real de estos días que acabo de relatar es un espejo en miniatura, un paralelismo alentador para una gran parte del país que ante la injusta tragedia de Toledo sufre por el dolor de tantos y reza unido por las víctimas de un accidente que nunca debió de producirse.
Sabemos que serán las familias las que atiendan y recuperen a los heridos del accidente, las que amparen y tranquilicen a los trabajadores afectados por el miedo y la incompetencia, las que levanten de nuevo el ánimo de tantas personas afectadas y el pulso de una España ansiosa de pasar esta página triste de nuestra historia.
De nuevo serán las familias españolas, con su reserva de afecto y cuidado, con su vigorosa tradición de unión, las que harán de palanca para afrontar el futuro, las que traerán la esperanza a los corazones heridos de tantos, las que de nuevo aportarán aliento a un país exhausto de mentiras, de relatos inflados por un poder que abandonó hace demasiado la responsabilidad de dirigir una nación por detentar el poder cuanto más tiempo mejor.
De nuevo, se hace presente, como en tantas ocasiones de nuestra historia, cómo España necesita de la mejor reserva de ánimo y esperanza para avanzar en las horas inciertas. Esa que nace y crece naturalmente en tantos hogares, que es el amor gratuito y sin condiciones.
Toda una nación espera que el rumbo del país vuelva a enderezarse de la mano de hombres que sean plenamente conscientes de que no hay futuro posible, que nada empieza nunca, sin familias que sepan cómo curar las heridas, cómo comenzar de nuevo, como construir un futuro sano desde el servicio y la entrega que sólo se aprende en el hogar.
Carmen Sánchez Maíllo es Subdirectora del Instituto CEU de Estudios de la Familia.