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La familia real británica viendo el desfile militar Trooping of the colour de 2023

La familia real británica viendo el desfile militar Trooping of the colour de 2023GTRES

La tristeza del balcón de Buckingham

Espejo de la crisis familiar por la que atraviesa la monarquía británica

Nueve minutos en el balcón bastan para conocer la historia contemporánea de esta familia desestructurada. El balcón de Buckingham Palace, donde Isabel II aparecía rodeada en las grandes ocasiones, bodas reales, jubileos, en sus cumpleaños y en su coronación, convertido en símbolo de la monarquía británica, es ahora un reflejo de la grave crisis familiar por la que atraviesa la institución. Las lágrimas del Rey en Ascot, cuando el caballo criado por su madre Desert Hero ganaba la carrera el pasado 23 de junio, eran la tristeza que ha estado reprimiendo durante este primer año de reinado. En Reino Unido nadie esconde que el mayor problema de Carlos III son los «retos familiares y aunque estamos en una monarquía más táctil, los Windsor son Keep calm and carry on», decía Robert Hardman, autor de «Reina de nuestro tiempo», a la BBC, una manera muy británica y edulcorada de referirse al estado de la cuestión.

Carlos III cumplirá 75 años el próximo 14 de noviembre, aunque los monarcas lo celebran en verano con el desfile militar Trooping of the colour, la antigua presentación de los colores del regimiento a los soldados para que reconocieran su propio bando en el caos de la batalla, y viendo los aviones de la RAF sobrevolando Buckingham desde el balcón. Si «Gan-Gan», como llamaban a Isabel II sus nietos, reunía a toda la familia agolpándose en las famosas apariciones en el balcón, aunque lo que ocurría detrás siempre acababa saliendo a la luz, ahora no hay figura femenina con ese papel unificador tan necesario. Porque en este escenario con vistas al mundo que es el balcón no existe ni abuela ni madre. La Reina Camila no es la madre del heredero sino su madrastra y en cuanto a Kate, que sí es madre del futuro Príncipe de Gales, este no es su momento y con el tiempo veremos cuál será su función.

Trooping Of The Colour de 2023

La familia real en la última salida al balcón el pasado 17 de junio en Trooping the Colour, la celebración oficial del cumpleaños del ReyGTRES

Con aire de domadora de fieras

La última salida al balcón el pasado 17 de junio es un termómetro de cómo está la salud de la familia. Ocupando el centro Camila, pendiente de cada micromovimiento del Rey y hablando con su alter ego sin parar, ambos poniendo el foco en que ahora son ellos los titulares de la monarquía. Mimetizada con Carlos incluso en su atuendo inspirado en el uniforme de la caballería de la Guardia Real, de la que Camila es coronel pues él la nombró a los tres meses de ser Rey. Casaca roja con cuello militar, botones dorados y las plumas tiesas del tocado de Philip Treacy, compitiendo en altura con los sombreros de los soldados, lo que a su edad le da un aire de majorette de circo o domadora de fieras «un poco pícara», como la calificó una de sus amigas íntimas. A falta de que el monarca le entregue sus galones de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el broche de brillantes nos recuerda quién es ahora la Reina. A sus 76 años, que cumplió el 17 de julio, aportando intranquilidad a la escena, su recurrente movimiento enérgico de la mano izquierda apuntando con el índice a todos lados y no solo a los aviones que sobrevuelan el cielo, como a veces hacía tímidamente su difunta suegra, pues señalar siempre ha sido de mala educación. En el instante fugaz que el Rey mueve la cabeza hacia William, ella se gira hacia el príncipe Eduardo pues considera la zona de su hijastro territorio enemigo.

Disgustado porque viene el heredero empujando

Desde que no está Isabel en el balcón, la pausa de la monarquía se ha vuelto agitación en los movimientos de la familia. Solo cuando suena «God save the King» todos se inmovilizan y el Rey, momentáneamente complacido, teclea con sus dedos el puño de la espada. Desde que apareció en el mirador, Carlos está volcado en la Reina, su apoyo y su eje, dándole la espalda al príncipe Guillermo. Así están las cosas entre padre e hijo, entre Rey y heredero. Tan cerca uno de otro, pero tan lejos, que apenas se miran a los ojos y al dirigirse brevemente la palabra, no se dicen nada. Y cuando el Príncipe le habla es para recordarle que ya es momento de recogerse. Desde que Carlos es dueño del balcón, lleva una sonrisa de cartón piedra, que no es de alegría ni de pena, pero está disgustado porque después de tantos años de espera ya viene el hijo empujando. Al día siguiente, nos desayunamos con The Times desvelando los planes del primogénito para modernizar la monarquía: «I want to end homlessness in Britain» («Quiero acabar con la situación de los que no tienen casa»). No tenía otro día William para conceder su primera entrevista como Príncipe de Gales, la única que ha otorgado a un periódico en toda su vida, arrebatándole el protagonismo que al Rey le correspondía. Un mes después, Daily Mail publicaba que William le había comunicado a su padre que «tendrá que pagar para quedarse en su querida casa de campo galesa y sacar todas sus pertenencias después de que su hijo la pusiera en alquiler vacacional». Llwynywermod, próxima al parque nacional de Brecons Beacons, fue adquirida por Carlos en 2007 a través del Ducado de Cornualles y ese título con sus 130.000 acres es ahora del nuevo Príncipe de Gales.

El último Trooping of the color de la Reina en junio de 2022

El último Trooping of the color de la Reina en junio de 2022GTRES

Mucho que callar y ocultar

Pero el desapego con el único hijo que le queda en el balcón no es tan grave como el desafecto entre William y Kate. El «heredero absoluto», como lo llama Harry en su libro, tosió, estornudó y jovialmente parapetado en las sonrisas de su hija Charlotte salvaba la incomunicación con Kate apoyando ambas manos en los hombros de la pequeña que, a sus 8 años, pronto sabrá lo que el balcón ya no esconde de su «familia disfuncional». Kate derecha como una vela parecía una Reina del pasado e inclinada hacia sus hijos una madre del presente. Apretaba los labios, conteniendo la tristeza de los ojos, para luego mostrar la sonrisa más atractiva de la familia. Con maquillaje teatral, como princesa que tiene mucho que ocultar y callar, interpreta con entereza el papel que a sus 41 años aún no tiene asegurado. Las damas de la familia envían mensajes con sus vestidos, como hacía la Reina Isabel, y Kate aparecía de color esmeralda, como joya de la corona, el mismo tono con el que Angela Kelly había vestido a la matriarca en su adiós al balcón el 5 de junio de 2022 en una aparición sorpresa cerrando las fiestas de su jubileo de platino. Al vestido prêt-a-porter de Andrew Gn, que se puede comprar en internet, Kate le añadía unos botones de bisutería que al formar una cruz latina en el pecho nos lleva a pensar en cómo será su sufrimiento. No quiere ser otra Diana y tiene como modelo a la abuela, que sobrellevó con dignidad la falta de lealtad, al igual que tantas otras Reinas.

«El verano ha sido largo para Willliam y Kate», decían los tabloides, la manera que tiene aquí la prensa inglesa de resaltar que no se les ha visto juntos durante las vacaciones. En las únicas imágenes de los Gales, salvo los compromisos oficiales en las carreras de Ascot y un partido benéfico de polo en Windsor, el matrimonio aparecía por separado. El 28 de junio Daily Mail publicaba un vídeo del Príncipe en compañía de dos amigos en Koko, la sala de conciertos y discoteca de Londres, días después de su 41 cumpleaños el 21 de junio. Y varias semanas más tarde, a mediados de agosto, Kate asistía sin su esposo a una cena y al festival de música en Houghton Hall, la mansión de los marqueses de Cholmondeley, David y Rose. Aunque la prensa británica tiene prohibido hablar de la vida privada del Príncipe debido a la «superinjuction», sobre este extraño plan de Kate en la residencia de Rose Hunbury, Daily Mail se preguntaba «si se estaba vengando de William por su aparición sorpresa en un club de Camden Town». Además, The Sun publicaba una foto «robada» y se refería a «la fiesta secreta» y a «los nervios de la princesa». Ya terminaron las vacaciones y en el primer día de cole, el pasado 6 de septiembre, no han posado con sus hijos en familia, como siempre hacían; otro hecho llamativo que supone una ruptura con la tradición.

El rostro de la añoranza

Pero volvamos de nuevo la vista al balcón donde la princesa Ana alejada del centro y apoyada en lo que parece un bastón, pero que en realidad es el honor de ser «Gold Stick» o guardaespaldas del Rey, contempla a los cuatro protagonistas, más preocupada por el futuro de la monarquía que por parecer femenina. Recién bajada de su caballo, como los demás hombres del balcón, con el uniforme militar de siempre y los galones de general de la armada, con el mismo peinado y con su rostro frugal nos recuerda a su madre por el sentido del deber y por la austeridad. Y cuando su hermano saluda con la mano preocupantemente hinchada, ella es el rostro de la añoranza. Con 73 años de experiencia es una forjadora de puentes, la única «working royal» que se levantó de su asiento en Westminster el día de la coronación para acercarse a su sobrino, dicen que el favorito de la abuela, cuando ya había sido desterrado para siempre del balcón. Ahora, junto a su segundo esposo, Sir Timothy Lawrence, oficial retirado de la marina, son los únicos que relajan a los Gales en la terraza. Por algo la «Princess Royal» es, según qué encuesta, la más querida de esta convulsa familia: por el parecido a su madre, por su imagen espartana reciclando vestidos de hace décadas y porque de todos sus miembros es la que más trabaja: asistió a 214 actos de «la Firma» en 2022, según la última Circular de la Corte, la mejor muestra de que «la roca» cuenta con el favor del monarca.

La flamante Duquesa, jugando a ser princesa

Y ya para terminar, el único hermano con derecho a balcón, el príncipe Eduardo, junto a su esposa Sophie, los grandes beneficiados de esta monarquía reducida por la que Carlos estuvo maniobrando desde los años 90, ayudado de Christopher Geidt, el secretario privado de su madre. Aunque en 2012 convenció a la Reina para reducir el balcón, se le ha ido de las manos. Todo lo que ha tenido que ocurrir para que el Rey conceda el título de su padre al menor de sus hermanos. El nuevo Duque de Edimburgo entra tímido en la escena, mira al suelo buscando su marca y la mano se la arrastra por la cara, como aliviando el estrés que supone convivir con las intrigas de Buckingham. Sophie Rhys-Jones, la flamante duquesa, jugando a ser princesa, cumple de diez el papel que le han dado en esta nueva monarquía donde no hay familia y se ha disfrazado de Kate: idéntico estilo, mismo color crema y pamela con gran flor. Como si llevara la misma indumentaria que su sobrina lució en el balcón hace cuatro años en el cumpleaños oficial de la Reina. Los cortesanos, ese «poder oculto detrás de la corona» del que habla Valentine Low, ya la estaban preparando para su estreno como acompañante oficial del heredero, cuando el pasado 13 de julio acudía junto a su sobrino a una proyección de cine benéfica en Londres, organizada por United For Wildlife. Tan extraño era verlos salir juntos del mismo coche para asistir a una película en sesión de tarde, que The Independent titulaba: «Sofía de Edimburgo hace una rara aparición con su sobrino el Príncipe William en la proyección de una película.» Es la estrategia del equipo de Kensington Palace para que los británicos se acostumbren a ver al Príncipe acompañado de otras damas.

Príncipe Eduardo y la duquesa de Edimburgo durante el desfile de 2023

Príncipe Eduardo y la duquesa de Edimburgo durante el desfile de 2023GTRES

Al abandonar el balcón hasta la próxima ocasión, William se adentra hacia la izquierda del salón y su esposa va en opuesta dirección. Allí tampoco están los ausentes, que siguen estando presentes. El excapellán de la Reina Isabel, Gavin Ashenden, nos recuerda que «en otra época Andrew y Harry podrían estar en la torre» y nos viene a la mente cuando el entonces Príncipe de Gales en 2012 expulsó a Andrés del balcón, que fue «como una daga en su corazón». Y antes de que bajemos el telón, Ashenden, que dejó todo este anglicanismo, nos sopla que «en teoría son como el resto de nosotros, una familia y todas las familias tienen las mismas tensiones. Pero la monarquía no va a poder sobrevivir con la disfuncionalidad y el mal comportamiento».

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