El cantante El Langui, en el festival de Málaga
El Langui: del rap de Pan Bendito a los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles
Su próximo escenario no es un teatro ni un estudio: es la pista de boccia camino a Los Ángeles 2028
Hablar de El Langui es hablar de alguien que transformó cada curva de la vida en versos afilados y carcajadas imparables. Su nombre real es Juan Manuel Montilla, y nació hace 45 años en Pan Bendito, un barrio madrileño que ha convertido en bandera artística. Con parálisis cerebral desde el nacimiento, lo que para muchos hubiera sido un obstáculo insalvable se convirtió para él en un sello de autenticidad que derriba prejuicios y abre caminos. Rapero, actor, escritor y agitador cultural, saltó de los bancos del parque a los escenarios con La Excepción, el grupo con el que mezcló humor castizo, jerga de barrio y crítica social, logrando que su calle entrara por la puerta grande en el mapa del hip hop español. Su biografía parece escrita con giros de guion: debutó en el cine con El truco del manco y, contra todo pronóstico, ganó dos Goya en la misma noche —mejor actor revelación y mejor canción original—, una hazaña reservada a los más singulares.
Su trayectoria, sin embargo, trasciende música y cine. Se ha consolidado como referente social, poniendo voz a causas que tocan la fibra colectiva. Su tema Se buscan valientes se convirtió en un auténtico himno contra el acoso escolar, sonando en colegios de toda España y animando a los niños a enfrentarse al bullying sin miedo. También ha conquistado la radio y la televisión con su humor de esquina y mirada de cronista urbano, sin victimismos, demostrando que la superación también puede tener ritmo y sonrisa.
Fiel a su espíritu inconformista, ha sumado un nuevo reto a su historia: competir en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. Desde hace menos de un año practica boccia, un deporte paralímpico pensado para personas con parálisis cerebral o movilidad reducida. Aunque a simple vista recuerda a la petanca, es una disciplina estratégica y técnica, donde los jugadores deben lanzar o impulsar bolas de cuero hacia una bola blanca central (jack) en una pista rectangular. Cada partida es un duelo de concentración, precisión y control muscular. Compite en la categoría BC1, que permite lanzar con mano o pie y contar con un asistente para tareas de apoyo, como colocar la silla o acercar el material. «Es un deporte que requiere estar en forma y muchísima concentración. Y no, no es como la petanca», bromeaba en El Partidazo de COPE. Entrena varias veces por semana para ganar fuerza, resistencia y puntería, consciente de que antes de pensar en Los Ángeles debe clasificarse en Europeos y Mundiales. «Voy con mucha ilusión, pero, sobre todo, quiero animar a otros como me animaron a mí a hacer deporte», confesaba.
En lo personal, está casado y es padre de tres hijos. Su primogénito, Hugo, comparte protagonismo con él en el cortometraje Intentando, que él mismo escribió y dirigió. Dos hijos los tuvo con su ex, Rocío, a la que sigue considerando —junto a su actual pareja— una de las mujeres más importantes de su vida. Su familia es una historia de convivencia singular: «Ahora somos siete en casa: mi chica y nuestro pequeño, mis dos hijos y sus gemelas. Representan los valores que hacen falta en la sociedad», ha dicho con orgullo. Su actual pareja, malagueña del barrio marinero de El Palo, lo ha conectado aún más con la ciudad. Tanto, que en noviembre de 2024 inauguró en Huelin su propio restaurante, La Tasca del Langui, un proyecto personal que mezcla gastronomía tradicional con esencia castiza, decorado con azulejos, guiños al metro de Madrid y recuerdos musicales.