Fundado en 1910

Un referente cuya trayectoria marcó durante décadas la cultura del caballo

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Los Alburejos, la finca de Álvaro Domecq que se vendió por cerca de 20 millones de euros

En ella se respiraba esa filosofía que va más allá de la ganadería, creando un ambiente que promovía el respeto hacia la tauromaquia y su historia

La madrugada del 18 de noviembre los Domecq se despertaba con la triste noticia del fallecimiento de una de las figuras más relevantes de la familia, Álvaro Domecq Romero. El maestro del rejoneo y el arte ecuestre andaluz supone la desaparición de un referente cuya trayectoria marcó durante décadas la cultura del caballo y la identidad de su ciudad natal.

Nacido en Jerez en 1940, Domecq creció en el seno de una familia íntimamente ligada al vino, el campo y el toreo. Hijo del rejoneador y ganadero Álvaro Domecq Díez, heredó desde niño el contacto con la equitación y con las faenas del campo bravo.

Su debut como rejoneador se produjo en 1959, iniciando una carrera brillante que lo situó entre las grandes figuras del toreo a caballo del siglo XX. Su estilo elegante y la precisión técnica de sus ejecuciones lo llevaron a integrarse en el célebre grupo de los llamados Cuatro Jinetes de la Apoteosis, una etapa que contribuyó a modernizar y popularizar los espectáculos ecuestres.

Su actividad profesional estuvo siempre vinculada al caballo más allá de los ruedos. Fue un apasionado de la doma clásica, la doma vaquera y otras disciplinas tradicionales, y recibió reconocimientos tan importantes como el Caballo de Oro, además de impulsar la creación de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. Paralelamente, desarrolló una intensa labor como ganadero al frente del hierro de Torrestrella, con reses bravas criadas en la finca Los Alburejos, una de las explotación más reconocidas del campo gaditano.

Es precisamente esta finca en las inmediaciones de Medina Sidonia, en plena Ruta del Toro, en Cádiz, la insignia de la familia hasta febrero de 2020, cuando se decidió venderla por cerca de 20 millones de euros. «Vino un día de visita y quedó maravillada con la casa. Al tiempo llamó para quedarse la finca. Ha sido todo muy sencillo. Me cuentan que quiere mantener la finca tal y como está», explicaba el rejoneador a ABC sobre sus nueva propietaria, Nicole Junkermann, exmodelo y emprendedora alemana criada en Marbella y propietaria de NFJ Capital.

Domecq decidió venderla por 20 millones de euros hace más de cinco añosInstagram

Le acompaña su marido Ferdinando Brachetti Peretti, máximo responsable de API Group, una empresa petrolera transalpina. Se sumaron, así, a la lista de vecinos ilustres entre los que figuran Sol Daurella, presidenta de Coca-Cola European Partners, o Borja Prado Eulate, expresidente de Endesa.

Tras hacerse efectiva la venta, Álvaro Domecq Romero trasladó todo el ganado y los enseres a la finca El Carrascal, también propiedad legendaria de la familia. Terminaba así la potestad de la saga ganadera y ecuestre sobre más de 600 hectáreas de terreno desde los años 40 del pasado siglo, cuando fue adquirida por Álvaro Domecq y Díez.

La finca disponía de distintos espacios para la celebración de eventos privadosInstagram

La adquirió por estar ubicada en una zona conocida por su terreno ondulado, vastos pastos y el microclima ideal para la cría de toros de lidia. Al principio, llamó a su ganadería Valcargado, como una finca colindante, pero terminó cambiándola a la insigne Torrestrella en 1957 por la fortificación morisca del siglo XIII que está en las inmediaciones. Cuenta con una plaza de tientas, una plaza de toros, además de un picadero y un vasto campo para pastar.

En Los Alburejos se respiraba esa filosofía que va más allá de la ganadería, creando un ambiente que promovía el respeto hacia la tauromaquia y su historia. Ha sido lugar de encuentro taurino, donde los asistentes podían conocer de cerca la vida del toro de lidia, entender el proceso de crianza y descubrir el arte de la selección de los animales. Además, se utilizaba también para llevar a cabo eventos de lujo, además de localización para rodajes de películas como Yo he visto la muerte, de José María Forqué y en la que aparecieron Álvaro Domecq con su padre.