Paola Foster con su madre
Paola, así es la hija de Norman Foster y Elena Ochoa
La joven ha seguido los pasos de sus padres estudiando Historia del Arte y Teoría Arquitectónica en Harvard
Paola Foster nació en Londres hace 27 años con uno de esos apellidos que, antes incluso de pronunciarse, ya dicen algo. Hija de Sir Norman Foster, uno de los arquitectos más influyentes del mundo, y de Elena Ochoa, editora y figura clave del universo del libro de arte, creció entre aeropuertos, ciudades y proyectos en marcha, con la arquitectura y los libros como paisaje cotidiano. «Desde que era muy pequeña, quizá antes de tener uso de razón», cuenta, los viajes familiares giraban alrededor de las obras de su padre, como si su calendario personal se midiera en inauguraciones y visitas a edificios.
Su primer recuerdo no tiene que ver con un juguete ni con una casa, sino con una sensación: Berlín, cinco años, subiendo la rampa del Reichstag hacia la cúpula de cristal mientras su hermano gateaba detrás y su padre iba en bicicleta. «Desde que era muy pequeña, quizá antes de tener uso de razón, la arquitectura siempre ha estado presente en mi vida. Mi primer recuerdo es en Berlín, con unos cinco años. Recuerdo subir por la rampa del Reichstag con mi hermano gateando y mi padre en bicicleta».
Estudió Historia del Arte y Teoría Arquitectónica en Harvard y después dio el salto al Máster en Arquitectura en Yale, donde ahora también ejerce como Teaching Fellow, colaborando como asistente docente y acompañando a otros estudiantes en clases y revisiones de proyectos. De sus años en Cambridge habla con agradecimiento en su primera entrevista con Forbes, describiéndolos como un tiempo de librerías, museos y conversaciones que se alargaban más allá de las clases, pero también de escapadas a Boston para cambiar de ritmo y recordar que la universidad no solo se vive en los seminarios, sino en la calle. En esa misma conversación relató cómo fue sumando experiencia entre bastidores: catalogó manuscritos en Sotheby’s, participó en el desarrollo de exposiciones en la Royal Academy of Arts y en Whitechapel Gallery, tradujo textos en Le Stanze del Vetro en Venecia y colaboró con la Peggy Guggenheim Collection. En la galería de Vito Schnabel fue, según su propia definición, «la chica para todo», desde servir cafés hasta escribir newsletters. «Ser cocinera antes que fraile», dijo, dejando claro que siempre ha preferido empezar desde abajo.
Paola Foster con su padre
Pero su aprendizaje más directo no llegó en una gran capital cultural, sino en una isla. Entre los 14 y los 16 años, cada verano trabajó como cajera en Alley’s, la tienda de ultramarinos más antigua de Martha’s Vineyard. Iba en bici al amanecer y regresaba a casa a primera hora de la tarde, conociendo a los vecinos que pasaban a por el periódico o la compra del día. Allí, asegura, aprendió a leer a la gente mejor que en cualquier aula.
Cuando habla de su padre lo hace sin solemnidad. Uno de los proyectos que más la ha marcado recientemente es el nuevo edificio de JPMorgan en Nueva York, al que define como una «ciudad en pequeño», donde la luz y la estructura ordenan el ir y venir de miles de personas. Recorrerlo a su lado y escuchar el porqué de cada decisión, cuenta, le dio otra forma de entender la arquitectura.
Para desconectar, se va al aire. Desde hace casi dos años aprende a pilotar y suele volar al amanecer, cuando la ciudad todavía duerme. Recuerda su primer despegue sola en una pequeña Cessna como un instante de pura concentración: «Éramos solo yo, los instrumentos y el horizonte».
«Soy consciente de las asociaciones que conlleva mi apellido, pero no lo he vivido nunca como una presión negativa», afirma. En su Instagram, con algo más de 7.000 seguidores, mantiene una galería personal de edificios, libros, exposiciones y fragmentos de ciudad, con apariciones ocasionales de su padre o su hermano. Aunque ha vivido en medio mundo, dice llevar Madrid en el corazón y conocer sus barrios, de Lavapiés al Retiro, como si fueran propios.
En la historia familiar también está su hermano menor, Eduardo, de 24 años, que pasó por la Stern School of Business de Nueva York antes de formarse en Real Estate y Planificación Urbana en University College London. Según la Fundación Norman Foster, fue jefe de visitas del Stern Real Estate Group y presidente de la Real Estate Society en la UCL, una trayectoria que refuerza la idea de que, en los Foster, la ciudad es casi un legado.