Ricardo Arroyo
El drama de Ricardo Arroyo, de 'La que se avecina': dos años ingresado y abandonado por sus compañeros
El actor reconoce que echa mucho de menos actuar y que la distancia con el mundo profesional le ha dolido especialmente
Desapareció de la vida pública hace tres años. De un día para otro. Sin explicaciones, sin despedidas y sin que nadie supiera qué había pasado con él. Y la pregunta era siempre la misma: ¿dónde está Ricardo Arroyo? La imagen que muchos siguen teniendo grabada es la de Vicente Maroto, su inolvidable personaje en La que se avecina: gruñón, perezoso, con una cerveza en la mano y pegado al sillón. Así murió en la serie… y casi al mismo tiempo también desapareció el actor que le dio vida. Lo que parecía una retirada silenciosa escondía en realidad un colapso físico y mental.
Ricardo Arroyo nació en Barcelona el 28 de noviembre de 1950 (75 años) y ha dedicado toda su vida a la interpretación. Nunca fue un actor de escándalos ni de titulares, pero sí uno de esos rostros fijos de la televisión española, con una carrera larga y sólida construida a base de trabajo constante. Participó en series muy populares como Médico de familia, Compañeros, Hospital Central, El comisario o Ana y los 7.
El gran salto de popularidad le llegó con Aquí no hay quien viva, donde interpretó a Higinio. Desde entonces su cara se volvió familiar para millones de espectadores. Sin embargo, el papel más recordado de su carrera fue el de Vicente Maroto, personaje al que dio vida durante 17 años desde el estreno de la serie en 2007. Su peculiar filosofía (mínimo esfuerzo, máximo sofá y pasión absoluta por el fútbol) lo convirtió en uno de los vecinos más queridos por el público.
Todo cambió en la temporada 15. En el quinto capítulo, su personaje aparecía muerto en su sillón. Antonio Recio y Amador Rivas lo encontraban días después, con la televisión puesta en deportes y una nota a su lado que decía: «Creo que por fin me está dando un infarto. Iba a escribir una nota de despedida, pero qué pereza». Un final totalmente fiel a su esencia. Más tarde, Amador esparcía sus cenizas en el césped del estadio del Atlético de Madrid en una despedida tan absurda como emotiva. Lo que nunca se aclaró fue si la decisión de cerrar su historia fue cosa del actor o de los guionistas.
Tras aquella escena llegó el retiro. Durante mucho tiempo no se supo nada de él. Hasta ahora. Se ha sabido que Ricardo lleva casi dos años ingresado en una clínica de descanso en Madrid, donde él mismo asegura: «Estoy recuperándome… mi lucha es para salir». El motivo es un colapso provocado por el estrés acumulado tras décadas de rodajes exigentes. Él lo explica con claridad: «No tenía vida». Trabajaba jornadas de más de doce horas, llegaba a casa tarde, estudiaba guiones y madrugaba para volver a grabar. «No me pasó por la fama, me pasó por la prisa, por trabajar tanto. El cuerpo y la mente dijeron basta».
El actor también reconoce que echa mucho de menos actuar y que la distancia con el mundo profesional le ha dolido especialmente. «Ninguno se ha puesto en contacto. Cuando estás trabajando, eres la hostia. En cuanto desapareces, nadie se acuerda. Te sientes abandonado», ha contado recientemente en el programa El Tiempo Justo.
Su recuperación no está siendo sencilla. Ha pasado por varias clínicas, ha sufrido mareos, problemas de memoria y hasta una veintena de caídas en la calle. El tratamiento le cuesta alrededor de 3.000 euros al mes, pero tiene claro que ahora su prioridad absoluta es la salud. Casado y padre de tres hijas, siempre ha protegido su vida privada, y en esta etapa lo hace todavía más.