Hassan II
La guerra de la Familia Real de Marruecos para silenciar a la presunta hermanastra de Mohamed VI
Una mujer de 72 años lleva años litigando para demostrar que es la hija de Hassan II
Jane Benzaquen, una mujer de 72 años nacida en Casablanca, lleva años intentando demostrar que es hija biológica del Rey Hassan II, fallecido en 1999 y padre del actual monarca Mohamed VI. Su última maniobra judicial ha reactivado el caso y ha provocado una reacción inédita del entorno del palacio real marroquí. Benzaquen ha pedido a un tribunal federal de Nueva York que obligue al hospital Mount Sinai a entregar posibles muestras médicas del antiguo soberano que permitan realizar una prueba de ADN. Su objetivo es resolver la pregunta que dice arrastrar desde hace décadas: quién fue su padre.
Según su versión, su madre (una joven dependienta de una tienda de moda en Casablanca) mantuvo una relación con el entonces príncipe heredero a comienzos de los años cincuenta. Afirma que un coche lujoso pasaba a recogerla, le dejaba regalos y comida y la llevaba a encuentros privados. En 1953 nació Jane. Poco después, madre e hija abandonaron Marruecos y se instalaron en Bélgica, donde el marido de su madre la reconoció legalmente como hija.
La duda sobre su origen se mantuvo hasta julio de 1999. Benzaquen ha contado que, al ver por televisión los funerales del monarca, sintió una sacudida: dice que reconoció en su rostro rasgos idénticos a los suyos. Ese momento, sumado a recuerdos transmitidos por su abuela, la empujó a iniciar una batalla judicial que ya dura más de dos décadas.
El rey Mohamed VI de Marruecos y su heredero, el príncipe Moulay Hasán
Ha probado suerte en varios países. En Israel, donde emigró de joven gracias a su ascendencia judía y donde incluso hizo el servicio militar, presentó una demanda de reconocimiento de paternidad que fue rechazada en 2008. Después acudió a Bélgica. Allí sí logró avances: una prueba genética demostró que el hombre que la había reconocido al nacer no era su padre y otro test señaló que su origen biológico procede del Magreb y Oriente Próximo, no de Europa. Pero sin una muestra del Rey, no existe comparación posible.
Ese es el punto central del conflicto. La familia real marroquí se niega a facilitar material biológico del antiguo soberano. En Marruecos no existe obligación legal de someterse a pruebas de paternidad y, además, el Consejo de Ulemas (máxima autoridad religiosa) ha declarado que esos análisis son contrarios a la ley islámica. Con ese camino cerrado, la defensa trasladó el caso a Estados Unidos a finales de 2025.
La maniobra inquietó a Rabat. Por primera vez, el palacio pasó del silencio a la acción directa. Según reveló El Independiente, el Estado marroquí encargó discretamente a expertos británicos un informe para analizar si existe parecido físico entre Benzaquen y el monarca fallecido. El documento, de más de 50 páginas, concluye que las similitudes entran dentro de la variabilidad normal y no prueban ninguna relación biológica. La defensa replica que el análisis facial nunca fue su prueba principal, solo un elemento secundario dentro de un conjunto de testimonios y datos contextuales.
Mientras tanto, la familia real ha denunciado a la mujer por presunto intento de estafa y extorsión y ha reforzado su estrategia con bufetes internacionales. El proceso en Estados Unidos podría obligar a un juez a decidir si los historiales médicos de un jefe de Estado fallecido pueden hacerse públicos, algo que choca con estrictas leyes de confidencialidad sanitaria.
Mohamed VI con su hijo Moulay Hassan
Todo ocurre, además, en pleno ramadán, un periodo especialmente sensible en Marruecos en el que la imagen pública de la monarquía suele cuidarse con máximo detalle. El caso, sin embargo, avanza fuera del país y con tribunales extranjeros implicados, lo que limita el control de Rabat sobre el proceso.
El desenlace sigue siendo incierto. Si la justicia estadounidense autorizara el acceso a muestras médicas y el ADN confirmara la filiación, el impacto sería sobre todo simbólico, pero delicado: supondría incorporar a la historia oficial de la dinastía alauí a una presunta hija extramatrimonial del antiguo Rey. Hasta entonces, la incógnita permanece abierta y la batalla judicial continúa.