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Reina Sofía, en el palacio donde vivió los veranos de su infanciaMontaje: David Díaz

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Así es el Palacio Tatoi, el refugio de la Reina Sofía en su infancia que reabrirá sus puertas

Un auténtico tesoro, testimonio de la vida política, social y privada de la monarquía griega

Al norte de la región griega de Ática, se extiende un macizo montañoso conocido como el Parnés –o Parnitha–. El que es uno de los diez parques nacionales del país por sus bosques de robles y pinos se convirtió en el siglo XX en el principal lugar de veraneo de los locales gracias a sus viñas de calidad, sus rutas senderistas y sus grutas desconocidas. Entre las propiedades más destacadas se encuentra el palacio Tatoi, la finca de recreo de la familia real griega donde creció la Reina Sofía antes de convertirse en reina consorte de España.

Sin embargo, en 1967 la familia fue forzada a abandonar el país con muy pocas pertenencias, dejando atrás sus residencias y todo lo que había en ellas. El abrupto exilio convirtió al palacio en una propiedad fantasma abandonada por el paso de los años.

Construido a comienzos del siglo XIX, es un palacio al que muchos califican como el Marivent griego. Su emplazamiento frente al mar mediterráneo y sus grandes y espectaculares jardines demuestran que la propiedad guarda similitudes con el mallorquín, edificado a principios del siglo XX. Fue el Rey Jorge I de Grecia quien compró la parcela y ordenó que se diseñara el palacio al estilo de San Petersburgo, con los elementos clásicos característicos de la dinastía rusa, para contentar a su mujer Olga, sobrina de Alejandro II, zar de Rusia.

«Tengo maravillosos recuerdos de nuestra vida familiar en Tatoi. Me parece estar oliendo aquellas brisas, entre los eucaliptos, los pinos, los castaños y los cipreses», cita Pilar Urbano como palabras de Doña Sofía en su libro La Reina a colación de esta finca de 4200 hectáreas y 40 edificios. Además del principal, se distinguía una lechería, una carnicería, una herrería e, incluso, un hotel. También se levantó un panteón con capilla de estilo bizantino llamada iglesia de la Resurrección. Alrededor, destacaba. un hermoso camposanto con tumbas sencillas de mármol blanco.

En febrero de 2021, el gobierno griego desveló sus planes de convertirlo en un museo, con cuatro áreas de exposición, un hotel, tiendas y espacios de hostelería y actividades agrícolas. Desde entonces, se ha llevado a cabo un extenso trabajo de preservación y restauración del complejo con un coste estimado de 70 millones de euros.

Durante las tareas de limpieza y catalogación, comenzaron a salir a la luz objetos que se creían perdidos: coronas, cetros, medallas, automóviles, carruajes, una variedad de joyas reales cuidadosamente guardadas en estuches antiguos e incluso el vestido de novia de la Reina Ana María. Un auténtico tesoro cultural, testimonio de la vida política, social y privada de la monarquía griega.

Para Lina Mendoni, ministra griega de Cultura, la finca Tatoi es mucho más que un antiguo palacio: «En el corazón de su belleza natural se encuentra el recuerdo de la historia política y social moderna de nuestro país». Esta declaración subraya la importancia simbólica del lugar, en la encrucijada de la naturaleza y la historia.

«Es uno de los proyectos de infraestructura cultural más grandes y complejos del país, cuyo objetivo es crear un parque cultural moderno abierto al público que integre la memoria histórica con el uso público», declaró a un periódico local. Aseguró, además, que se expondrán retratos, muebles y pertenencias originales de la familia.

Sin embargo, el camino hacia la reapertura al público no ha sido nada sencillo. En agosto de 2021, un incendio de grandes dimensiones estalló al norte de Atenas, arrasando con la vegetación a su paso y llegando a 5 de las 40 construcciones, pero sin devastarlas por completo. Las piezas de más valor quedaron a salvo, incluido el cementerio real, pero la finca sí sufrió diversos daños.

Meses antes del incendio, el palacio fue visitado por Carlos III y la Reina Camila, que un viaje privado a Grecia, quiso conocer los lugares en los que había vivido y jugado su padre, Felipe de Edimburgo. El monarca quedó sobrecogido por el lugar y decidió colaborar en devolver el esplendor de antaño con una donación de 12 millones de libras que hizo a través de la King's Trust.

La renovación añade así una dimensión conmemorativa a un sitio ya de por sí histórico. Sin embargo, según los plazos que maneja el Gobierno griego, no será hasta finales de 2026, cuando el palacio Tatoi dejará de ser solo un lugar de recuerdo. Solo entonces se convertirá en un espacio vivo y abierto donde el patrimonio real y la naturaleza volverán a interactuar en armonía.