Mario Casas, en el photocall de Zeta
La urbanización de Madrid en la que vive Mario Casas con su novia Melyssa
El actor encontró su refugio en Torrelodones, rodeado de naturaleza y tranquilidad, aunque su casa está actualmente en venta
Mario Casas se encuentra en plena promoción del thriller de acción Zeta. Este miércoles se sienta en El Hormiguero junto a Mariela Garriga para presentar su nuevo proyecto, el thriller de acción Zeta. Mientras su carrera sigue avanzando, hay un detalle de su vida personal que sigue generando curiosidad: la casa en la que vive actualmente continúa en venta. Sí, tal y como se contó, la vivienda sigue en el mercado, aunque él no se ha mudado y continúa haciendo vida allí con total normalidad junto a su novia, la influencer y exconcursante de La isla de las tentaciones, Melyssa Pinto, con quien comparte su día a día en este entorno tan particular.
La propiedad se encuentra en Los Peñascales, una de las urbanizaciones más exclusivas del norte de Madrid, ubicada en Torrelodones, un enclave que combina lujo, discreción y naturaleza. Es precisamente ese equilibrio lo que llevó al actor de Tres metros sobre el cielo a instalarse allí, ya que en varias entrevistas ha explicado cómo su calidad de vida cambió por completo al alejarse del centro de la ciudad y apostar por un entorno más tranquilo, donde poder desconectar, tener espacio y, sobre todo, disfrutar de algo tan sencillo como pasear a sus perros sin el ritmo frenético de Madrid. «Tengo mi lugar, mi casa fuera de Madrid […]. He creado ese sitio, esa cueva, para poder estar conmigo mismo y desaparecer del gentío», confesó en una entrevista. Y no es casualidad, teniendo en cuenta que vivió con sus padres hasta los 33 años y ahora, con 39, ha encontrado su propio refugio.
Casa de Mario Casas
Casa de Mario Casas
Lo cierto es que no vive en urbanización cualquiera, sino un complejo amplio que se reparte entre Torrelodones y Las Matas, rodeado por la sierra de Guadarrama, lo que lo convierte en un lugar muy valorado por quienes buscan vivir en plena naturaleza sin renunciar a la cercanía con la capital de España. Cuenta con vigilancia 24 horas, grandes avenidas, viviendas unifamiliares y zonas que invitan a una vida más tranquila, como su lago o los caminos que conectan directamente con la sierra. Además, está dividido en áreas como Montealegre, Bellavista o Arroyo de Trofas, y tiene incluso detalles curiosos, como que antiguamente contó con un apeadero de tren que hoy ya no existe.
En este entorno se encuentra la casa de Mario, una vivienda que no compró hecha, sino que decidió construir desde cero en 2017, cuando tenía poco más de 30 años y quiso crear lo que él mismo definió como «la casa de sus sueños». Para ello se implicó directamente en todo el proceso junto a su padre, que es constructor, supervisando el diseño, la distribución y cada detalle. El resultado es una casa moderna y minimalista, de unos 300 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, dentro de una parcela de 700 metros cuadrados con jardín, piscina privada, zona de barbacoa, garaje y trastero.
Mario Casas, acompañado de su madre
El interior sigue esa misma idea de abrir la casa al exterior, con una planta baja pensada para los espacios comunes, donde destacan un gran salón, una cocina americana, una chimenea muy protagonista y una escalera flotante que conecta con la planta superior. Los grandes ventanales permiten que la luz entre y que la vivienda esté en contacto constante con la naturaleza que la rodea, algo que define por completo la forma de vivir en ella. Y, sin embargo, pese a tratarse de la casa que él mismo diseñó y en la que sigue viviendo, la propiedad está en venta. Salió al mercado por alrededor de 1,5 millones de euros y, aunque en su momento decidió retirar el anuncio, lo cierto es que la vivienda sigue disponible mientras el actor continúa residiendo allí junto a Melyssa Pinto, manteniendo su rutina con total normalidad.
Todo esto encaja con el tipo de vida que ofrece Torrelodones, un municipio de unos 25.000 habitantes rodeado de espacios naturales protegidos como la Cuenca Alta del Manzanares o el curso medio del Guadarrama, donde muchas personas trabajan en la ciudad pero eligen vivir fuera para ganar tranquilidad, espacio y calidad de vida.