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El torero José Ortega CanoGTRES

Las duras palabras de los críticos taurinos sobre el baile de Ortega Cano encima de un capote

Críticos como Rubén Amón cargan contra su baile con el capote, mientras Israel Lancho sale en su defensa: «No ha hecho nada malo»

El último episodio protagonizado por José Ortega Cano ha desatado una tormenta mediática que va mucho más allá de lo anecdótico. Su ya viral «baile» con un capote en plena iglesia de San Antón durante un concierto solidario, ha generado una oleada de críticas, mofas y análisis, especialmente desde el mundo taurino, donde muchos no han dudado en calificar el momento como un golpe a la dignidad del oficio.

Las imágenes, que han recorrido las redes sociales a gran velocidad, muestran al extorero entregado a una especie de improvisada performance: pases de capote, movimientos exagerados, posturas cercanas al yoga e incluso momentos en los que se tumba en el suelo elevando las piernas. Una escena que, para algunos, roza lo surrealista. Pero más allá del tono humorístico con el que muchos usuarios han reaccionado, lo cierto es que entre los críticos taurinos el malestar ha sido evidente.

Uno de los más contundentes ha sido Rubén Amón, quien no ha escatimado en calificativos al referirse al episodio. El periodista ha definido la actuación como «un ridículo y un esperpento», asegurando que las imágenes son «más propias de un delirio» y que, en su opinión, «dañan su reputación». Sus palabras reflejan una sensación compartida por parte de ciertos sectores: la idea de que Ortega Cano, figura histórica del toreo, ha cruzado una línea que mezcla lo artístico con lo grotesco.

Ese malestar no se limita a una cuestión estética. Para muchos aficionados y expertos, el capote no es un simple objeto escénico, sino un símbolo cargado de tradición, respeto y liturgia. Verlo convertido en parte de una coreografía improvisada en un contexto ajeno al ruedo ha sido interpretado por algunos como una banalización de la tauromaquia. De hecho, Amón llegó a apuntar que «muchos toreros sienten vergüenza» al contemplar estas imágenes, lo que subraya el alcance del debate.

A esta crítica se han sumado otras voces desde el ámbito mediático, recordando además que no es la primera vez que Ortega Cano protagoniza momentos virales que terminan eclipsando su legado profesional. Expresiones como «estamos tan a gustito» o su célebre comentario sobre el «semen de fuerza» han quedado grabadas en la memoria colectiva, y ahora este nuevo episodio vuelve a situarle en el foco, no precisamente por su trayectoria en los ruedos.

En defensa

Sin embargo, no todo han sido ataques. En medio del ruido, también han surgido voces en defensa del torero, apelando a la libertad individual y al derecho a expresarse sin someterse constantemente al juicio público. En este sentido, durante el programa Espejo Público, el torero Israel Lancho ha ofrecido una de las defensas más claras y directas. «¿Qué ha hecho malo?», se pregunta Lancho, visiblemente sorprendido por la dureza de las críticas. En su intervención, ha defendido que Ortega Cano simplemente «ha salido con su capote a expresar lo que lleva dentro» y que no ha hecho daño a nadie. Frente a quienes ven ridículo en la escena, él propone una lectura completamente distinta: la de un hombre que, lejos de esconderse, se muestra tal y como es.

Lancho ha ido más allá al cuestionar la doble vara de medir de la sociedad actual: «No se puede poner el grito en el cielo porque una persona salga con el capote y exprese lo que quiera». Incluso ha comparado la polémica con otras tendencias sociales que, a su juicio, resultan más difíciles de comprender, restando así gravedad al gesto del extorero. «Me parece más ridículo lo de los Therian», ha dicho.

Para él, lo ocurrido no empaña la trayectoria de Ortega Cano ni debería convertirse en motivo de escarnio público. Además, ha destacado un aspecto que ha pasado más desapercibido: la intención emocional detrás del gesto. «Él es feliz y le da rienda suelta a su felicidad», afirma, interpretando la escena no como un acto ridículo, sino como una expresión sincera, casi generosa, de alguien que decide compartir un momento personal sin filtros. «A mí no me ha dado pena en ningún momento», ha sentenciado.