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Sara Carbonero, junto a su hermana Irene y su madre Goyi Arévalo

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Sara Carbonero se despide de su madre en una emotiva carta: «No habrá un solo día en el que no piense en ti»

Goyi Arévalo falleció el pasado 13 de abril tras una larga lucha contra una enfermedad

Han pasado apenas dos semanas desde que Sara Carbonero vivió uno de los golpes más duros de su vida. La joven perdía a su madre, Goyi Arévalo, el pasado 13 de abril tras una larga lucha contra una enfermedad y a quien despidió rodeada de sus seres queridos en su localidad natal Corral de Almaguer.

Ahora, a través de sus redes sociales, ha querido rendirle homenaje con una carta cargada de emoción, dolor y agradecimiento, que rápidamente ha conmovido a miles de seguidores. «Cuánto te echo de menos, cómo duele, mamá», comenzaba la periodista, comentando que escribe una de las palabras más difíciles de su vida. «Todo pasará una y otra vez en la vida, menos tú, mamá».

«Aquí estoy escribiendo las palabras más difíciles de toda mi vida. Y lo hago por ti, porque siempre me decías que escribiese más, que te encantaba leerme. En realidad, todo lo hacía por ti, mamá. Para que estuvieses orgullosa, para sacarte una sonrisa, para verte feliz», continúa.

«Aún no puedo creer que no vaya a sonar el teléfono cada mañana, la primera de las tres o cuatro llamadas del día. Ni que no pueda volver a abrazarte nunca más. Tampoco podré buscar refugio en ti ni escuchar tus consejos, esos que siempre me salvaban», expresa.

«Creo que lo que peor llevo es que la vida siga como si nada, porque para mí es como si el mundo se hubiese parado. Como si me hubiesen amputado una parte del cuerpo», ha explicado. «Sé que lo que tú querrías es vernos bien, por eso intento cada día levantarme. Por eso no quiero que la tristeza y la rabia que siento ahora me paralicen. Por eso aquí abajo somos más piña que nunca, Irene, los niños… Nos cuidamos como a ti te gustaría», indica.

«Mamá, desde donde quiera que estés, necesito que sepas que has dejado un vacío muy grande porque eras una mujer excepcional. No sabes lo que te quería la gente y cómo me han hablado de ti todos estos días. En la iglesia no cabía un alfiler», le reconocía directamente a su madre.

Además, explica que todo el que tuvo la suerte de conocerla la definía como una mujer buena, generosa, dulce, valiente , luchadora. «Una mujer que nunca tuvo una mala palabra hacia nadie, una mujer sin prejuicios. Que era todo amor, bondad, que se desvivía por los demás. Por tu familia, tus nietos, tus amigos… Qué orgullo tan grande ser tu hija».

«Me alivia imaginar que ahora estás en un lugar mejor, eso dicen. Aunque yo sigo pensando que deberías seguir aquí , que nos quedaban muchas cosas por hacer, por disfrutar y por vivir. Que ya tocaba la racha buena», escribe, con cierta desazón por todos los planes que se han quedado sin hacer.

«Mamá, no habrá un solo día en el que no piense en ti, tu recuerdo seguirá vivo por siempre y tú seguirás viva en mi corazón. Ayúdanos y danos fuerza para aprender a vivir sin ti, mándanos alguna señal. Estaré atenta. Te escribiré cada día. Dirección: el cielo. Tanto amas , tanto duele. 'Y yo a ti, mamá'. Siempre», concluía.