María Iborra y su madre, la actriz Verónica Forqué, durante la presentación de la obra de teatro 'La vida a palos', en 2018
La hija de Verónica Forqué relata cómo fueron sus dramáticas últimas horas en su casa de Madrid
María Iborra publica 'No soy Verónica Forqué', cuatro años después de que su madre se quitara la vida a los 66 años
Nunca es fácil hablar sobre la muerte de una madre, sobre todo cuando ella misma tomó la decisión de terminar con todo a los 66 años. María Iborra, la hija de Verónica Forqué, acaba de publicar un libro donde desgrana el tortuoso camino de la actriz y cómo su salud mental se fue debilitando a lo largo de los años. Titulado No soy Verónica Forqué, es un homenaje pero también una reivindicación.
La Dj y bailarina ha relatado cómo fueron sus últimas horas. «Mi madre se suicidó con un pañuelo. Era un pañuelo de seda, gris azulado con flores azules y granates, que se llevaron los forenses como un elemento de prueba, o por lo que fuera, y nunca me lo devolvieron. Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer. Enfrente de ella había un espejo, y seguramente se miró en él, y respiró profundamente, como para coger fuerzas, antes de dejarse caer para ahorcarse», declara en conversación con ABC.
El 13 de diciembre de 2021, Verónica Forqué era encontrada muerta en el baño de su casa por Menuka, la mujer nepalí que se encargaba de sus cuidados. Horas antes, María salió de casa y se despidió de su madre sin saber que sería la última vez que la viera con vida.
«Ahora me pregunto si, cuando yo salí de casa, ella ya había decidido que iba a ser ese día. Lo cierto es que, según me contó Menuka, esa misma mañana se encontró con que mi madre había sacado del armario todos sus pañuelos y los había extendido en la cama. Naturalmente, le extrañó, aunque no supo interpretar la causa de ese despliegue. Ahora sabemos la causa: mi madre estaba valorando cuál de ellos sería el más adecuado. Un casting de pañuelos», añade sobre la forma que Forqué eligió para morir. «Le di un beso y salí. Ahora me pregunto si, cuando yo salí de casa, ella ya había decidido que iba a ser ese día»
La actriz Verónica Forqué en el festival de cine de Valladolid
Verónica Forqué sufrió su primera depresión en 2014. Logró salir adelante gracias a la medicación, el trabajo y el apoyo de su marido, Manuel Iborra. Aquel año llegaría otro gran revés con la repentina muerte de su hermano Álvaro. La actriz, no obstante, se repuso rápidamente del duelo y se refugió en su trabajo. «Esa obligación de no rendirse jamás, de ver siempre el lado positivo de las cosas, acabó pasándole factura», lamenta ahora su hija.
Verónica empezó a fumar marihuana, hábito que también había tenido su hermano. «Solía decir que eso la mantenía cerca de él», cuenta María. Tres años y medio después, la actriz sufriría otro varapalo con la muerte de su madre, con quien había tenido una relación de amor-odio. Sin embargo, la DJ asegura que «pese a las catástrofes de los últimos años, se sentía fuerte y tenía ganas de seguir trabajando».
En 2020, representó la que resultó ser su última obra de teatro, Las cosas que sé que son verdad. Durante los ensayos mostró un «comportamiento estrambótico, extraño» en los ensayos y las funciones empezaba a dar señales de alarma. Luego llegó la pandemia y el confinamiento que pasó junto a su hija en su casa de Pozuelo de Alarcón.
Paso por Masterchef
Uno de los puntos más controvertidos fue su participación en MasterChef. María reflexiona sobre la vulnerabilidad de su madre frente a las cámaras: «Desde la producción de MasterChef debían de darse cuenta de que mi madre no estaba bien. Así que tuvieron que decirse: 'Uy, está fatal, está como unas maracas; qué bien, cuánta audiencia vamos a tener...'». La joven añade con tristeza: «Era una loquita. ¡Y una loquita competitiva, o sea, una loquita por partida doble! ¿Había algo mejor que eso para elevar la audiencia?».
Verónica Forqué en Masterchef
Sin embargo, lo más duro llegó con la emisión y los ataques en redes sociales: «Jamás hubiera podido imaginar que su persona despertara unas reacciones tan furibundas de odio. Empezaron a prodigarse las críticas y a multiplicarse los haters, y ella se desestabilizó aún más. Se convirtió en una zombi. Ya ni siquiera se levantaba de la cama. 'La he cagado. La gente me odia', decía».