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La actriz Carmen Machi y su pareja a su llegada al Cigarral del Ángel, en ToledoJUANMA JIMENEZ

La historia de amor de Carmen Machi y su novio músico que dura más de 20 años

La actriz brilla en lo profesional mientras protege con celo su mayor tesoro: una sólida relación junto a su pareja

A sus 63 años, Carmen Machi se encuentra en el olimpo de la interpretación en España tras casi medio siglo devorando escenarios y pantallas de televisión. Este miércoles, la actriz vivió una de las citas más solemnes de su carrera al recibir en el Teatro Rojas de Toledo la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de manos de los Reyes Felipe VI y Letizia. Sin embargo, más allá del brillo de los focos, el verdadero triunfo de la madrileña se esconde en las butacas: la presencia excepcional de Vicente, el músico alto y con inconfundible estética rockera que es el gran amor de su vida.

Los Reyes este miércoles en la entrega de Medallas a las Bellas ArtesGTRES

Su asistencia a un acto institucional de este calibre es un auténtico acontecimiento, ya que la protagonista de Aída ha blindado su vida íntima bajo un hermetismo radical que desafía las dinámicas de la prensa del corazón. Machi acude sistemáticamente sola a las alfombras rojas y estrenos, manteniendo una frontera infranqueable entre su profesión y su hogar, por lo que solo en los momentos de máxima inflexión vital se permite romper su propia regla. Una de las veces que el público pudo vislumbrar la tremenda complicidad de la pareja fue hace ya más de una década, en la gala de los Goya de 2015, cuando tras ganar el premio por Ocho apellidos vascos, las cámaras inmortalizaron un apasionado beso de la pareja antes de que ella subiera al escenario para lanzarle un piropo que ya es historia de la televisión: "Por ser más bonito que ná”.

La fórmula de este éxito sentimental que supera ya las dos décadas de resistencia no sigue los cauces tradicionales de la sociedad, sino un pacto implícito de absoluta libertad y desapego por las convenciones sociales. En el universo que Carmen y Vicente han construido en su piso de 100 metros cuadrados en el barrio madrileño de Malasaña no hay contratos matrimoniales ni planes de crianza. La actriz ha abordado siempre con una honestidad cortante y desarmante su rechazo absoluto a la estructura familiar clásica, admitiendo abiertamente que tanto la boda como la maternidad son conceptos que le despiertan un miedo paralizante.

En lugar de grandes lujos, esa sólida complicidad se mide en los pequeños detalles del sofá de su casa, donde las maratones de series tienen sus propias leyes de juego; la actriz confesaba con guasa en El Hormiguero que el pacto del mando a distancia solo funciona en una dirección, puesto que ella no tiene reparos en avanzar capítulos si su novio se queda dormido, mientras que él tiene estrictamente prohibido continuar la trama si es ella quien cae en el sueño.

Esta sintonía se traslada también a las calles de Madrid, donde las pocas imágenes que existen de ellos reflejan una vida de barrio absolutamente tranquila y ajena al glamur: compartiendo confidencias mientras toman algo en una terraza, paseando abrazados por el centro o haciendo la compra como cualquier otra pareja anónima.

La actriz y su novio VicenteGTRES

Y cuando la presión de los rodajes aprieta, el refugio definitivo de ambos se traslada a las playas de Zahara de los Atunes, donde los fotógrafos han logrado captar las escasísimas estampas veraniegas de la pareja disfrutando del anonimato del mar como dos turistas cualesquiera, confirmando que su relación se sostiene sobre la base de un compañero al que Carmen define como un «ser maravilloso y extraordinario» que no necesita figurar para ser su pilar fundamental.

Toda esta madurez emocional y estabilidad cotidiana contrasta, sin embargo, con las turbulencias que marcaron los primeros años de vida de la actriz, cuya biografía esconde pasajes dignos de un guion de misterio y superación. Aunque criada en Getafe, la genética artística de Carmen arrastra una herencia internacional vinculada a su bisabuelo paterno, un intérprete italiano de Génova que tuvo un trágico y enigmático final al ser encontrado sin vida en un hotel junto a una maleta repleta de dinero en efectivo. No fue el único drama que marcó su historia; la propia Machi desveló que durante su niñez padeció una severa anorexia infantil que la mantuvo prácticamente sin probar bocado sólido hasta cumplir los siete años. Aquella época oscura de inyecciones de hígado de bacalao y tratamientos antiguos quedó atrás gracias al poder terapéutico del teatro, el mismo arte que hoy le da sus mayores alegrías mientras ella sigue construyendo su realidad ideal: una vida de éxito blindada y compartida bajo sus propias reglas.