El empresario Víctor de Aldama a su salida de la Audiencia Nacional,
La cruz de la que no se separa Víctor de Aldama desde el inicio de su periplo judicial: su origen y su historia
Durante meses, una pequeña cruz plateada ha permanecido prendida en la solapa de sus americanas
Hay quien guarda una estampita en la cartera y quien se pone siempre la misma pulsera para una entrevista importante convencido de que le protege en los momentos difíciles. En pleno siglo XXI seguimos recurriendo a los mismos rituales que acompañaron a nuestros abuelos, porque la suerte, la fe o la simple necesidad de aferrarse a algo cuando todo parece tambalearse continúan ocupando un espacio reservado en la psicología humana. Víctor de Aldama no ha sido una excepción.
Durante meses, una pequeña cruz plateada ha permanecido prendida en la solapa de sus americanas mientras atravesaba el capítulo más complejo de su vida, acompañándole en unas comparecencias judiciales cuyas imágenes han ocupado portadas y tertulias televisivas. Muchos pensaron que se trataba de una condecoración o de algún símbolo religioso de especial relevancia, pero la realidad era mucho más terrenal: se trataba de un amuleto prestado.
La historia detrás del pin ha salido a la luz tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo en el caso Koldo, centrado en el presunto amaño de contratos de mascarillas durante la pandemia. Según ha revelado el propio empresario, recibió la pieza hace aproximadamente año y medio de manos de una mujer anticuaria con la que coincidía habitualmente en un establecimiento al que ambos acudían para limpiar sus zapatos. Aquella señora le entregó la discreta cruz latina de color plateado y le pidió que la llevara siempre consigo en los momentos importantes, asegurándole que le traería suerte. Nunca le explicó quién era su propietario original, pero sí le insistió en que no se separara de ella. Desde entonces, el empresario la convirtió en una presencia constante sobre la solapa de su chaqueta mientras se desarrollaba el proceso que acabaría situándolo en el epicentro de la actualidad política y judicial.
Víctor de Aldama, en 'Horizonte' tras la sentencia del Supremo sobre el caso Mascarillas
La importancia que concedía a este pequeño objeto quedó patente tras conocerse la resolución judicial, una sentencia que él mismo analizó en directo en el plató de Horizonte. Allí describió la lectura del fallo como uno de los momentos más duros de todo el procedimiento. En un ambiente de máxima tensión y frente a las cámaras, reconoció que apenas podía concentrarse en otra cosa que no fuera su familia, confesando posteriormente a Iker Jiménez que su principal preocupación era no perderse otro cumpleaños junto a su hija. «No podía estar sin ella otro cumpleaños más, con todo lo que hemos pasado este año», explicó.
La presión fue aumentando a medida que el tribunal iba desgranando las condenas de los distintos implicados en la trama. Antes de llegar a su nombre, escuchó cómo el Supremo imponía 24 años de prisión al exministro José Luis Ábalos y 19 años a su antiguo asesor, Koldo García. Una sucesión de penas que, según reconoció después, le hizo temer el peor desenlace posible. «Se me estaba viniendo el mundo encima», admitió al recordar aquellos minutos en los que cada nueva condena parecía acercar un horizonte cada vez más sombrío para su propio futuro judicial.
Sin embargo, cuando llegó el momento de conocer su situación, el escenario cambió de forma notable. El Tribunal Supremo le impuso una condena de cuatro años y medio de prisión por organización criminal y tres delitos de cohecho, pero la aplicación de la atenuante muy cualificada de confesión resultó determinante. Al no superar ninguna de las penas individuales los dos años de cárcel, la ley permite suspender el ingreso efectivo en prisión siempre que cumpla las condiciones establecidas por el tribunal, entre ellas no delinquir, comparecer periódicamente ante la Justicia y realizar trabajos en beneficio de la comunidad.
El alivio fue inmediato. Tras conocer el fallo, el empresario se fundió en un abrazo con su abogado, José Antonio Choclán, a quien posteriormente definió como «algo más que un abogado». Aquel gesto simbolizaba el final de meses de incertidumbre, declaraciones, investigaciones y exposición pública.
Con la sentencia ya sobre la mesa, también ha llegado el momento de cumplir la promesa realizada en mitad de aquel largo proceso. La cruz deberá regresar ahora a manos de la mujer que se la entregó hace año y medio.