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Novak Djokovic, con su mujer y sus padres en BelgradoGTRES

Novak Djokovic relata su infancia viviendo en un sótano con su familia

Mucho antes de ser el número uno, era un niño que convivía con sirenas antiaéreas y explosiones en la guerra de los Balcanes

A sus 39 años, Novak Djokovic sigue escribiendo la historia del tenis en Wimbledon, el torneo que siempre definió como el sueño de su infancia. En Londres busca su octavo título sobre hierba para igualar a Roger Federer y levantar su vigesimoquinto Grand Slam, una cifra que lo convertiría en el tenista con más grandes de todos los tiempos. Tras superar a Wu Yibing, se medirá a Stefanos Tsitsipas en uno de los cruces más esperados del torneo.

Resulta difícil imaginar que el hombre que hoy acumula millones de seguidores pasó parte de su infancia refugiado bajo tierra. Mucho antes de ser el número uno, era un niño que convivía con sirenas antiaéreas y explosiones en la guerra de los Balcanes. Cuando cumplió doce años, en mayo de 1999, Belgrado sufría constantes bombardeos. Vecinos de la familia recuerdan la crudeza de aquellos días en los que nunca se sabía dónde caerían los proyectiles.

Aquellas vivencias marcaron la personalidad del serbio para siempre. Su familia se refugió durante meses en el búnker de la casa de su abuelo Vlada, en las afueras de la ciudad. Novak y sus hermanos menores se quedaban con él porque sus padres, Srdjan y Dijana, trabajaban sin descanso lejos de Belgrado para poder mantenerlos. «Prácticamente estábamos siempre en el sótano. Todos los que venían, entraban, no había ninguna limitación», relató el propio tenista sobre aquel refugio masivo. Sin embargo, lejos de victimizarse, el serbio siempre ha explicado el motor en el que se convirtió aquello: «En cierto modo, estas experiencias me hicieron un campeón. Nos hicieron más fuertes y con más hambre por el éxito».

No podía ir al colegio y solo aprovechaba las primeras horas de la mañana, cuando cesaban los bombardeos, para entrenar. Esa determinación fue respaldada por sus padres, quienes hicieron sacrificios enormes en la estación de esquí de Kopaonik para reunir dinero. Fue allí donde la entrenadora Jelena Genčić descubrió a Novak con seis años y vio en él un talento único. El propio jugador recuerda la fe ciega que le transmitió su mentora desde el primer día: «Ella me decía que tenía el talento para ser el número uno y yo le creía».

Novak Djokovic y JelenaGTRES

A partir de ahí comenzó una carrera contrarreloj para financiar su futuro en una economía familiar asfixiante. «Los comienzos fueron difíciles. Mi marido acompañaba a Novak a los torneos y yo me quedaba en casa con los otros dos niños pequeños. Había días en los que me despertaba sin saber cómo iba a comprar pan», llegó a confesar su madre, Dijana. Ante la falta de patrocinadores, el padre tuvo que tomar medidas extremas y peligrosas para poder costear los viajes internacionales de la joven promesa.

El propio Djokovic desveló en una sincera entrevista en el canal de YouTube (Ne)uspjeh prvaka el calvario que vivieron con los créditos que necesitaban para competir fuera de su país: «El viaje en total costaba unos 5.000 dólares, era imposible tener ese dinero en esos tiempos. Mi padre tuvo que recurrir a usureros, a la mafia. Les explicó la situación, y pusieron un 30% de intereses porque teníamos mucha prisa. Mi padre aceptó. Tuvimos muchos problemas, llegaron a provocarle un accidente de coche, pero pudo pagarlo al final».

Pese a todo, Djokovic nunca se rindió. Debutó como profesional en 2003 y cinco años después, en el Abierto de Australia de 2008, ganó su primer título de Grand Slam, iniciando una trayectoria imparable. Fuera de la pista, el serbio intenta transmitir la misma cultura del esfuerzo a sus hijos, Stefan y Tara, quienes no tienen teléfono móvil porque prefiere que aprendan a aburrirse y a pensar lejos de las pantallas.