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La difunta duquesa, junto a sus hijas Ángela y Cristina, en la boda de esta última con Jaime Álvarez de las AsturiasEsfera de los libros

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Muere a los 76 años, Ángela de Solís-Beaumont, XVII duquesa de Osuna

Nacida en el seno de una de las familias aristocráticas más relevantes del país, deja dos hijas que continuarán su legado: Ángela y Cristina

Ángela de Solís-Beaumont y Téllez-Girón, XVII duquesa de Osuna, ha fallecido en Madrid a los 76 años de edad, según han informado diversos medios especializados en información social y nobiliaria. La aristócrata murió durante la madrugada del martes tras un prolongado deterioro de su estado de salud y residía desde hacía tiempo en un centro asistencial de la capital.

La capilla ardiente quedó instalada en el tanatorio de San Isidro de Madrid, donde familiares y allegados pudieron darle el último adiós. Posteriormente se celebró una misa en su memoria.

Con su fallecimiento desaparece la máxima representante de una de las casas nobiliarias más importantes de la historia de España. Ángela de Solís-Beaumont heredó el ducado de Osuna en 2015, tras la muerte de su madre, Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada, XVI duquesa de Osuna, convirtiéndose en la jefa de una estirpe cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, cuando Felipe II concedió el título a Pedro Téllez-Girón. Alcanzó su máximo esplendor durante los siglos XVII y XVIII, llegando a reunir cerca de cuarenta títulos nobiliarios y un extraordinario patrimonio artístico e histórico.

Fiel al carácter discreto que siempre distinguió a su familia, la duquesa mantuvo un perfil alejado de la vida pública y de los focos mediáticos, concediendo muy pocas entrevistas y limitando al máximo sus apariciones públicas. Su delicado estado de salud en los últimos años también contribuyó a ese retiro.

Nacida en el seno de una de las familias aristocráticas más relevantes del país, era hija de Ángela María Téllez-Girón y de Pedro Solís-Beaumont y Lasso de la Vega, miembro distinguido de esta familia emparentada con los marqueses de Motilla.

En 1973 contrajo matrimonio con Álvaro de Ulloa y Suelves, conde de Adanero y marqués de Castro Serna, con quien tuvo dos hijas, Ángela María y María Cristina de Ulloa y Solís-Beaumont. Años después volvió a casarse en dos ocasiones más. Primero, con José Antonio Muñiz Beltrán, cuyo matrimonio se rompió al volver de la luna de miel. Años después, con Pedro Romero Solís-Beaumont, hijo del marqués de Marchelina.

La sucesión de la Casa de Osuna queda ahora en manos de su hija mayor, Ángela María de Ulloa y Solís-Beaumont, y quien está llamada a asumir la jefatura del histórico ducado, dando continuidad a un linaje que ha desempeñado un destacado papel en la historia de la nobleza española. Es, además, condesa de Ureña, título que tradicionalmente ostentan los primogénitos de la Casa de Osuna desde hace siglos.

Entre los bienes más representativos que logró conservar destacan el castillo de Espejo, en Córdoba, así como los palacios del siglo XVI situados en La Puebla de Montalbán (Toledo), donde además poseen una destacada finca, y el palacio sevillano de la plaza de Jesús de la Redención.

Este último se convirtió durante años en uno de los escenarios más exclusivos de la Feria de Sevilla, al acoger una tradicional recepción a la que asistían destacadas figuras de la aristocracia. En una de esas celebraciones estuvo presente el entonces Príncipe Felipe, cuya visita dejó una curiosa anécdota: un inesperado corte de electricidad obligó a iluminar el palacio con velas pocos minutos antes de su llegada.

La muerte de Ángela de Solís-Beaumont supone el cierre de una etapa para una de las casas ducales más emblemáticas del país, vinculada durante siglos a algunos de los títulos nobiliarios de mayor relevancia y a un importante legado histórico y patrimonial.