Susanna Griso, en una imagen de archivo
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El refugio de Susanna Griso en un pueblo de la Toscana española
A tan solo una hora en coche desde Barcelona, se encuentra esta zona repleta de calles empedradas y murallas de varios siglos de antigüedad
A falta de poco más de un mes para las elecciones generales, El Hormiguero está recurriendo a distintos periodistas del entorno de Atresmedia para analizar la actualidad política y social, además de algunos de los acontecimientos que están marcando la agenda informativa del momento. Si la semana pasada fue Vicente Vallés el que visitó el plató de Pablo Motos, ahora es el turno de Susanna Griso.
Para alguien que vive bajo los focos, los momentos de tranquilidad se valoran el triple. De ahí que la presentadora de Espejo público se decidiese a adquirir una propiedad en una pequeña región del Alto Ampurdán, en la provincia de Gerona. A tan solo una hora en coche desde Barcelona, esta zona repleta de calles empedradas, murallas de varios siglos de antigüedad y una naturaleza que quita la respiración ha conquistado a la periodista y a su recién convertido marido, Luis Enríquez.
Se desconocen los detalles exactos sobre las características de la vivienda, pero la propiedad se ha relacionado con una masía tradicional catalana, un tipo de construcción muy arraigado en la zona. La piedra y la arquitectura rural forman parte de la identidad de estas casas, que suelen integrarse en el paisaje y conservar elementos propios de las antiguas viviendas del campo.
Pese a no tener detalles de la construcción, Susanna Griso sí ha hablado en más de una ocasión sobre sus preferencias decorativas. En este sentido, siente especial predilección por los espacios luminosos, las plantas y la vegetación, elementos que contribuyen a crear ambientes acogedores. Además, es fanática de combinar muebles con historia heredados de su familia con piezas más contemporáneas, lo que le permite dar una personalidad única a los espacios.
En una entrevista concedida a ¡HOLA! en junio de 2024, la presentadora habló de su afición por la jardinería y el paisajismo, además de revelar que apenas tiene televisores en casa, salvo una sala acondicionada con una pantalla grande a modo de cine.
Molino de L'Armentera
L'Armentera ha estado estrechamente ligada a la ganadería, como su nombre indica (armentera significa pastizal en catalán). Sin embargo, hoy en día se la define mejor como un pequeño pueblo con una animada plaza, situado en un paisaje donde el río Fluvià está a punto de desembocar en el mar Mediterráneo y a un paso del Parque Natural de los Aiguamolls del Empordà y de todos los atractivos de la Costa Brava.
La más popular es Sant Martí d'Empúries, una playa y sitio histórico conocido por sus calles medievales y su influencia griega y romana. Quien conoce la zona también ama la Basílica de Santa Mari, un edificio religioso monumental de estilo gótico. También se la conoce como «La Catedral del Empordà» e incorpora elementos de una iglesia románica más antigua. Además, se encuentra el famoso molino que data del siglo XVIII. Una construcción de planta baja y dos pisos con un tejado a cuatro aguas que se ha transformado a día de hoy en alojamiento turístico.
Con una tradición principalmente agrícola, el pueblo está rodeado de extensos huertos de manzanos, aunque también se cultivan cereales como la cebada, el trigo y el maíz. A pesar de su pequeño tamaño, L'Armentera ofrece una vibrante escena cultural que atrae a visitantes de pueblos vecinos. En marzo, la temporada teatral de L'Armentera presenta innovadoras producciones locales. Durante el verano, las veladas en la plaza de la iglesia cobran vida con espectáculos que van desde la ópera hasta la danza experimental y la música latinoamericana.