Amaia Montero, en una imagen de archivo
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El pueblo fronterizo que vio crecer a Amaia Montero: «Es donde me siento protegida»
La artista, que está plena gira con La Oreja de Van Gogh, ha recibido críticas negativas por sus actuaciones
Cuando La Oreja de Van Gogh confirmó que Amaia Montero volvía a cantar sus míticas canciones, los fans del grupo celebraron la noticia con alegría y emoción a partes iguales. La gira de conciertos con la que están recorriendo toda España, en cambio, está recibiendo una oleada de comentarios negativos que, inevitablemente, señalan a la artista vasca como el centro de todas las miradas. «Estoy sufriendo mucho», comentaba en el post de un conocido influencer que salía en su defensa.
Montero decidió volver a la vida pública después de años relegada al ostracismo. En octubre de 2022, la artista confesaba que se encontraba «destruida» en redes sociales tras publicar una imagen en blanco y negro que puso en alerta a muchos de sus seguidores por su aspecto cansado, expresión ausente y sin peinar ni maquillar. «Si la esperanza es lo último que muere y todavía no la he perdido, ¿de qué me sirve la vida?», escribía.
La recuperación emocional se produjo gracias a su entorno más cercano y a su lugar natal, con el que la cantante siente un fuerte vínculo. «Es allí donde me siento protegida», explicó en una ocasión. La cantante vio cómo regresar a Guipuzcoa, concretamente, a la casa de sus padres en la que creció ha sido clave para encontrar la paz necesaria que le permitió protegerse, recuperarse y encontrar las ganas de volver a la música.
Situada en la costa atlántica, se extiende a ambos lados de la frontera entre Francia y España. San Sebastián, su elegante capital, cuenta con más estrellas Michelin por metro cuadrado que cualquier otra ciudad del mundo, pero Irún la que vio nacer a la cantante de La Oreja de Van Gogh.
Su proximidad a la elegante San Sebastián y su privilegiada ubicación entre el mar y la montaña la convierten en un punto de partida ideal para explorar el País Vasco. El río Bidasoa, que marca la frontera natural con Francia, ofrece a la ciudad hermosos paisajes y oportunidades para realizar actividades al aire libre.
Irún es una ciudad fronteriza y, por lo tanto, ha sido testigo de numerosos episodios de conflicto político y geográfico. Estos conflictos han moldeado su arquitectura (como lo demuestran la Iglesia de Santa María del Juncal y el Ayuntamiento) y su espíritu abierto. La primera estructura urbana de Irún data de la época romana, cuando el Imperio fundó la ciudad de Oiasso , cuyos restos aún se pueden apreciar en las termas (tan apreciadas por los romanos) y en la ermita de Santa Elena, que alberga una necrópolis romana.
Vista panorámica de la colina verde, el mar y la ciudad y la frontera entre España y Francia
La belleza de Irún también se refleja en su paisaje; se encuentra a las puertas del Parque Natural Aiako Harria, con sus interminables bosques de hayas, sus pottoks (caballos salvajes vascos) y su biodiversidad. Esta exuberante montaña hará las delicias de los amantes de la naturaleza, al igual que las marismas de Txingudi en el Parque Ecológico Plaiaundi, con sus 3 km de senderos para explorar en cualquier época del año y admirar las aves que acuden a alimentarse o anidar en la marisma.