06 de octubre de 2022

<i>El mercado de esclavos</i>, de Gustave Boulanger (1882)

El mercado de esclavos, de Gustave Boulanger (1882)

Cuando los ingleses esclavizaron a los irlandeses

Es una historia poco conocida y los medios británicos han procurado ocultarla y echar humo por encima cuando se cuenta, acudiendo a los anatemas clásicos y ad hóminem

El Rey Jacobo VI, Carlos I de Inglaterra y Oliver Cromwell esclavizaron a muchos irlandeses en la isla vecina que habían ocupado y que explotaron hasta la extenuación.
Nos cuenta John Martin que el comercio de presos irlandeses comenzó cuando Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia vendió 30.000 prisioneros irlandeses como cautivos al Nuevo Mundo. Antes de su muerte, requirió enviar presos políticos irlandeses al extranjero y los vendió a los colonos ingleses en las Indias Occidentales.
Javier Sanz escribe: «A mediados del siglo XVII, los irlandeses fueron los principales esclavos vendidos a Antigua y Montserrat. En ese momento, el 70 % de la población total de Montserrat eran esclavos irlandeses». Las élites británicas convirtieron Irlanda en un almacén de mano de obra cautiva para los comerciantes ingleses. Se ha llegado a decir que gran parte de los primeros esclavos al Nuevo Mundo eran en realidad blancos.
Las Guerras Confederadas irlandesas tuvieron lugar con Carlos I de Inglaterra, entre 1641 y 1653, una serie de conflictos entre los reinos de Irlanda, Inglaterra y Escocia. Ese Rey impuso once años de tiranía y otras guerras contra España y Francia. En Irlanda, los nativos católicos fueron perseguidos por los colonos británicos protestantes. En ese tiempo, más de medio millón de irlandeses fueron asesinados por los ingleses y otros 300.000 fueron vendidos como esclavos. La población de Irlanda cayó desde alrededor de 1.500.000 a 600.000 en una sola década.

En 1650 más de cien mil niños irlandeses entre los 10 y 14 años fueron vendidos en las Indias Occidentales, Virginia y Nueva Inglaterra

«Las familias fueron destrozadas pues los británicos no permitieron a los padres irlandeses llevar con ellos a sus esposas e hijos a través del Atlántico. Esto dejó a una población indefensa de mujeres y niños sin hogar. La solución de Gran Bretaña fue subastarlos también», escribe John Martin.
Durante la década de 1650, tras la ejecución de Carlos I, más de cien mil niños irlandeses entre los 10 y 14 años fueron vendidos en las Indias Occidentales, en Virginia y Nueva Inglaterra. En esta década, 52.000 irlandeses, mujeres y niños incluidos, fueron adjudicados a Barbados y Virginia.
En el asedio de Drogheda, en septiembre de 1649, denunciaron que Cromwell mandó asesinar a 3.500 católicos. En el saqueo de Wexford, al mes siguiente, mientras Cromwell negociaba la rendición, sus soldados exterminaron a 4.000 irlandeses e incendiaron la localidad. Otros 30.000 irlandeses también fueron trasladados y vendidos al mejor postor. En 1656, Oliver Cromwell envió 2.000 niños irlandeses a Jamaica donde fueron vendidos como «servidores forzados» de los colonos ingleses.

Negacionistas

Algunos críticos británicos niegan que los irlandeses fueran esclavos y los califican como presos políticos y prisioneros de guerra con trabajos forzados. Esas personas buscan ocultar lo que hicieron con esos irlandeses y lo que realmente eran. Ellos acudirán a términos como «sirvientes» para describir lo que les ocurrió. Sin embargo, en la mayoría de los casos en los siglos XVII y XVIII, los esclavos irlandeses eran ganado humano. La terminología legal británica oficial usada era «sirvientes forzados» aunque esos «sirvientes» no se habían ofrecido como voluntarios y fueron secuestrados, vendidos y forzados a embarcar en buques de Su Graciosa Majestad. La Corona británica tachaba a esos irlandeses esclavizados de presos políticos, vagabundos o personas que habían sido definidas como «indeseables» por los ocupantes ingleses.

Algunos niegan que los irlandeses fueran esclavos y los califican como presos políticos y prisioneros de guerra con trabajos forzados

Esa esclavitud se agravó con las leyes de cercamiento, cuando se privatizaron tierras de pastoreo anteriormente bienes comunes. Esas normas empobrecieron a muchos y crearon un ejército de personas sin hogar y desempleados.
Algunos inglesófilos como Michael J. Monahan dicen que las estimaciones de irlandeses enviados al Caribe contra su voluntad «palidecen en comparación» con los millones de esclavos negros, olvidando que en ese negocio también estaba la pérfida Albión. Habría que recordarle que, como cuantifica Marcelo Gullo, de los 60 centros de distribución de esclavos en África occidental, 40 de ellos eran propiedad de los ingleses. Pero no fue el único lugar del que los británicos sacaron beneficio traficando con carne humana.
Caricatura de Thomas Nast en el que representa a un hombre negro en la escala con la inscripción de 'negro' del sur y al irlandés en la escala 'blanca' del norte

Caricatura de Thomas Nast en el que representa a un hombre negro en la escala con la inscripción de 'negro' del sur y al irlandés en la escala 'blanca' del norte

Hay sospechas de que algunos esclavos africanos, no contaminados con la mancha de la odiada identidad católica, eran mejor tratados que sus homólogos irlandeses. Los esclavos africanos costaban unas 50 libras esterlinas a finales del siglo XVII, mientras que los irlandeses eran más baratos: cinco libras esterlinas.
Sobre las prácticas de cría de prole esclava he de recordar que, en 1681, se aprobó una ley que prohibía «la práctica de apareamiento de esclavas irlandesas con esclavos africanos con el fin de producir esclavos para la venta». Una ley necesaria porque ocurría. Se detuvo porque interfería con los beneficios de una gran empresa de transporte de esclavos.
Inglaterra continuó embarcando esclavos irlandeses durante más de un siglo. Los registros indican que, después de la rebelión irlandesa de 1798, miles de esclavos irlandeses fueron vendidos en América y Australia. Hubo abusos. Naves británicas se deshicieron de 1.302 esclavos en el Océano Atlántico para que sus tripulaciones tuvieran suficiente comida.
En 1839, Gran Bretaña detuvo el transporte de esclavos, al menos con la anuencia del estado. Su decisión no impidió a los piratas, con patente de corso de la Corona inglesa, hacer lo que desearan.
Ninguna de las víctimas irlandesas regresó a su tierra natal para narrar su experiencia. Estos son los esclavos perdidos; los que el tiempo y los libros de historia convenientemente sesgada olvidaron porque la dirigencia inglesa sabe extender leyendas negras sobre otros países y evitar la denuncia de su sistema colonialista opresor. No les faltan tampoco corifeos aquí.
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