Observadores de artillería británicos y franceses Batalla de Langemarck 1917
Picotazos de historia
Un acuerdo de locos: caucho por lentes ópticas en la Primera Guerra Mundial
Alemania estaba desesperada por la escasez de caucho, y esta fue la extraña moneda de cambio utilizada para esta aún más extraña operación comercial entre enemigos
La Primera Guerra Mundial fue el primer gran conflicto en el que los medios ópticos y telemétricos adquirieron una importancia capital. El desarrollo de las diferentes armas, en especial en la artillería, permitió alcanzar al enemigo a distancias inimaginables unas pocas décadas antes. Piensen que el famoso «cañón de París» disparaba a más de 120 kilómetros de esta ciudad.
Pero para poder manejar de manera efectiva tales armas, para poder llevar a cabo la guerra de una manera más eficiente, las lentes ópticas habían tomado una relevancia primordial, ya que eran vitales para los sistemas de puntería de las artillerías naval y terrestre, los múltiples aparatos de telemetría, visores, cámaras fotográficas, binoculares de campaña, navales, etc.
Antes de que estallara el conflicto, Gran Bretaña importaba vidrio óptico de Alemania, país líder mundial en tecnología y fabricación de lentes. La gran referencia mundial era la empresa Carl Zeiss AG. Para que se hagan una idea, esta sola suministraba el 60 % de todo el material óptico importado por Gran Bretaña. Francia aportaba el 30 % de las importaciones a la isla, y el 10 % restante era satisfecho por fabricantes nacionales, en especial la empresa británica Chance Brothers.
Taller óptico Zeiss antes de la guerra
Al estallar la guerra, lo primero que se cortó fueron las relaciones comerciales entre las diferentes potencias, incluyendo la de las vitales lentes ópticas. Francia se vio, de pronto, centrada en la producción en masa para satisfacer las exigencias de unas fuerzas armadas en rápida expansión, que se las vieron y desearon para poder cumplir, al menos en parte, con las necesidades mínimas exigidas.
En el Reino Unido, la empresa Chance Brothers y otras más pequeñas que se agruparon a su alrededor notificaron al gobierno de Su Majestad, a principios del año 1915, que de ninguna manera podían satisfacer las exigencias mínimas de producción y calidad requeridas. Las muestras conseguidas en el mercado norteamericano no dieron la calidad necesaria y sus envíos eran demasiado pequeños. La necesidad llegó a ser tan perentoria que se pidió a la población que, por patriotismo, donara sus prismáticos, binoculares y miras telescópicas. Los reyes dieron ejemplo entregando cuanto tenían de lo requerido.
Prismáticos Zeiss de la época de la Primera Guerra Mundial
La crisis se fue agravando a medida que transcurría el año. Y es que nadie pudo sospechar que las guerras modernas consumirían unas cantidades tan abrumadoras de munición y proyectiles, además de otros suministros, en muy breves períodos de tiempo. Durante las dos primeras semanas de la batalla de Passchendaele, las tropas británicas, canadienses y australianas dispararon más de 4.500.000 proyectiles de artillería de diferentes calibres.
La crisis de las lentes ópticas fue tan grave que el Ministerio de Municiones urdió un extraño plan, a la desesperada. En julio, enviaron un representante a la neutral Suiza para negociar con los alemanes la compra de las preciadas lentes.
El Imperio alemán estaba sufriendo un terrible bloqueo desde el inicio del conflicto, lo que le imposibilitaba recibir una serie de suministros vitales para su esfuerzo bélico, y de todos, ninguno era tan esencial como el caucho. Con el caucho se fabricaban los preciados neumáticos que transportaban suministros, alimentos a las tropas, cañones al frente, etc. También las humildes pero indispensables correas de transmisión que permitían el funcionamiento de los motores, cables de comunicación, etc.
Se intentó encontrar una forma de fabricar caucho sintético, pero fue un fracaso. Alemania estaba desesperada por la escasez de caucho, y esta fue la extraña moneda de cambio utilizada para esta aún más extraña operación comercial entre enemigos. En medio de una guerra de proporciones nunca antes conocidas, y con el fin de obtener los artículos necesarios para seguir combatiendo, los antagonistas comerciaron entre sí en un país neutral para conseguir los recursos que les permitieran seguir matándose los unos a los otros. ¡De locos!
Durante las negociaciones, que se llevaron a cabo con la más civilizada y exquisita educación, se acordó que el Ministerio de la Guerra alemán suministraría prismáticos para oficiales de infantería y artillería (la diferencia entre ambos era notable). A las seis semanas del acuerdo, se entregarían de 10.000 a 15.000 unidades de cada tipo. También se suministrarían prismáticos y binoculares de trinchera, aptos para suboficiales, de calidad inferior, así como miras telescópicas y otros componentes no especificados.
Se acordó que no se entregarían muestras para la inspección, por considerarse que los británicos tenían suficientes ejemplares entre el material capturado para comprobar la calidad de los productos. Por su parte, el Reino Unido se comprometió a la entrega de cargamentos de caucho, provenientes de sus colonias en África y el sudeste asiático. Los cargamentos se transportarían hasta Suiza y se harían llegar a Alemania a través de su frontera.
Existe documentación de los acuerdos, de un primer envío de 32.000 binoculares y otros 30.000 a finales de 1915. El resto de la documentación referente a los demás envíos que se produjeron, tanto por parte alemana como británica, y en especial los que tienen relación con el transporte y entrega de las toneladas de caucho, han desaparecido o han sido destruidos. Sin embargo, hoy está probado y demostrado, más allá de toda duda, que los dos imperios llevaron en secreto este curioso acuerdo para poder seguir matándose los unos a los otros.