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Cinco espías clave que alteraron el curso de la Segunda Guerra Mundial

Durante la contienda mundial que aconteció entre 1939 a 1945, el espionaje jugó un papel crucial con agentes que recopilaban información, saboteaban operaciones enemigas y protagonizaban maniobras de engaño. Gracias a su actuación inclinaron la balanza a un lado u otro la victoria. El Debate recuerda la historia de cinco de los más famosos

Sarah Durwin

Madrid 29 may. 2025 - 04:30 Act. 29 may. 2025 - 12:06

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Juan Pujol

Agente doble al servicio de Gran Bretaña, Juan Pujol García, fingía espiar para Alemania. Nació en Barcelona en 1912 y fue reclutado en Madrid en 1941 por Karl-Erich Kühlenthal, el jefe de la inteligencia militar alemana en España. Fue Arabel en el servicio decreto nazi y Garbo, en el británico.

Creó una falsa red de informadores que operaban desde Inglaterra y suministraba a Alemania información de fuentes públicas o directamente mentiras. «Su obra maestra fue engañar a Hitler para que pensara que la invasión de la Europa ocupada se iba a producir muy lejos de donde ocurrió», explica el portal que recoge la vida y hazaña de Pujol. En este sentido, envió falsos mensajes que advertían de un supuesto desembarco desde el paso de Calais.

Cuando los británicos, los canadienses y los estadounidenses alcanzaron las playas de Normandía, el mando alemán mantuvo las tropas en la región de Calais a la espera de unas tropas invasoras que nunca llegaron. «Salvó miles de vidas y contribuyó decisivamente a la victoria en la Segunda Guerra Mundial», subraya la página web.

Elyesa Bazna

La Alemania nazi también contó entre sus líneas con grandes agentes del espionaje. Elyesa Bazna fue el más famoso de ellos. Se trasladó con su familia a Ankara donde trabajó como chófer de las embajadas de Yugoslavia, Estados Unidos y Gran Bretaña. En este último cargo, a partir de 19433, se convirtió en ayudante de cámara y hombre de confianza del embajador británico sir Hughe Knatchbull-Hugessen.

Movido por el dinero, ofreció a la embajada alemana convertirse en su informador, pues tenía acceso a documentos secretos británicos. «Valiéndose de sus contactos en la embajada del III Reich pudo presentar una primera entrega de documentos tan interesantes que Von Papen bautizó al espía como ‘Cicerón’», comenta el periodista especializado en Historia Contemporánea, David Solar.

Así, documentos como confidenciales como detalles de la cumbre de Teherán y actas de la conferencia de El Cairo, así como los preparativos de la Operación Overlord (Desembarco de Normandía) acabaron en manos de los alemanes. «Cada vez que utilizaron los datos de Cicerón infligieron un grave castigo a los Aliados», advierte Solar. Sin embargo, Hitler desoyó la información relacionada con el desembarco, pues estaba convencido de que el ataque se produciría en Noruega o la zona de Calais ya bien protegida. Por este trabajo le pagaron 300.000 libras esterlinas.

Virginia Hall

Pero fueron muchas las mujeres que, tanto en el bando aliado como en el de las potencias del Eje, ejercieron como espías valiéndose de su astucia y valentía. Este es el caso de Virginia Hall Giolott, quien trabajó para los servicios secretos británicos y estadounidenses convirtiéndose en una auténtica pesadilla para los nazis que la consideraron «una de las más peligrosas agentes de los aliados en Francia» y debían «encontrarla y destruirla».

Fue fundamental en el funcionamiento del espionaje aliado en Francia y a la vez que ganaba fama entre la Resistencia, también se hacía notar entre los agentes de la Gestapo, la policía secreta nazi. En Inglaterra tomó contacto con Vera Atkins, una espía británica que reclutaba agentes para el Special Operations Executive (SOE), una entidad dedicada al espionaje cuya misión era enviar agentes al territorio francés ocupado para conseguir información, organizar sabotajes e incluso asesinar a oficiales nazis.

Así, Hall fue enviada en 1941 a Vichy con el objetivo de notificar toda la información, así como reclutar a nuevos agentes para la resistencia. Allí, armó una red clandestina y logró recopilar los datos necesarios para planificar el crucial desembarco de Normandía.

Joséphine Baker

Bailarina, cantante y actriz, Josephine Baker, se convirtió en uno de los iconos culturales más famosos de la primera mitad del siglo XX. Fue apodada la «Venus de Bronce», pero no solo dominó el arte de la interpretación, sino también el del espionaje. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Baker se unió a la resistencia francesa, fue subteniente en el Auxiliar de Mujeres de la Fuerza Aérea francesa.

Y aprovechando su fama actuó como espía para los Aliados. Usó sus contactos e invitaciones a fiestas en embajadas para conseguir información sobre los movimientos de las tropas enemigas que logró transmitir a las autoridades francesas y a la Resistencia utilizando tinta invisible en sus partituras. También fue voluntaria en la Cruz Roja, donde fue enfermera y piloto.

Richard Sorge

«Sorge es el hombre al que yo considero el espía más formidable de la historia», dijo sobre él Ian Fleming. Richard Sorge fue un periodista y espía soviético, considerado como uno de los agentes de inteligencia más brillantes del siglo XX. Su misión más destacada tuvo lugar en Japón, donde se infiltró entre la élite política y militar de Tokio en los años 30 y principios de los 40 y bajo la tapadera de corresponsal para medios alemanes, Sorge levantó una red de espionaje que le permitió obtener información crítica para la Unión Soviética.

Su doble papel —como miembro del Partido Nazi alemán y espía soviético— le permitió tener acceso sin precedentes a altos mandos del Eje. En 1941, advirtió a Moscú de que Japón no planeaba invadir la URSS desde el este, lo que permitió a Stalin trasladar tropas siberianas al frente occidental para defender Moscú del avance nazi, una acción decisiva en el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Bundesarchiv / Wikimedia Commons

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