Carlos Martel. Batalla de Poitiers. Año 732. Charles de Steuben
La creación de la Marca Hispánica, la primera frontera contra el islam
Los condados de la marca consiguieron su independencia tras la caída del imperio carolingio, fue el caso de Barcelona, aunque por entonces Cataluña no existirá como tal
Los Pirineos son la barrera natural que separa la Península Ibérica del resto de Europa, pero esto no impidió que los musulmanes la cruzaran a principios del siglo VIII. Es en esta región, y hasta el Ebro y el Llobregat donde los cristianos establecerán su nueva frontera defensiva: la famosa Marca Hispánica, una «línea» que mantuvo a ralla a los musulmanes y permitió, en parte, el desarrollo político, militar y social de esa nueva Europa cristiana que se estaba forjando.
Antes de nada, hay que entender que los Pirineos eran refugio para sus pobladores como los vascones. Vivían en cuevas y pequeñas aldeas de forma sencilla y simple. Hasta el Ebro y el Llobregat se disputará la nueva frontera entre el mundo islámico y la cristiandad.
Los árabes habían avanzado rápidamente hacia el norte, y en torno al Ebro levantaron medinas islámicas que convertirán la región del Llobregat en la auténtica frontera geográfica. En este contexto, hay que recordar que Carlos Martel, «el martillo» franco que frenó a los musulmanes en Europa, venció al invasor en la batalla de Poitiers del 732.
Además, fue el padre de una nueva saga familiar: los carolingios que, bajo el liderazgo de Carlomagno, su nieto, construirían un imperio que dominaría Europa durante siglos. Son ellos, los reyes carolingios, los que crearán la Marca Hispánica mediante alianzas y relaciones de vasallaje.
Una frontera militar, política e ideológica
El nacimiento de la marca se explica por la presencia islámica en la Septimania (región correspondiente a la parte sur y costera de la Occitania francesa) que desde el siglo V estaba en manos de los visigodos. Años después, Carlomagno cruzará los Pirineos para asediar a los musulmanes en plena península, mientras pactaba con los líderes islámicos de Zaragoza y Barcelona, entre otras.
El rey carolingio no regresará a la península, pero tampoco desatenderá la frontera sur, a través de la famosa Marca Hispánica, «una franja fronteriza bajo supervisión directa del soberano, donde se combinaban funciones militares, administrativas y de repoblación», como explica Ladero Quesada, catedrático de Historia Medieval.
A nivel práctico, la marca se constituyó tras la toma de Girona (785), Urgel y Cerdaña (789) y Barcelona (801) entre otros territorios cercanos por parte de los carolingios. Según la historiografía tradicional, abarcaría desde Barcelona a Pamplona. La idea era que esas regiones hicieran de escudo, de peones de saqueo para evitar que los musulmanes llegasen al reino franco.
Carlomagno, y después su hijo, pusieron a cargo de esas ciudades y regiones a condes, que a su vez debían pleitesía a una especie de duque que regía toda la frontera. Es decir, no se levantó un muro como el que hicieron los romanos en Inglaterra, la estrategia defensiva consistía en crear condados, cada uno gobernado por un comes (conde). En cualquier caso, La Marca Hispánica fue una frontera militar y política que se sigue estudiando y algunos autores incluso niegan su existencia como tal.
En la versión histórica más tradicional, los principales condados de esta marca fueron Girona, Barcelona, Osona, Urgel, Cerdaña, Ribagorza y Rosellón. Aunque en un principio eran vasallos del emperador, con el paso de los años fueron ganando independencia, especialmente a raíz de la fragmentación del imperio carolingio en el siglo IX. Fue el caso del condado de Barcelona con Wilfredo el Velloso, (aunque Cataluña no existirá antes del año 1000), y Pamplona, que será condado carolingio hasta el 905, cuando se forja el reino de Navarra; en cuanto a lo que será la futura Aragón, los condados de como el de Ribagorza tendrán un papel insignificante, aunque serán fundamentales para la Reconquista y la construcción nacional en el futuro.