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Joshua A. Norton se declaró "emperador de los Estados Unidos y protector de México" en 1859

Joshua A. Norton se declaró «emperador de los Estados Unidos y protector de México» en 1859

Picotazos de historia

Norton I, el empresario que quebró y se proclamó emperador de Estados Unidos

Se presentó en las oficinas del diario 'San Francisco Daily Evening Bulletin' y pagó por la publicación de una carta. Era un documento importante. Se trataba de, ni más ni menos, que de su proclamación

Los que ya contamos con unos cuantos años encima, disfrutamos en nuestra infancia y juventud de la obra del editor de historietas (cómic es un término posterior y algo pretencioso) y guionista René Goscinny. Este parisino genial fue el padre de Astérix y Obélix, del malvado gran visir Iznogoud, que quería ser califa en lugar del califa, y del vaquero Lucky Luke, junto con su caballo Jolly Jumper, entre otros personajes.

Tuve la suerte —compartida con mis hermanos, lo que la rebaja un poco— de que mi abuela nos compraba todas las historietas (o tebeos) que semanalmente aparecían en los quioscos. Gracias a su amorosa atención, todos desarrollamos una pasión por la lectura y conocimos las aventuras del vaquero que era más rápido que su propia sombra.

Morris (derecha) y René Goscinny en 1971

Morris (derecha) y René Goscinny en 1971

Las aventuras de Lucky Luke tenían un fuerte componente histórico, al basarse muchos de sus personajes en individuos reales: los hermanos Dalton, Juanita Calamidad, Billy el Niño, el general Custer y el emperador Smith.

Este último no se llamó así: el personaje está claramente inspirado en el emperador Norton I de los Estados Unidos y Protector de México.

Joshua Abraham Norton (1818–1880) se cree que debió nacer en la villa de Deptford, hoy un barrio del Gran Londres. Sus padres se trasladaron a Sudáfrica, donde se crio Joshua.

Ya adulto, intentó varios negocios en Ciudad del Cabo, pero no le acompañó la suerte, por lo que decidió emigrar, probando fortuna en Estados Unidos. Se sabe con certeza que desembarcó en la ciudad de Boston en 1846 y que de allí se trasladó a San Francisco.

Al principio, le fue bien en el mercado de materias primas y urbanístico. Amasó una buena fortuna que le situó como uno de los ciudadanos prominentes de la ciudad. Pero la fortuna es voluble y, en 1852, se pilló los dedos intentando acaparar el mercado del arroz. La jugada le salió mal. Tuvo que enfrentarse a demandas por impago, perdió clientes y, en agosto de 1858, tuvo que declararse en quiebra. Es en este punto cuando se considera que se inicia el progresivo deterioro mental o surge la genial personalidad que le haría ser querido y famoso.

En 1858, pagó un anuncio en un periódico local anunciando que se declaraba como candidato para el Congreso de la nación, de palabra, porque luego no hay constancia de que hiciera esfuerzo alguno por conseguirlo. En julio del año siguiente, publicó una especie de manifiesto en el San Francisco Daily Evening Bulletin, por el cual advertía a los ciudadanos de los males que amenazaban a la nación (todo muy genérico y algo apocalíptico).

El 17 de septiembre, Norton se presentó en las oficinas del anteriormente mencionado diario y pagó por la publicación de una carta. Era un documento importante. Se trataba de, ni más ni menos, que de su proclamación «... a petición y deseo de la mayoría de los ciudadanos de los Estados Unidos... como emperador de los Estados Unidos».

Proclamación de Norton I como emperador de Estados Unidos

Proclamación de Norton I como emperador de Estados Unidos

La población de San Francisco se tomó muy bien la imperial proclamación. Tanto que el reinado de Norton I duraría veinte años. Durante ese tiempo, Norton enviaría notas a los periódicos locales, quienes diligentemente las publicaban —gratis, por supuesto— para delicia de sus lectores.

Norton estaba convencido de que la guerra civil norteamericana era una consecuencia de la disputa por su indudable legitimidad, por lo que ordenó a todas las iglesias y religiones de la nación «que en sus iglesias, sinagogas y otros lugares de reunión... proclamaran la legitimidad del reinado y gobierno de Norton». Todo esto con ánimo de acabar con el sangriento conflicto. El 12 de agosto de 1869, abolió los partidos Demócrata y Republicano «con el fin de acabar con las disputas partidistas». La verdad es que los lectores lo adoraban.

Norton vivió, hasta el final de sus días, en una habitación alquilada en una modesta casa de huéspedes. Diariamente se componía con una levita de paño azul, de corte militar, a la que había añadido unas charreteras, regalo de unos oficiales del Presidio de San Francisco. Lo completaba con un sombrero de fieltro de castor adornado con plumas de pavo real, bastón, paraguas (cuando la ocasión lo requería) y guantes.

Billete de 10 dólares

Billete de 10 dólares

Sus paseos diarios se transformaban en inspecciones de las infraestructuras de la ciudad, tomando nota de desperfectos y vigilante de que todo funcionara bien, pues informaba luego a los responsables para que pusieran remedio. Los ciudadanos de San Francisco, conocedores de su locura, le saludaban con afecto o ceremoniosamente. Norton siempre respondía a estas muestras de cortesía.

En 1867, un oficial de la fuerza embrionaria de la futura policía local de San Francisco arrestó a Norton y lo procesaron para pasar a juicio que demostrara su enajenación mental. Cuando se supo la noticia, los periódicos se vieron inundados por cartas de protesta, lo mismo que el Ayuntamiento de la ciudad. Los periódicos apoyaron masivamente a Norton. Estaría loco, pero era «su» loco. Norton era una persona inofensiva, bondadosa, amable y siempre deseosa de cooperar por el bien de la ciudad y de sus habitantes.

El jefe de policía se rindió. Liberó —con escolta de honor— al vejado emperador y emitió una nota de pública disculpa. Norton, generoso, por su parte, publicó un edicto de amnistía sobre los delitos de «lesa majestad» que recaían sobre el oficial que le arrestó y el jefe de la policía de San Francisco. Desde entonces, siempre que un agente de policía se cruzaba con el emperador Norton, se cuadraba y saludaba.

Las anécdotas sobre Norton son innumerables, y el hecho de que pasara notas a los periódicos para el público conocimiento —los cuales publicaban puntualmente, pues sabían bien de la avidez de sus lectores por este extravagante y querido conciudadano— permite conocer su reacción ante los acontecimientos mundiales y da detalles de la correspondencia que enviaba —nunca respondida— a los jefes de Estado de las diferentes potencias mundiales (zar Alejandro, Victoria del Reino Unido, Napoleón III, etc.).

El 8 de enero de 1880, mientras daba un paseo en una céntrica avenida de su ciudad, Norton se desplomó al suelo. Inconsciente, fue recogido por la policía, que lo envió al hospital más cercano con toda rapidez. A pesar de la diligencia de las fuerzas de orden público, Norton ingresó cadáver.

Portada en la que aparece el emperador Smith, personaje del cómic Lucky Luke

Portada en la que aparece el emperador Smith, personaje del cómic Lucky Luke

Al día siguiente, los periódicos se tiñeron de luto para comunicar el luctuoso óbito de Su Majestad Imperial, por la gracia de Dios, emperador de los Estados Unidos de Norteamérica y Protector de México (esta fue una nueva responsabilidad que asumió con motivo de la derrota y fusilamiento de Maximiliano en México).

¿Que estaba el pobre como una regadera? Eso está fuera de toda duda. Pero su locura se ganó el corazón de los habitantes de su ciudad y de su estado. Cuando descubrieron que había fallecido en la miseria y que cuanto poseía era poco más que sus disparatadas prendas, los ciudadanos de San Francisco reunieron dinero para organizar un espléndido entierro. A este asistieron todas las autoridades de la ciudad, con una guardia de honor formada por oficiales de la policía y de la guarnición militar. Unas quince mil personas se despidieron de este excéntrico y querido personaje, que retrataría el guionista Goscinny junto a Lucky Luke.

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