Fundado en 1910

El «canciller de hierro» Otto von Bismarck en una imagen de 1885Wikipedia

Así unificó Bismarck la Alemania moderna «mediante el hierro y la sangre»

En septiembre de 1862, el rey Guillermo I, abrumado por la crisis política interna, nombró a Bismarck ministro-presidente

«No es mediante discursos y decisiones de mayoría como se resuelven las grandes cuestiones del tiempo, sino mediante el hierro y la sangre», puede que sea una de las frases más célebres del primer ministro de Prusia, Otto von Bismarck. Este fragmento fue parte de su discurso ante la Cámara de Diputados de Prusia en 1862, de mayoría liberal y partidaria de crear una democracia parlamentaria. El Estado moderno alemán se estaba configurando a todos los niveles, y Bismarck sería uno de sus principales artífices. Es importante conocer su transformo para conocer su legado como estadista y padre del primer Reich alemán.

Hijo de una familia terrateniente perteneciente a la baja nobleza prusiana (los junker), creció en un entorno rural y luterano. Su padre era oficial retirado del ejército, por lo que el destino del joven Otto parecía ser la vida militar. Sin embargo, su padre quiso que tuviera estudios más completos. Estudió Derecho en Göttingen y Berlín, sin olvidar nunca su procedencia campesina, que defendería durante toda su vida. De hecho, durante unos años prefirió vivir en la finca familiar, para alejarse de la política y la burocracia que había conocido durante su estancia en Berlín.

Desde la comodidad de su hogar escribió ensayos propios de un joven conservador que desconfiaba de los liberales. En 1847 se produjo su salto definitivo a la política, cuando fue elegido diputado del Landtag prusiano (una suerte de parlamento regional). «Bismarck comprendió pronto que la palabra podía ser un arma si se manejaba con sangre fría», dijo el historiador británico Alan John Percivale Taylor.

La famosa revolución de 1848 le marcó, como a tantos jóvenes de una época repleta de cambios. Bismarck no fue militar de carrera, de hecho, desarrolló una importante carrera diplomática como representante ante la Dieta Germánica en Fráncfort y embajador en San Petersburgo y París.

Aunque de carácter tosco, esta etapa le permitió entender el papel que debía jugar la futura Alemania a nivel internacional. El biógrafo Jonathan Steinberg destaca en su libro que «ningún político del siglo XIX dominó con tanto instinto los equilibrios de las grandes potencias», una valoración algo exagerada, pero interesante para comprender la fuerza política del futuro canciller alemán.

De Prusia a la unificación alemana

En septiembre de 1862, el rey Guillermo I, abrumado por la crisis política interna, nombró a Bismarck ministro-presidente. Desde entonces, el prusiano recurrió a la fuerza militar para construir una nueva Alemania unida. En 1864 inició una guerra contra Dinamarca para hacerse con los ducados de Holstein y Schleswig; en 1866 derrotó a Austria en Sadowa; y en 1870 venció a un debilitado Napoleón III en Sedan, poniendo fin a la contienda.

El rey Guillermo I (derecha) se reúne con Otto von Bismarck (izquierda)

Meses después, en enero de 1871, se constituía una nueva Alemania unida: había nacido el Imperio alemán. Bismarck se convirtió en canciller del nuevo estado, centrado en el poder militar y en la creación de un nacionalismo social y cultural, que fraguaron las partituras de El anillo del nibelungo de Wagner y la pintura de Adolf von Menzel, con su cuadro La proclamación del imperio en Versalles, entre otros.

En 1890, Guillermo II exigió al canciller su dimisión; Bismarck aceptó y se retiró a su residencia en Friedrichsruh. Durante estos años aprovechó para escribir sus memorias como una manera de preservar su versión sobre lo que debía seguir siendo Alemania como nación. El artífice de la unificación y modernización germánica murió en julio de 1898, dejando un legado complejo que todavía se estaba constituyendo.