El casco samurái custodiado en la Galería de las Colecciones Reales junto con una reconstrucción 3D
La historia real detrás del apellido «Japón» en España: samuráis, fe y mestizaje en Sevilla
La misión diplomática tenía dos objetivos: impulsar el comercio con la Nueva España de Felipe III y pedir al Papa que enviase más misioneros cristianos a Japón
En España hay en torno a 1.300 personas que se apellidan 'Japón', y 700 de ellas están registradas en Coria del Río (Sevilla).
No es un chiste o un dato aislado, detrás hay una historia que empezó hace más de 400 años, cuando España era un imperio global y Japón una sociedad feudal.
El primer registro que se tiene es de una partida bautismal de 1642 de una vecina de Coria llamada Catalina Japón. Ahora bien, ¿qué historia hay detrás y qué tiene que ver con el país oriental?
Ambos mundos ya se conocían desde el siglo XVI. A la isla nipona habían llegado algunos misioneros españoles y el comercio era habitual en ciertas islas del Pacífico.
Pero Japón estaba inmerso en un proceso de cambio interno que afectaría en pocos años a las relaciones con otras regiones.
Hay que viajar hasta Sendai, conocida como la «ciudad de los árboles», capital actual de la región de Tohoku, al noreste de Japón. En el siglo XVII, el 'daimyo' (cargo similar al de señor feudal) Date Masamune ordenó que se organizase una embajada comercial y religiosa a Occidente con dos objetivos principales: impulsar el comercio con la Nueva España de Felipe III y pedir al Papa que enviase más misioneros cristianos a Japón.
Al mando de esta expedición estaba el samurái Hasekura Tsunenaga, que acompañado del franciscano fray Luis Sotelo y cien japoneses, se embarcó en el San Juan Bautista, una nave de estilo occidental con la que cruzarían mares y océanos.
La embajada comercial llegó a las costas españolas en octubre de 1614. No fue una sorpresa, el duque de Medina Sidonia recibió a Hasekura con todos los honores diplomáticos.
De Japón a Coria del Río por religión
La embajada Keicho no se quedó mucho tiempo en Sevilla, pero sí lo suficiente para que, al menos, unos seis o siete japoneses vestidos con quimono quisieran quedarse en la región mientras su líder, Hasekura viajaba a la corte.
La gran parte de la comitiva viajó a Madrid, donde el rey Felipe III recibió en audiencia a los japoneses, que se alojaron en el Real Alcázar como invitados de honor. Durante la visita, el samurái recibió el bautismo en el monasterio de las Descalzas Reales en febrero de 1615, con el nuevo nombre de Felipe Francisco Hasekura.
No fue por una cuestión política, sino por convicción religiosa. Antes de abandonar Madrid, el japonés trasladó al monarca la intención de mejorar las relaciones comerciales y la necesidad de impulsar las misiones católicas en Japón. Francisco Hasekura prosiguió su viaje diplomático en la ciudad Eterna.
Vestido con su quimono se reunió con el Papa Paulo V y le trasladó la necesidad de enviar más misioneros y la apertura de relaciones en favor de la fe y el comercio.
Aunque la embajada fue un éxito, en Japón empezó un nuevo shogunato liderado por el clan Tokugawa. Esto se tradujo en una fase de restricciones en la que se prohibieron las conversiones y los misioneros cristianos fueron expulsados.
Empezó un largo periodo de dos siglos conocido como sakoku (país cerrado), una política de aislamiento del país que duró hasta 1853. En este contexto, la misión de Hasekura Tsunenaga ya no tenía sentido.
Esto cambió las relaciones entre ambos países, pero la visita diplomática que lideró un samurái permaneció latente en la historia a través del apellido Japón, que le dieron a los descendientes de esos seis japoneses que se quedaron en Coria del Río y se mezclaron con la población local.
Allí, una estatua sirve de recordatorio de que una vez el Japón feudal y la España imperial se encontraron en un mismo espacio.