La tripulación del hidroavión Plus Ultra durante su histórico vuelo
100 años del 'Plus Ultra': los héroes que emularon a Colón cruzando el Atlántico por el cielo
España regaló el hidroavión Plus Ultra a Argentina como muestra de «hermanamiento», pero se puede ver una réplica en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, en Cuatro Vientos
«Salió el 'Plus Ultra' con raudo vuelo / mirando al cielo rumbo a la ciudad del Plata», canta Carlos Gardel en su tango La gloria del águila, dedicado a los cuatro españoles que realizaron el primer vuelo transoceánico entre España y Argentina a bordo del Plus Ultra en 1926. Había pasado poco más de dos décadas desde el primer vuelo de los hermanos Wright, doce segundos que marcaron el inicio de la aviación.
Ya en los felices años veinte despegaron varios proyectos aeronáuticos, como el autogiro de Juan de la Cierva, que triunfó a nivel internacional, pero no en España. Otras iniciativas, estas sí impulsadas por la dictadura de Primo de Rivera, fueron los vuelos a Manila, Guinea y, por supuesto, el del famoso Plus Ultra, del que se cumple su centenario.
Infografía sobre la gesta Plus Ultra creada con la ayuda de NotebookLM
«Desde Palos, el águila vuela / y a Colón, con su gran carabela, / nos recuerda con tal emoción…», sigue el tango, que rememora cómo el 22 de enero de 1926 el hidroavión Dornier Do J Wal despegó desde las aguas que bañan Palos de la Frontera para realizar un vuelo de más de 10.000 kilómetros y 40 horas. Su objetivo: llegar a Buenos Aires a bordo de esta máquina, sin cambiar de avión, por primera vez en la historia. Que la salida se hiciera desde el sur de España fue una decisión tomada por el ministro de Marina, Honorio Cornejo Carvajal, para emular a las antiguas carabelas y naos que salían hacia el Nuevo Mundo.
Aunque la gesta del Plus Ultra había empezado a planificarse años atrás, empezando por la elección de su tripulación. «Franco y Durán, Ruíz de Alda, los geniales, / los tres con Rada, son inmortales», cantó Gardel sobre el comandante de Infantería Ramón Franco Bahamonde, líder de esta misión; Julio Ruiz de Alda, capitán de Artillería (que sustituyó a Mariano Barberán); el piloto de la Armada Juan Manuel Durán, y Pablo Rada, un mecánico excelente.
De izquierda a derecha: Juan Manuel Durán, Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda
Hay que recordar que estaban viviendo los comienzos de la aviación, con las limitaciones que eso suponía, pero contaban con su destreza y una nave bien preparada. Además, para facilitar la orientación en vuelo se utilizó un radiogoniómetro, una especie de GPS de la época que, explicado a grandes rasgos, conectaba con tierra a través de ondas de radio y avisaba al piloto del rumbo a seguir. En cualquier caso, durante la travesía no iban a estar solos: el destructor Alsedo y el crucero Blas de Lezo de la Armada apoyarían al hidroavión desde el mar.
¿Un éxito anunciado?
Compuesto el equipo, con las naves alistadas y tras orar en la iglesia de San Jorge, como hicieron Cristóbal Colón y sus hombres, el Plus Ultra despegó rumbo a las islas Canarias. Después volaron hasta el puerto de Praia, en Cabo Verde, y desde allí pusieron rumbo a Brasil, sobrevolando el Atlántico.
Ahora bien, se enfrentaron a dos problemas: mal tiempo y un peso excesivo. Juan Manuel Durán tuvo que bajarse del hidroavión y embarcó en el Alsedo para aligerar peso; y durante el vuelo los tripulantes tiraron al mar sus equipajes y todo aquello que les permitiera ir más ligeros. Al final llegaron al puerto brasileño de Fernando de Noronha, volaron hasta Pernambuco y siguieron hasta Río de Janeiro.
La imagen captura el momento histórico en que el hidroavión «Plus Ultra» amerizó en Buenos Aires
Debido a las fuertes rachas de viento y el mal tiempo, una de las hélices traseras se paró y tuvieron que seguir con un solo motor, «volando a flor de agua», es decir, a muy baja altura. El mecánico Pablo Rada consiguió arreglar el motor en pleno vuelo, demostrando una gran destreza. En Río les esperaba un recibimiento enorme; tanto es así que, cuando amerizó el Plus Ultra, uno de los botes que venía a recibirles se acercó demasiado y rompió el timón del hidroavión.
Pudieron continuar, como canta el tango: «en Montevideo suenan campanas pregonando la victoria / y en Buenos Aires, la hija querida, / al fin se cubren ahí los valientes ya de gloria», al amerizar el 10 de febrero de 1926. Habían logrado su objetivo con un éxito rotundo. «Una apoteosis para España y sus pilotos», titulaba en su portada de aquel día el diario La Nación. Miles de argentinos recibieron al Plus Ultra y los pilotos se convirtieron en auténticos héroes.