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El teniente coronel Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados durante la investidura de Calvo SoteloFoto: EFE / Edición: El Debate

23F: 45 años del intento de golpe de Estado que puso a prueba la democracia española

«¡Fuego, fuego!» y «¡Al suelo todo el mundo!» irrumpen en el hemiciclo un número elevado de gente armada y con uniforme de la Guardia Civil

Se cumplen 45 años del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Fue un recordatorio tenso pero fugaz de que la democracia es un sistema político y de gobierno frágil, imperfecto, pero que permite una vida en libertad para el individuo. Aquel día, lo que debía ser una sesión parlamentaria normal se convirtió en una prueba para el reciente Estado democrático español.

Aunque muchos lectores seguro que fueron testigos indirectos y lo vivieron, no está de más recordar este hecho, que forma parte de la memoria colectiva reciente. «Subo a esta tribuna solo para confirmar cuanto dije en mi discurso de investidura y en el debate subsiguiente... y para pedir de nuevo a la Cámara el voto de confianza», dijo Leopoldo Calvo-Sotelo minutos antes de la segunda votación de su investidura como presidente del Gobierno, para la que necesitaba una mayoría simple.

Pero todo se interrumpió en torno a las 18.20 horas, cuando, según dejaron por escrito las taquígrafas del Congreso, «tras escucharse en el pasillo algunos disparos y gritos de «¡Fuego, fuego!» y «¡Al suelo todo el mundo!», irrumpe en el hemiciclo un número elevado de gente armada y con uniforme de la Guardia Civil, que se sitúa en lugares estratégicos, amenaza por la fuerza a la Presidencia y, tras un altercado con el vicepresidente primero del Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado, conmina a todos a tirarse al suelo, sonando ráfagas de metralleta. Queda interrumpida la sesión».

Esta misma escena la vivieron algunos periodistas que cubrían la votación, como Rafael González, de la Cadena SER, que describió en directo cómo escuchó «un sonido extraño que no es lógico en esa Cámara... el sonido como de explosión»; observó cómo un letrado intentó impedir el paso a los golpistas «y vi cómo un teniente coronel apuntaba con una pistola al presidente del Congreso», relató. Al igual que él, muchos compañeros de profesión siguieron informando a través de la radio mientras el Congreso permanecía secuestrado y mudo. «¡Silencio! ¡Al suelo todo el mundo!» es la frase tristemente famosa que pronunció Tejero, junto a varios guardias civiles que lo acompañaban.

La noche de los transitores

Una hora después del asalto, en Valencia, el capitán general de la II Región Militar, Jaime Milans del Bosch, se sublevó y sacó los carros de combate por las calles hasta situarlos frente al Ayuntamiento y la Delegación del Gobierno. Mientras, en el hemiciclo, la tensión y el cansancio de unos y otros aumentaban. «Ha sido tenso y duro lo de dentro, pero afortunadamente sereno... aquí se juntan dos personas de distinta ideología hermanadas por un mismo afán: la democracia sigue adelante», relataba una diputada tras la liberación, horas después.

El Congreso de los Diputados rodeado de policías y periodistas en la calle carrera de San Jerónimo tras el golpe de Estado 23 FGTRES

Un testimonio que se sumó al de María Victoria Fernández-España, vicepresidenta del Congreso, que fue una de las primeras en ser liberadas y destacó la «calidad y satisfacción por haber salido mientras mis demás compañeros quedan dentro», y detalló que la habían dejado salir «para poder informar a las familias».

Pero horas antes de la liberación de las mujeres, el golpe había empezado a desmoronarse gracias, en parte, al mensaje que realizó el rey Juan Carlos I, expresando que «la Corona no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución, votada por el pueblo español, determinó».

Hubo que esperar toda la noche y parte de la mañana del 24 de febrero hasta que el resto de los diputados fueron liberados y los golpistas depusieron las armas. Este brevísimo relato forma parte de una historia mucho mayor, llena de detalles y vivencias, que integra esa memoria histórica reciente que no debe ser olvidada si lo que se pretende es conservar este estado de libertad democrática que, con sus defectos, consensuaron todos los españoles hace medio siglo.