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Grabado de un puesto fortificado español en la entrada de NutkaRed Digital de Colecciones de Museos de España

La crisis de Nutka: cuando España y Gran Bretaña estuvieron a punto de ir a la guerra por Vancouver

La desconocida gesta española en el Pacífico Norte, la fundación de Nutka en Canadá que provocó una crisis diplomática entre España y Gran Bretaña

Las flotas fantasmas de Putin no son algo nuevo. En 1789, en lo que hoy es Canadá, se produjo un conflicto diplomático sin precedentes entre la Monarquía Hispánica y Gran Bretaña. La costa norte del Pacífico era un territorio inhóspito que legalmente pertenecía a la Corona española, pero que nunca se había explorado. Este escenario helado fue el que eligieron Rusia y Gran Bretaña para impulsar su comercio, pero la Corona española no iba a permitirlo.

La Monarquía Hispánica emprendió una «inmensa empresa que consistió en desarrollar toda una serie de exploraciones», explica el catedrático Ignacio Ruiz Rodríguez, que llegaron incluso a fundar un asentamiento en Alaska.

Para frenar la presencia rusa y británica en el Pacífico, en 1788 partió desde el puerto de San Blas (Nueva España) una expedición liderada por Esteban José Martínez, que navegó toda la costa del Pacífico hasta alcanzar el mar de Bering, las islas Unalaska y Kodiak, en el archipiélago de las Aleutianas.

Retrato de Esteban José Martínez Fernández y Martínez de la Sierra (ca. 1785)

Tras regresar a puerto, el virrey de Nueva España le encomendó una nueva misión: volver a la costa norte para tomar posesión de aquellas tierras, vigilar la presencia rusa en la zona y entablar relaciones positivas con los pueblos indígenas.

El 5 de mayo de 1789, Martínez tomó posesión de la ensenada de Nutka, en la que había desembarcado tras una larga navegación a bordo de los navíos Princesa y San Carlos, este último capitaneado por Gonzalo López de Haro. Desde ese momento y hasta 1795, aquel territorio era parte de las Californias, y por lo tanto de la Monarquía Hispánica en todos los sentidos. Aquel sería el primer asentamiento en lo que después sería la isla de Vancouver y toda la Columbia Británica.

Pero surgió un problema: al entrar en la «Cala Amistad» (Friendly Cove, en su nombre inglés) los españoles divisaron al Iphigenia Nubiana, un barco con pabellón portugués. Nada raro a simple vista; sin embargo, su capitán, William Douglas, era inglés, al igual que gran parte de su tripulación.

La crisis de Nutka

Esto alertó a Martínez, que ordenó el registro de la embarcación, en la que se encontraron documentos en los que se ordenaba al capitán Douglas que, si se cruzaban con barcos españoles y estos intentaban detenerlo, debía defenderse o capturar al español y llevarlo a Macao. Ante tal descubrimiento, el marino español apresó la nave y a sus tripulantes.

Una vez controlada la zona, los españoles desembarcaron y entablaron buenas relaciones con los indígenas nuu-chah-nulth, y construyeron el fuerte de San Miguel de Nootka, ubicado estratégicamente en la bahía. Tras fortificar el perímetro, colocaron la artillería, levantaron los barracones y un almacén de pólvora.

Fueron testigos de la presión de comerciantes rusos que bajaban desde Siberia y de los británicos, que buscaban «pieles de nutria marina porque generaban beneficios extraordinarios y convertían Nutka en un punto estratégico de una red mercantil transoceánica», afirma el doctor Gonzalo Bellón de Aguilar.

Asentamientos en Nutka, alrededor de 1790

Ya en el verano de 1789, el contingente español de Nutka avistó y apresó otras tres naves británicas por comerciar en territorio español. En junio capturaron el North West America, que regresaba a la bahía de una expedición comercial de pieles, y lo rebautizaron e incorporaron a la flota española para exploraciones de poco calado.

En julio estalló una auténtica crisis diplomática cuando Martínez arrestó a las tripulaciones de dos buques ingleses por comerciar en aguas españolas. La situación se agravó con la detención del Argonaut, capitaneado por James Colnett. Según relatan las crónicas, cuando Martínez recibió a Colnett en la cámara de oficiales del navío Princesa, el capitán inglés se mostró arrogante e incluso agresivo porque insistía en que esas eran aguas británicas.

En cierto momento la discusión subió de tono y Colnett desenvainó su espada y amenazó al capitán español. En respuesta, Martínez ordenó su arresto inmediato, al igual que la incautación de su nave. El destino de los británicos y sus navíos fue el apostadero de San Blas, donde permanecieron recluidos.

El 29 de julio de 1789 llegaron órdenes del virrey de Nueva España, Antonio Flórez Maldonado, para que Martínez y todo el contingente español abandonasen Nutka a finales de año. Los españoles desmantelaron el fuerte, embarcaron las piezas de artillería en el navío Princesa y regresaron al puerto del que habían salido meses atrás.

Cuando la noticia del arresto de Colnett y sus hombres llegó a las cortes de Madrid y Londres, empezó una auténtica guerra diplomática entre ambos países. Pero la historia de la presencia española en Nutka no terminó entonces. El nuevo virrey no estaba dispuesto a ceder unos territorios que pertenecían a la Monarquía Hispánica por derecho. Sí, era una cuestión legal además de moral y por eso la crisis de Nutka se convirtió en una cuestión prioritaria.

Por eso se empezó a organizar una segunda expedición para garantizar la soberanía española de una región que marcó «el principio del fin del imperio español», afirma Bellón. Pero ese es un relato que bien merece ser contado en una próxima entrega.