'Crucifixión', de El Greco
El estudio que podría confirmar un terremoto en el momento de la Crucifixión de Cristo
Aunque se publicó hace 15 años, esta investigación ha empezado a ganar fuerza gracias a las redes sociales
«Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza y entregó su espíritu. En ese momento, la cortina del santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas», recoge san Mateo en su Evangelio.
Si bien la descripción del terremoto se ha interpretado en sentido figurado más que como un hecho histórico-científico, una investigación revela que efectivamente se produjo un seísmo entre el 26 y el 36 d. C. en la región del mar Muerto.
Publicada en 2011 en la revista International Geology Review y llevada a cabo por Jefferson B. Williams, de Supersonic Geophysical, Markus Schwab y Achim Brauer, del Centro de Investigación Alemán de Geociencias, analiza los sedimentos de la zona y concluye que se produjo un terremoto que coincide con los años en los que, según la cronología más aceptada, podría haber sucedido la Crucifixión de Jesús.
Ahora, 15 años después de su publicación, ha adquirido eco mediático a través de las redes sociales, abriendo un intenso debate entre fe y ciencia.
El estudio se centró en muestras recogidas cerca de Ein Gedi, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Jerusalén. Mediante técnicas como la datación por radiocarbono, el equipo pudo identificar al menos dos seísmos relevantes: uno en torno al año 31 a. C. y otro en torno a los años 26 a 36 d. C.
Cuando se produce un terremoto, según indican los investigadores en el estudio, las capas del fondo de un lago o mar se pliegan, se fracturan o presentan otro tipo de alteraciones. Estas deformaciones se convierten en una especie de registro físico del movimiento, permitiendo que puedan estudiarse.
Identificación de eventos sísmicos
Así, uno de los registros sísmicos detectados coincide cronológicamente con el período en el que Poncio Pilato ejerció como prefecto de Roma en Judea, época en la que la mayoría de los estudios históricos sitúan la Pasión y Crucifixión de Cristo.
El equipo también comparó estas señales con otros terremotos registrados en la región y determinó que ninguno coincidía en fuerza o proximidad temporal con las marcas halladas en Ein Gedi. Por lo tanto, el estudio deja tres posibilidades: que el terremoto descrito en Mateo realmente ocurrió, que un terremoto cercano fuera incorporado al relato bíblico o que existiera un terremoto no registrado, pero lo suficientemente fuerte como para dejar huella en los sedimentos.