'La eminencia gris'. Obra de Jean-Léon Gérôme
Picotazos de historia
El origen de «eminencia gris»: el fraile que movía los hilos del poder en la Francia de Richelieu
Los individuos que influyen sobre los gobernantes más allá de lo que representa el cargo que ocupan son conocidos como «eminencia gris» debido a un curioso motivo
Se suele utilizar el término «eminencia gris» para indicar la figura de un asesor o consejero de gran poder e influencia que permanece oculto detrás de una personalidad pública. Hablamos de la verdadera inteligencia detrás de la figura pública, la mente rectora que permanece fuera de los focos.
Los individuos que influyen sobre los gobernantes más allá de lo que representa el cargo que ocupan son conocidos como «eminencia gris» debido a un curioso motivo. Pero, para empezar la explicación, deberemos viajar hasta la corte francesa de principios del siglo XVII.
Jean du Plessis de Richelieu (1585-1642) inicialmente estaba destinado, como tercer vástago varón de la familia, a la carrera de las armas. Para cumplir con tal destino recibió una educación adecuada en la que no faltaron las lecciones de baile, esgrima y equitación. Se le inscribió en la academia ecuestre de Monsieur de Pluvinel y llevó la vida que se esperaba de un joven aspirante a oficial del ejército de Su Cristianísima Majestad.
En 1599 conoció a un compañero de estudios llamado François Leclerc du Tremblay y entre los dos se forjaría una profunda y firme amistad. El joven François acabó renunciando a la gloria militar y a las pompas mundanas, abrazando la espiritualidad y la pobreza del hábito de los frailes capuchinos.
El cardenal Richelieu y, en segundo plano, el padre José, en el asedio a La Rochelle, de Henri Motte
Unos pocos años después, el joven du Plessis, que estaba convaleciente de una inoportuna gonorrea, recibe cartas de su familia por las que se le informa de que debe abandonar inmediatamente la vida militar y prepararse para tomar los votos religiosos. Y es que resulta que la familia recibe los beneficios del obispado de Luçon, cedidos a su familia por el rey Enrique III. Ahora es necesario que Jean se haga sacerdote para poder ser nombrado obispo de la ciudad y seguir disfrutando de las rentas. Así de pragmáticos eran en su familia.
Jean recibió las órdenes sagradas; estudió y se doctoró en Teología por la Universidad de la Sorbona de París. A pesar de la prohibición en vigor referente al nombramiento de obispos menores de veintiséis años de edad, fue confirmado en su cargo el 17 de abril de 1607 en Roma. Obviamente, había mentido descaradamente, ya que entonces contaba con tan solo veintiún años. Se cuenta que se sinceró con el Pontífice Pablo V durante una audiencia y que este afirmó: «¡Si vive lo suficiente, será un cumplido sinvergüenza!».
Ya como obispo de Luçon, se reencontrará con su amigo François Leclerc du Tremblay, ahora vistiendo el grisáceo hábito de los miembros de la orden de los Hermanos Menores Capuchinos (una de las ramas de la familia de la orden franciscana). El fraile, que ha tomado el nombre de fray José o padre José, ha estado ejerciendo de profesor de filosofía en el convento de la Rue de Saint-Honoré de París hasta que una afección en la vista le ha obligado a dejar su cargo. Será entonces —año de 1612— cuando empezará a trabajar para su antiguo compañero y amigo.
Retrato de François Le Clerc du Tremblay (Padre José)
El obispo Richelieu, acompañado siempre del padre José, iniciará una carrera política esplendente. Obispo en 1606, diputado en los Estados Generales (1614), gran limosnero de la infanta doña Ana de Austria (esposa de Luis XIII, madre de Luis XIV e hija de Felipe III de España), secretario de Asuntos Exteriores y miembro del Real Consejo (1616). En 1619 consigue la reconciliación entre la regente María de Médicis y su hijo Luis XIII, pero será apartado, temporalmente, de la política.
Siempre acompañado de su discreto fraile y amigo, Richelieu volverá al Real Consejo y en 1622 será elevado al cardenalato. Hasta su muerte, el cardenal será el verdadero gobernante de Francia. Luis XIII hará lo que le dicta su primer ministro. Tal será su poder que los cortesanos y diplomáticos le llamarán «la eminencia roja», haciendo referencia al poder que acumula, su tratamiento eclesiástico, el color de sus ropas de cardenal y su brillante inteligencia.
Será, también, por todo lo anteriormente explicado, que el padre José será conocido en la corte como «la eminencia gris», como el poder detrás de la gigantesca figura del primer ministro de Francia: cardenal Richelieu, duque de Richelieu y de Fronsac.
Hay un cuadro magnífico, pintado por el gran artista Jean-Léon Gérôme (1824-1904), titulado precisamente La eminencia gris y que pueden contemplar en el Museo de Bellas Artes de Boston (EE.UU.). En el lienzo podemos contemplar la figura del padre José, vistiendo el gris hábito de su orden, completamente enfrascado en la lectura de un libro, mientras desciende la escalera de honor de lo que hoy es el Palacio Real del Louvre —entonces Palacio Cardenalicio y legado que dejó el cardenal Richelieu al rey Luis XIII—, decorado con un repostero donde lucen las armas del cardenal.
El padre José es mostrado completamente ajeno al grupo de cortesanos y prelados que acuden a solicitar mercedes y prebendas al poderoso primer ministro de Francia. Estos solicitantes —polillas que vuelan hacia la luz del poder— se muestran humildes y obsequiosos ante quien reconocen como la gran influencia detrás del primer ministro. El poder en la sombra. La eminencia gris.
'La eminencia gris'. Obra de Jean-Léon Gérôme
El padre José, además de su labor como consejero y diplomático, creó una notablemente eficiente red de informantes (lo que hoy denominamos «inteligencia»), aprovechando su influencia y contactos dentro de la orden de los capuchinos. Esta compleja y muy eficiente estructura la puso al servicio del cardenal, quien era la persona mejor informada del reino.
En la primavera de 1638, el fraile sufrió un derrame cerebral del que quedó muy afectado. En diciembre del siguiente año se repitió el accidente cerebrovascular con consecuencias mortales. El buen fraile siempre llevó una vida austera, destacando la sobria figura del capuchino entre el esplendor y lujo de los palacios y la corte de Francia. Este contraste le hacía parecer aún más siniestro y es el motivo de la connotación que hay detrás del término «eminencia gris».