Fundado en 1910
Laënnec ausculta a un paciente, grabado, s. XIX

Laënnec ausculta a un paciente, grabado, s. XIXScience Museum

Picotazos de historia

El origen del estetoscopio, el invento que nació de un juego de niños

La observación de un juego infantil basado en la transmisión del sonido inspiró a René Laennec a crear el estetoscopio, una herramienta clave en la exploración médica moderna

Cualquiera de nosotros puede dar fe de lo perturbadoramente extraño que nos parecen a los legos ciertos rituales y prácticas de los médicos, unas veces próximos y humanos, otras distantes efigies que parecen contemplarnos con severidad. Pues bien, estos profesionales, después de un breve interrogatorio, proceden a realizar unos extraños rituales para los cuales utilizan unos objetos que hoy tenemos indefectiblemente asociados a la figura del médico.

Habrán intuido que les estaba hablando del estetoscopio y también de esa irritante manía que tienen de darnos golpecitos con la punta de los dedos —tac, tac, tac— en el pecho u otro lugar; pues bien, vamos a empezar con esta última.

Una de las partes del examen clínico —junto con la inspección, la palpación y la auscultación— es la denominada percusión. Esta técnica de análisis consiste en la comprobación del tono del sonido que producen unos golpes suaves, dados con la punta de los dedos, sobre diferentes partes del cuerpo del paciente.

Esta curiosa forma de exploración clínica, que todos hemos experimentado a manos del galeno de turno, tiene su origen en la observación de un médico austriaco llamado Leopold Auenbrugger (1722-1809).

Leopold von Auenbrugger

Leopold von Auenbrugger

El padre de Leopold era propietario de una conocida posada de la ciudad de Graz. En la bodega de la posada se almacenaban las barricas que contenían los mejores caldos de la zona y otros especialmente importados para el local y disfrute de sus clientes. Para calcular la cantidad de vino que quedaba en el interior de las barricas se solía golpear suavemente, prestando mucha atención al tono del sonido que producían los golpes en el interior. El tono del sonido indicaba el nivel de líquido dentro del barril. Esta técnica era conocida y muy utilizada por todos los vinicultores de Austria y Alemania.

Pues bien, el joven Leopold pensó que esta técnica podía aplicarse sobre el cuerpo del ser humano para detectar los signos de determinadas enfermedades. Lo puso en práctica, reunió todas las notas y resultados de las pruebas realizadas y las publicó en 1761 bajo el título Nuevo invento para detectar los síntomas de enfermedades torácicas mediante la percusión.

Como dato curioso, en el momento de publicarlo Leopold trabajaba en el Hospital Mercedario de los Españoles, una institución creada para atender al gran número de exiliados españoles que vivían en Viena debido a que habían dado su fidelidad al pretendiente austriaco durante la guerra de Sucesión a la Corona española (1701-1715).

Leopold Auenbrugger y su esposa Marianne

Leopold von Auenbrugger y su esposa Marianne

Volviendo al tema, los estudios de Leopold le confirieron premios y dignidades. Fue ennoblecido, por lo que decidió sustituir su apellido por un más sonoro von Auenbrugger, pero sus trabajos cayeron en el olvido hasta que fueron rescatados y desempolvados por Jean Nicolas Corvisart, el médico personal de Napoleón. Desde entonces es una técnica y parte obligatoria del examen clínico.

El otro punto del que quería hablarles a ustedes, y que está relacionado con la percusión, es el de la auscultación. Esta es una técnica para la valoración de los sonidos, normales o patológicos, que producen nuestros órganos, principalmente los pulmones y el corazón.

El doctor René Théophile Laennec (1781-1826) había estudiado medicina bajo la supervisión del propio Nicolas Corvisart. Se licenció en 1802 y consiguió el doctorado en 1804 con los máximos honores. Durante sus estudios también alcanzó varios importantes premios y distinciones.

En 1816 fue nombrado doctor titular del Hospital Necker para niños de París, en donde se dedicó al estudio de las enfermedades pulmonares. Un día, mientras caminaba camino del hospital, se fijó en un grupo de chiquillos que jugaban con unos escombros tirados próximos al Louvre.

René Théophile Laennec

René Théophile Laennec

La mayoría de los niños estaban en un extremo de una viga con sus orejas pegadas a la madera; en el otro extremo, un niño rascaba la viga utilizando para ello un alfiler. Los niños parecían sorprendidos y felices al comprobar cómo podían escuchar el sonido del alfiler rascando la madera en el otro extremo de la viga.

Laennec quedó fascinado. El juego de los niños le había dado una posible forma de examinar a sus pacientes. Y es que la auscultación para escuchar la respiración sería un procedimiento que él mismo desarrollaría.

Laennec puso en práctica su nueva técnica de examinar a los pacientes, pero ahí no acabaron los problemas; muy al contrario. Laennec era una persona muy pudorosa, bastante tímida y, con respecto al trato con las mujeres, lo antes mencionado elévenlo ustedes a la enésima potencia.

El pobre René se sentía cohibido y turbado al sentir la carne del cuerpo del paciente al pegar su oreja para llevar a cabo la auscultación, pero si este resultaba ser una mujer se ponía malo de vergüenza y turbación.

De la auscultación mediata... Dibujos del estetoscopio y los pulmones.

De la auscultación mediata... Dibujos del estetoscopio y los pulmones.

Un día estaba pensando en este problema y dábale vueltas a la cabeza sobre cómo solucionar este grave —para él— inconveniente. Pensando en los niños que vio jugando, decidió enrollar un cartón, que tenía sobre la mesa de su despacho, dándole forma de cono y comprobar si podía transmitir el sonido, pero evitando el turbador contacto físico. ¡Milagro! La primera prueba con el cono de cartón probó que no solo transmitía el sonido, sino que lo amplificaba, de manera que podían escucharse con mayor nitidez los ruidos que producían los pulmones y el corazón. Había inventado el estetoscopio, nombre que él mismo le dio.

Ya ven ustedes. La próxima vez que tengan necesidad de ir al médico —y mi más sincero y ferviente deseo de que el motivo sea benigno— y este empiece a realizar los mencionados oscuros y extraños rituales, ya saben ustedes que esos son el resultado de la observación y el ingenio de alguien que aprendió de pequeño a calcular cuánto vino había dentro de una barrica y de un maniático pudoroso que tenía miedo de las mujeres.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas