Fundado en 1910

Galeón español 'Espíritu Santo'AFP

El galeón español que revive en Manila la ruta comercial que unió tres continentes durante 250 años

El museo construido en torno al buque Espíritu Santo, aspira a relatar 250 años de historia de esa vía comercial desde una mirada centrada en los filipinos que levantaron y tripularon aquellas enormes embarcaciones

Una reproducción a escala real de un galeón español preside la bahía de Manila como eje de un nuevo museo llamado a sumergir al visitante en el siglo XVII, una época en la que marineros filipinos, muchos de ellos reclutados de manera forzosa, participaron en el impulso de la primera gran etapa de globalización.

Filipinas, archipiélago asiático que permaneció bajo dominio español durante más de tres siglos, entre 1565 y 1898, estuvo unida durante buena parte de ese periodo a una intensa ruta transoceánica con el puerto mexicano de Acapulco. A través de ese corredor circularon mercancías, riquezas y objetos de lujo, pero también ideas, costumbres, enfermedades, alimentos, creencias religiosas y formas culturales que dejaron una huella profunda en la identidad filipina.

Los historiadores subrayan, no obstante, que aquel intercambio tuvo un coste humano muy elevado. El Museo del Galeón, construido en torno al buque Espíritu Santo, aspira a relatar 250 años de historia de esa vía comercial desde una mirada centrada en los filipinos que levantaron y tripularon aquellas enormes embarcaciones.

«Esta es una tierra con una gran tradición marítima, pero a menudo bajo condiciones inhumanas y degradantes», explicó a la AFP el director del centro, Manuel Quezon. El responsable del museo insistió en que ese aspecto no quedará fuera del relato histórico: «Es una historia que no dudamos en contar».

El Espíritu Santo fue construido en 1603 con mano de obra forzada. Formó parte de los 181 barcos que efectuaron centenares de travesías entre Manila y México desde 1565 hasta 1815, cuando las islas eran administradas desde el virreinato novohispano. Las condiciones a bordo y en los trabajos previos eran tan extremas que, según los expertos, uno de cada tres tripulantes podía morir durante la expedición.

Francis Navarro, jefe de archivos de la Universidad Ateneo de Manila, resumió la trascendencia de aquella ruta al señalar que «Fue el primer comercio global, conectando tres continentes».

Durante tres meses de navegación hacia el oeste por el Pacífico, los galeones llevaban monedas de plata procedentes de las colonias americanas de España hasta Filipinas. Allí, esa plata se cambiaba por productos de lujo llegados de China, como seda, porcelana y jade. Entre ellos figuraba también el célebre mantón de Manila, una prenda que acabaría convertida en símbolo de la cultura española.

El trayecto de retorno podía prolongarse hasta un año. Después, la carga atravesaba México a lomos de mulas antes de continuar rumbo a España, cerrando así un circuito comercial que enlazaba el Viejo y el Nuevo Mundo.

Pero los galeones no transportaban únicamente plata hacia Filipinas. También llevaron elementos que, en palabras de Quezon, «nos hicieron quienes somos». Esa herencia cultural, lingüística y religiosa sigue siendo perceptible, aunque su origen estuvo ligado a una estructura colonial que alteró de forma severa el entorno natural y la vida de numerosas comunidades locales.

La construcción de las naves provocó la tala masiva de bosques y desorganizó poblaciones enteras. Los hombres aptos eran obligados a prestar 40 días de servicio sin remuneración para cortar árboles y fabricar barcos bajo supervisión española. Otros eran reclutados para servir como marineros durante periodos que podían alcanzar los diez años.

Personas visitando el Galeón 'Espíritu Santo', una réplica a escala real de un galeón del siglo XVII, expuesta en el Museo del Galeón de ManilaAFP

En el interior de embarcaciones saturadas por cargamentos de alto valor, los tripulantes sobrevivían con una alimentación muy precaria, lo que favorecía la aparición de enfermedades graves. Quezon precisó que «Había una tasa de mortalidad asombrosa de alrededor del 30% por viaje». Navarro añadió que en algunas zonas donde se construían los galeones llegaron a producirse rebeliones sangrientas.

Aquel comercio intercontinental terminó únicamente con la lucha de México por independizarse de España. Su legado quedó también disperso en el fondo de distintos mares, donde decenas de embarcaciones naufragadas han dado lugar a disputas internacionales sobre la propiedad de sus restos y tesoros.

A finales de 2025, Colombia mostró los primeros objetos recuperados del galeón San José, hundido en el siglo XVIII con un tesoro de valor incalculable que España y una comunidad indígena boliviana reclamaban como propio.

En Filipinas, catorce años después de que el proyecto fuera concebido, el museo abrirá sus puertas el 1 de mayo. Los visitantes podrán recorrer las cubiertas del Espíritu Santo dentro de una instalación envolvente con una enorme pantalla led que recreará cielos nocturnos estrellados. En el interior se exhibirán objetos vinculados a aquellos viajes, incluida una parte de una tumba china que fue utilizada como contrapeso en la bodega del buque original.

Una réplica a tamaño real de un galeón español contempla la bahía de Manila, pieza central de un museo que transportará a los visitantes al siglo XVIIAFP

Durante una visita previa a la inauguración, Quezon explicó el propósito pedagógico del centro: «Con este museo rellenamos vacíos». A continuación, añadió: «Queremos que el niño que entre aquí se dé cuenta de que muchas de las cosas que da por sentadas tienen historias absolutamente fascinantes detrás».

La financiación del museo, valorado en unos 16,5 millones de dólares, llegó de algunas de las familias más acaudaladas de Filipinas, después de que no prosperaran los intentos de conseguir respaldo del Gobierno ni de un multimillonario mexicano.

El Espíritu Santo constituye una obra notable de ingeniería contemporánea, aunque nunca navegará. Al comienzo del proyecto, Quezon, historiador y nieto de un expresidente, descubrió con decepción que las especies de madera dura y resistente al agua empleadas en los antiguos galeones ya habían desaparecido. Según detalló, un buque de madera del tamaño del Espíritu Santo habría exigido la tala de 800 árboles, que hoy solo podrían hallarse en bosques de Birmania.

Por esa razón, aunque la réplica mantiene con fidelidad el diseño y las dimensiones de la nave original, ha sido levantada con fibra de vidrio y otros materiales sintéticos.