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Tratado de Cambray

Picotazos de historia

La boda política de Margarita de Austria que inspiró el Breviario de Isabel la Católica

La boda pactada entre Margarita de Austria y el príncipe don Juan fue mucho más que un enlace dinástico: selló una alianza contra Francia y dio pie al encargo de uno de los manuscritos más bellos vinculados a Isabel la Católica

Margarita de Austria (1480-1530) fue un peón político desde el mismo momento de su nacimiento. Su madre, María de Borgoña, fallece en Brujas cuando Margarita apenas tiene dos años de vida. Tres años antes de que naciera la niña, durante la batalla de Nancy (1477), Carlos el Temerario, duque de Borgoña, encontró la muerte. Ahora, con el fallecimiento de María, duquesa de Borgoña, la niña Margarita pasa a ser una presa apetecible para todos los depredadores políticos.

Luis XII y Maximiliano de Habsburgo, quien todavía no es emperador ni rey de los romanos, acuerdan por el Tratado de Arrás (1483) el matrimonio entre Margarita y el delfín de Francia, futuro Carlos VIII. Margarita fue entregada a Francia para su crianza y educación, y con este fin se le creó casa y corte en el castillo de Amboise. Maximiliano entregó como garantía y dote de la niña el condado de Artois, con la excepción de las ciudades de Lille, Douai y Orchies, y los señoríos de Mâcon, Auxerre y Salins.

Margarita de Austria

Margarita pasó diez años en la corte francesa. El delfín, ahora Carlos VIII tras el fallecimiento de su padre, nunca llegó a consumar el matrimonio. Las circunstancias han cambiado y Carlos encuentra a Ana, duquesa de Bretaña, mucho más apetecible en lo político y en lo demás. Ordena a la niña que empaquete sus cosas y la manda de vuelta a su padre.

El insulto es triple. No solo repudia a la pobre Margarita, también se queda con los territorios entregados como garantía y dote. Para rematar la faena, resulta que la duquesa de Bretaña estaba prometida al propio Maximiliano, a quien le han levantado a la novia. No tiene nada de extraño que este reaccione declarando la guerra a Carlos VIII.

Mientras, más allá por el sur, se está desarrollando una partida diferente por motivos distintos. Francia y Aragón están a la gresca por el reino de Nápoles desde las Vísperas Sicilianas (1382), cuando la población de la isla escabechinó a los franceses permitiendo la consolidación de la Casa de Aragón en Sicilia. Ahora asalta la península para reclamar la corona de Nápoles. El rey Fernando de Aragón busca alianzas políticas con el objeto de rodear a Francia de enemigos. En 1484 encargó que se tanteara la voluntad de Maximiliano en relación con una alianza matrimonial.

Con el imprudente proceder del rey de Francia cambia la situación del tablero político. Fernando de Aragón aprovecha la ventaja de haber tenido conversaciones previas y ofertas de posibles matrimonios. Ahora, junto con las ventajas económicas y políticas, los matrimonios sellan alianzas contra un común enemigo: Francia.

En la misión diplomática destacará Pedro Mártir de Anglería y muy especialmente el embajador Francisco de Rojas y Escobar. Con inteligencia y un enorme tesón consiguieron superar la ligereza y sentimiento pro francés del archiduque Felipe, los bandazos y cambios de opinión de su padre Maximiliano, las tumultuosas y frecuentes discordias entre padre e hijo y el Tratado de Barcelona. Este era un acuerdo firmado con Francia por Fernando el Católico, en 1493, por el cual Castilla y Aragón no podrían formar alianzas matrimoniales con Borgoña ni Inglaterra sin contar con el permiso de Francia.

Capitulaciones para la doble boda de Don Felipe con Doña Juana y Don Juan con Doña MargaritaArchivo General de Simancas

El que sería conocido como el Acuerdo de la Doble Boda —así consta en documentos firmados en Amberes el 20 de enero de 1495, de los que existe copia en el Archivo General de Simancas y en el de la Casa de Alba— concertaba el doble matrimonio de don Juan, príncipe de Asturias y Gerona, con la archiduquesa Margarita, y del archiduque Felipe, duque de Borgoña, con la infanta doña Juana. El 10 de febrero se llevaron a cabo los desposorios por poderes. Representaba al príncipe don Juan el embajador Francisco de Rojas, quien tuvo que representar la ceremonia de acostarse en el mismo lecho que la novia.

Uno de los puntos acordados en el Acuerdo fue que ninguna de las novias aportara dote y que, para que esto no fuera en perjuicio de ellas, cada país que las acogiera las dotara con una renta anual de 20.000 ducados. Castilla cumpliría el acuerdo entregando las rentas vitalicias de la ciudad de Andújar a Margarita. Maximiliano rateó en este asunto, lo que fue motivo de discordia.

Dejo el viaje y el destino de Margarita para otro artículo, que prometo presentarles pronto, y quisiera cerrar este narrándoles un suceso secundario, pero no baladí.

Don Francisco de Rojas estaba muy complacido por cómo se habían desarrollado los acuerdos que tanto luchó por sacar adelante. Como cortesano y diplomático, vio la manera de rematar su brillante labor haciendo un espléndido regalo a su reina, que siempre recordara este gran triunfo suyo. Con tal motivo, encargó a los mejores artesanos que había en Flandes y Borgoña que crearan, con las mejores vitelas y más brillantes colores, un rico breviario que regalaría a doña Isabel.

Así como era común el uso de libros de horas para las devociones personales, los breviarios quedaban para miembros del clero o de las órdenes religiosas. Algunas personas de muy alta categoría y profunda devoción pensaban que el breviario se adecuaba más a sus devociones que los libros de horas, relegados para personas más mundanas. Normalmente solían ser personas a las que no convenía llevar la contraria. Pues bien, doña Isabel era una de ellas. Tenía al menos veinte breviarios, según consta en el inventario realizado por la historiadora Elisa Ruiz García en 2004. Todos ellos ricamente decorados.

El Museo Británico conserva el original de ese códice medievalEFE

El breviario que encargó Francisco de Rojas y en el que ladinamente aparecen sus armas como recordatorio de la identidad del donante contiene 523 folios de 23 por 16 centímetros. Todos hechos con la mejor vitela y no con tosco pergamino. El manuscrito está decorado con 170 miniaturas realizadas con gran arte y precisión; 44 de ellas ocupan la página entera. Está considerado como uno de los más bellos y lujosamente decorados que se conservan hoy en día.

El breviario permaneció en poder de la Corona, pasando de un monarca a otro. Con la construcción de la gran fábrica de El Escorial, el rey Felipe II depositó el breviario en la biblioteca cuando esta se constituyó. Allí permaneció hasta que fue robado durante la invasión francesa.

El Breviario de la reina Isabel viajó hasta Londres y aparece en 1815 entre los inventarios de las propiedades de un coleccionista británico llamado John Dent, que acaba de fallecer y cuyas posesiones se ponen en almoneda. El Breviario pasaría por diferentes propietarios, todos ellos ya bien documentados, hasta que en 1851 fue adquirido por el British Museum, que pagó 3.000 libras esterlinas.

El Breviario de Isabel la Católica, creado para conmemorar la doble boda por encargo del embajador Francisco de Rojas, lo pueden admirar hoy en esta institución británica. Muy lejos de donde debería estar.