El pintor Willem Geets imagina un espectáculo de marionetas en la corte de Margarita; el futuro Carlos V se sienta junto a ella
Picotazos de historia
La archiduquesa que sobrevivió a un naufragio y educó al futuro Carlos V
Margarita de Austria llegó a España para casarse con el príncipe Juan, heredero de los Reyes Católicos, tras una travesía marcada por temporales, miedo al naufragio y una célebre muestra de ingenio ante la muerte
Hoy, con su beneplácito, les contaré cómo fue el viaje que realizó a España doña Margarita de Austria para contraer matrimonio con el príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos. Este era un matrimonio doble o cruzado, caracterizado por el enlace de dos hijos de cada familia, entre ellos el heredero, para vincular de manera más fuerte el enlace político y familiar entre ambas familias.
La flota que había transportado a la infanta doña Juana hasta Amberes pasó un muy crudo invierno y su gente sufrió gran mortandad —algunos hablan de hasta 9.000 muertos— debido a lo extremo de las temperaturas, a la falta de bastimentos y a la desatención que sufrieron de parte de los flamencos. Los informes del armador bilbaíno Juan de Arbolancha, pagador y veedor de la flota, que actualmente se conservan en el archivo de Simancas, recogen los gastos de los entierros de los fallecidos.
En febrero de 1497 embarcó la archiduquesa Margarita acompañada por un numeroso séquito. Tres de los miembros del cortejo dejarían testimonio escrito de las dificultades de la travesía: Jean Molinet, Jean Lemaire des Belges y Jean de Bourbon. Partió la flota desde el puerto de Flesinga el día 27 de febrero y dejaron que los vientos los condujeran hasta el puerto inglés de Southampton.
La flota permaneció en el puerto inglés abasteciéndose de lo necesario. Por cierto, que el almirante de Castilla, don Fadrique Enríquez, que se encontraba al mando de la flota, tuvo que vender un importante collar de oro que era de su propiedad, así como varias piezas de plata, para ayudar a pagar los gastos de la provisión.
Cuentan los mismos cronistas que largó amarras la flota el domingo por la mañana. Viajaba la señora doña Margarita en la nao Santa María acompañada por el almirante. La mar estuvo tan embravecida que tuvo que volver la flota al puerto. A bordo estaba una muy mareada doña Margarita, a la que habían subido a la cofa de un mástil para así facilitar su rescate en caso de naufragio. Acompañaba a la señora una de sus damas, cuyo deber debió de parecerle demasiado pesado.
Dos días duró la tormenta y el martes amaneció despejado, por lo que se dio orden de partir. Sufrieron algo de viento, pero la navegación fue buena hasta «que llegaron a los mares de España», lo que correspondería con el golfo de Vizcaya. Desde este punto, la mar empezó a ponerse más y más violenta, arreciando los vientos. Tanto que los obligaron a navegar hacia el oeste cuando estaban a la altura del puerto de Laredo, no pudiendo retomar el rumbo hasta que no amainó la tormenta.
Margarita de Austria
Jean Lemaire des Belges, en su Corona margaritica, menciona el viaje y los peligros que pasaron desde el optimista prisma de quien los ha superado y, pasado el tiempo, los ve con humor. Es este autor quien menciona la más célebre anécdota de la archiduquesa en relación con este viaje.
Llevaban una dura travesía y la princesa y sus damas se encontraban más que baqueteadas por unos rigores a los que no estaban acostumbradas. En este punto, empezaron a desarrollar un cierto humor negro entre ellas y bromeaban acerca de cuál debería ser el epitafio de cada una, para que así pudieran reconocer el cadáver tras el naufragio.
Durante la tormenta que alejó a las naves en dirección a Finisterre, el almirante temió por la vida de su importante pasajera. Tan desesperada debió de ver la situación que dio orden de que la trasladaran a un esquife, acompañada por su aya y un marinero para manejar el bote, por considerarlo más seguro.
La joven señora, que debía de sentir que su final estaba cerca, escribió en un trozo de pergamino, que luego se ató a la muñeca, un ingenioso epitafio que, traducido al español, sería: «Aquí yace Margarita. ¡Infeliz ella! Pues dos veces fue casada y murió doncella».
Sea cierto o no, refleja la mujer culta, ingeniosa y prudente que más tarde gobernaría con acierto los Países Bajos. Por fin, el 8 de marzo arribaron al puerto de Santander. Allí los fue a recibir el condestable de Castilla, don Bernardino Fernández de Velasco, primer duque de Frías, acompañado de un espléndido séquito, con orden de darle escolta hasta Burgos.
Se adelantaron el rey Fernando el Católico y el príncipe Juan; quedó doña Isabel en Burgos organizándolo todo. Se encontraron con la prometida del príncipe en la localidad de Teranzo (Cantabria), en cuya ermita de Santa Cecilia, de la pequeña población de Villasenil, se llevaron a cabo los esponsales.
Posteriormente, ya en Burgos, se realizaría una posterior ceremonia con mucho más boato, que se celebró en la Casa del Cordón, propiedad del duque de Frías. La ceremonia tuvo lugar el Domingo de Ramos y después se hicieron las velaciones. Seis meses después de la boda falleció el príncipe Juan; la leyenda popular nos cuenta que fue «por amores».
Lo cierto es que falleció en Salamanca a consecuencia de unas fiebres tercianas (fiebres palúdicas), en el mes de octubre y cuando estaba de camino a Portugal para asistir al matrimonio de su hermana Isabel con el rey Manuel I de ese reino. Aprovechaba el viaje para tomar posesión del señorío de Salamanca, que, junto con otras villas y ciudades, sus padres le habían entregado después de su boda. Nada más llegar, le entró un tembleque que pronto acabó con su frágil salud.
Margarita, quien hacía poco había confiado a su suegra que se encontraba en estado de buena esperanza, recibió un golpe brutal. La muerte del príncipe —«la esperanza de España», fue llamado— terminaba con el linaje de los Trastámara. Los Reyes Católicos enjugaron lágrimas mientras veían crecer esperanzados el vientre de Margarita. Margarita dio a luz una niña muerta.
Destrozados por el dolor, tanto Isabel como Fernando se volcaron en atenciones con la desconsolada Margarita. Pero era una archiduquesa de Austria y un importante peón que podía seguir usándose en el tablero político de Europa. En 1499 abandonó Castilla camino de la Borgoña y Flandes. Allí sería madrina del segundo hijo de su cuñada Juana y el primero de los varones que tuvo: el futuro emperador Carlos V.
Carlos V , de dos años, entre sus hermanas Leonor e Isabel en 1502, pocos años antes de que Margarita, su tía, se hiciera cargo de su crianza
En 1501 arreglaron un tercer matrimonio para Margarita; esta vez sería con el duque Filiberto II de Saboya, a quien la historia ha llamado el Hermoso o el Bueno. Un tipo estupendo que estaba tiernamente enamorado de Margarita. Mala suerte que, estando con un resfriado, se emperró en participar en una cacería. Cogió más frío, se destempló. El resfriado pasó a neumonía y el 10 de septiembre de 1504 falleció a los veinticuatro años.
Margarita volvió a los Países Bajos y, tras la muerte de su hermano Felipe, su padre, el emperador Maximiliano, le ofreció la gobernación de las diecisiete provincias que componían el territorio. Margarita aceptó e, instalada en Malinas, donde residiría hasta su muerte, gobernó al tiempo que criaba y educaba a su sobrino y ahijado Carlos.